Compartir Nº 141
Ateo cubano convertido a Cristo
VLADIMIRO ROCA fue hijo de Blas Roca, fundador del partido comunista
de Cuba, que le puso a su hijo el nombre de Vladimiro por su
admiración por Vladimir Illitch Lenin. Él nos cuenta su conversión:
Trabajaba en el comité estatal de colaboración económica y tuve acceso
a escritos que llegaban de la Unión soviética sobre el glasnost y la
perestroika. Allí se hablaba claramente de la violencia, que se había
producido en Rusia desde que Lenin tomó el poder. Entonces, me di
cuenta de que se nos decía una cosa y hacían otra. Esto me llevó a
analizar la situación cubana y me empecé a sentir mal. Me di cuenta de
los métodos que se usan para controlar a la gente y cómo se ejerce la
violencia.
Así empezó una lucha muy fuerte dentro de mí. Vi que tenía que buscar
un camino, pues aquello debía tener una solución… En esos días, trabé
amistad con un católico, que venía a mi casa y me hablaba de Dios. Un
día me dijo que fuera con él a la parroquia santa Rita… Estuve tres
horas hablando con Monseñor Carlos Manuel de Céspedes. Después tuve un
encuentro con Monseñor Jaime Ortega, antes de que fuera cardenal. Y
así me fui dando cuenta, a la luz de la lectura de la Biblia y con
mucha oración, de que Dios estaba conmigo y nunca me había abandonado.
Y empecé a ir a la iglesia para prepararme para hacer la comunión,
pero antes debía recibir el bautismo.
Para estas fechas ya me habían despedido del trabajo en 1992 por mi
manera diferente de pensar. En 1997 fui encarcelado con tres
compañeros (Marta Beatriz Roque, Felix Bonne y René Gómez) por pedir
democracia para Cuba y haber criticado al partido comunista… En la
cárcel seguí orando y me bauticé. Fue una ceremonia sencilla, pero muy
emocionante. Allí, la experiencia constante de Dios me permitió
soportar el tiempo de prisión. La celda era de 1,50 m. de ancho por
1,86 de largo. Me levantaba temprano y hacía mis oraciones. Leía las
lecturas de la Biblia de ese día y, cada vez que me sentía deprimido,
leía la Pasión del Señor. Fue una experiencia que me ha permitido
reconciliarme en un medio violento. He podido vivir en paz con los
presos y con las autoridades. Ahora sé que Cristo es el único camino y
quien me impulsa a buscar la reconciliación a través del amor.
Nuestro cuerpo: maravilla de perfección
El oído también es una maravilla de perfección. Un detalle curioso es
que el camino del sonido, desde la oreja o pabellón exterior hasta los
tímpanos, se halla protegido por una cera amarilla de sabor amargo,
para ahuyentar de manera eficaz a los insectos, que quisieran penetrar
en el interior. En el oído medio hay una cadena de huesecillos. El
primero de ellos es el martillo, que apoya su mango en la parte
interior del tímpano, golpeando a cada movimiento de éste el yunque,
que pone en vibración el estribo. Estos huesecillos hacen el papel de
palanca, es decir, acrecientan la fuerza y el valor de los movimientos
del tímpano al traspasarlos al interior. El huesecillo, llamado
martillo, cumple además la función de amortiguador y acomodador del
tímpano de acuerdo a la intensidad del sonido. En el oído interno, el
llamado caracol, es como un piano-arpa con más de 10.500 teclas. Y, en
cada tecla, hay una cuerda sensible, un hilo finísimo del nervio
acústico, que lleva su vibración al cerebro, donde producirá la
sensación auditiva. Como vemos, toda una maravilla. Ángel Peña.
Una luz roja titilante
En una misión de África del Sur, una tarde conversaban juntos una
madre con su hijo pequeño, que ya era catecúmeno y se preparaba para
recibir el bautismo en la misión católica. La madre le preguntó a su
hijo:
— ¿Por qué en la iglesia siempre hay una luz roja que brilla?
— Porque es la lámpara de Jesús, que está allí.
— Pero por la noche no hay nadie en la iglesia.
— Sí, mamá, allí siempre está Jesús, que nos espera y la lámpara nos
indica su presencia.
La madre se quedó pensativa y, pasado un tiempo, le comunicó al
misionero que ella también quería ser cristiana, y le dijo: ¿Ves
aquella luz roja? Todos los días la veía desde mi cabaña y parecía que
me llamaba. No quería hacer caso de esa llamada, pero no me dejaba
tranquila. Ayer quise visitar el pesebre de Navidad con mi hijo y allí
estaba la luz que me iluminaba. No he podido resistir más a la llamada
de Jesús. Quiero ser cristiana para amar a Jesús que me espera todos
los días en la iglesia.
Maravillas en los ojos de la Virgen de Guadalupe
En 1929, e1 fotógrafo oficial de la basílica de Guadalupe, Alfonso
Marcué, menciona que en el examen del negativo de la foto de la Virgen
se nota en el ojo derecho la figura de un hombre con barba. El 5 de
julio de 1938, Berthold von Stetten tomó las primeras fotografías a
color de la imagen. El 29 de mayo de 1951, el fotógrafo José Carlos
Chávez hizo el mismo descubrimiento que Alfonso Marcué. A partir de
entonces, unos veinte oftalmólogos mexicanos examinaron la imagen,
entre 1951 y 1960, y todos declararon unánimemente que los ojos de la
Virgen se comportan como los ojos de una persona viva: al proyectar la
luz de un oftalmoscopio sobre el ojo, el iris brilla más que el resto,
no así la pupila, lo que da una sensación de profundidad, pareciendo
que el iris fuera a contraerse de un momento a otro.
En una entrevista con el oftalmólogo doctor Rafael Torija Lavoignet,
que fue el primero que descubrió en los ojos de la Virgen el efecto
Purkinje-Samson, en julio de 1956, le preguntaron de qué color eran
los ojos de la Virgen. Y respondió: verde amarillentos; tienen un
verde cercano al marrón o al tono amarillento.
El efecto Purkinje-Samson sólo se da en personas vivas o en
fotografías, jamás en pinturas. Purkinje y Samson fueron dos
investigadores del siglo XIX que descubrieron que dentro del ojo
humano se forman tres imágenes del objeto que está viendo. En los ojos
de la Virgen de Guadalupe se encuentra un conjunto de imágenes
exactamente de acuerdo con las leyes que descubrieron dichos
investigadores y que eran desconocidas en el siglo XVI.
Vivía siempre contento con todo
Cuenta Cesareo, prior de Heisterbach, que cierto hermano cirterciense,
Aniano de Eberbach, si bien en lo exterior no se diferenciaba de los
demás, sin embargo, había llegado a tal grado de santidad que con sólo
el contacto de sus vestidos curaba a los enfermos. Maravillado de esto
su superior, un día le preguntó cómo obraba tales milagros. Respondió
que también él se maravillaba y que no sabía el porqué. Pero ¿qué
devociones practicáis?, le dijo el abad. El buen religioso contestó
que él nada o muy poco hacía, pero que siempre había tenido gran
cuidado de querer únicamente aquello que Dios quería…
— Ni la prosperidad, dijo, me levanta, ni la adversidad me abate.
Todas mis oraciones tienden a este fin: que su voluntad se cumpla
perfectamente en mí.
— Y de los daños, repuso el superior, que el otro día nos ocasionó
nuestro enemigo, quitándonos el sustento, dando fuego a la hacienda,
donde estaban nuestros cereales y ganados, ¿no sentís ningún
resentimiento?
— No, padre mío, respondió él, al contrario, di gracias a Dios por
ello, sabiendo que Dios todo lo hace o permite para su gloria y para
nuestro mayor bien y así vivo siempre contento por todo lo que sucede.
Después de oír esto, el abad, viendo en aquella alma tanta conformidad
con la voluntad divina, ya no se asombró de que hiciera milagros tan
grandes.
NB. Todos los artículos de este “Compartir” se han seleccionado de
los libros del P. Ángel Peña (109). Es un autor interesante y bien
informado. Te recomiendo leerlos en; www.libroscatolicos.org
domingo, 1 de septiembre de 2013
jueves, 1 de agosto de 2013
Compartir Nº 140
Coraje de ser católicos
En Nowa-Huta (Polonia) la nueva ciudad que el gobierno polaco
construyó para doscientos mil obreros, un día apareció en un solar
inmenso una cruz que los mismos obreros habían hecho con dos postes de
teléfono. Inmediatamente, las fuerzas del orden público y el ejército
fueron a quitar aquella cruz. Los obreros dijeron: “Esta cruz la hemos
puesto nosotros en señal de que aquí habrá un templo construido por
nosotros”.
Arremetieron contra ellos. Hubo sangre y muchos heridos, pero los
obreros supieron defender aquella cruz y el gobierno se resignó a
retirarse. Habían querido construir una nueva ciudad sin Dios y los
mismos obreros les manifestaron su fe a prueba de sacrificios y de su
propia vida.
El Papa Juan Pablo II contaba que, cuando era cardenal arzobispo de
Cracovia, buscaban un local para dar catequesis a los niños y no lo
encontraban. Por fin, un matrimonio encontró un local nuevo y lo
ofreció. Al enterarse las autoridades comunistas, amenazaron a aquel
matrimonio con la pérdida del trabajo, si dejaban aquel local para la
Iglesia. Pero aquel matrimonio respondió: Si nos quitan el trabajo,
saldremos a las calles a barrer o a mendigar.
Un regalo para el esposo
Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su casa, pensando
en su marido. Todo el que pasaba se quedaba admirado de su cabellera
hermosa, larga y negra. El iba cada día al mercado a vender frutas. A
la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los
dientes una pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar un poquito
de tabaco. Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no
cesaba de preguntarse qué podría regalar a su esposo. Y además ¿con
qué dinero? Un día se le ocurrió una idea. Sintió un escalofrío al
pensarlo; pero, al decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo.
Venderé mi cabello para comprar tabaco para mi esposo. Se imaginaba al
esposo sentado ante las frutas, dando largas bocanadas a su pipa.
Aromas de incienso y de jazmín darían al esposo la solemnidad y
prestigio de un verdadero comerciante. Sólo obtuvo por su cabello unas
cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de
tabaco. Todo compensaba largamente el sacrificio de su cabello.
Al llegar la tardé del día del aniversario, regresó el esposo. Venía
cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran
unos peines para su mujer. Los acababa de comprar tras vender su pipa.
¿Serías tú capaz de hacer lo mismo? Dice san Pablo que el amor es
paciente, servicial, no tiene envidia, no busca su propio interés, no
se irrita, no lleva cuenta del mal, se alegra con la verdad. Todo lo
disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca
muere (1 Co l3, 4-7).
Juego de la ouija
Es un juego espiritista en el que en un tablero, donde están las
letras del alfabeto, se coloca una moneda o copita, donde ponen los
dedos los jugadores, haciendo preguntas a algún difunto sobre alguna
cosa que desean saber. Es un juego peligroso, porque los que contestan
son demonios, que tratan de engañar y hacer daño a quien se acerca a
ellos. De hecho, es conocido que muchos de estos jugadores, que
frecuentemente son jovencitos, estudiantes de colegio, que lo hacen
por curiosidad, son afectados negativamente con problemas sicológicos.
Hasta en televisión han entrevistado alguna vez a jóvenes que han
practicado alegremente este juego con consecuencias desastrosas para
su vida.
Recuerdo a una jovencita que llevaba tres años sin poder dormir a
gusto, porque, cuando tenía quince años, jugó varias veces a la ouija
con sus amigas del colegio y algo malo se le había pegado.
Christopher Neil, en su libro “Los exorcistas”, cuenta el caso de una
colegiala que jugaba a la ouija con su compañera. El espíritu de un
profesor fallecido recientemente se apareció y le dijo que moriría en
un accidente de aviación. Lo trágico fue que tuvo que tomar un avión
para visitar a sus padres. Como es natural, estaba aterrorizada ante
la idea, pero, después que la hube exorcizado, perdió el miedo y tomó
el avión sin que ocurriese percance alguno. Otro caso es el de una
chica de origen judío, que había participado en una sesión a la edad
de doce años. Le afectó profundamente a través de pesadillas sobre
espíritus de difuntos durante más de dos años, pero el exorcismo la
curó.
Una niñita atraída por el sagrario
Una religiosa me cuenta el siguiente testimonio, ocurrido a una niña
de cuatro años. Esta niña había sido bautizada, pero sus padres eran
no creyentes y no practicantes. Apenas si la niña podía conocer el
nombre de Jesús por haberlo oído ocasionalmente alguna vez a otras
personas. Un día, la familia va en gira turística a otra ciudad. Entre
los lugares turísticos desean visitar una iglesia. Pero, en el momento
en que llegan, el párroco está cerrando la puerta y piensan retirarse
para no ser inoportunos. Sin embargo, la niña se pone a llorar,
diciendo: Jesús, Jesús, Jesús... El párroco, al escucharla llorar, se
acerca a la familia y accede a abrir la puerta y a explicarles las
obras de arte de la iglesia. Pero a la niña no le interesa lo que
dice, sino que apunta con el dedo al sagrario y sigue diciendo: Jesús,
Jesús, Jesús..., dejando asombrados a sus padres, que nunca le habían
hablado de que allí en la Eucaristía estuviera Jesús. La niña sentía
una misteriosa fuerza de atracción hacia el sagrario y no se detuvo
hasta que estuvo delante de él y pudo sonreír a Jesús, y mandarle
besos con amor. El párroco se quedó asombrado y su familia mucho más.
P. Ángel Peña.
Inflaron cifras para legalizar el aborto
El famoso doctor Bernard Nathanson dirigió una enorme clínica en Nueva
York, donde se realizaron 75.000 abortos, mientras estuvo como
director, habiendo practicado él mismo personalmente más de 5.000. Fue
uno de los principales promotores de la legalización del aborto a
petición en Estados Unidos. Él mismo reconoce que utilizaron el engaño
como arma para conseguir sus fines, asegurando, por ejemplo, que había
cada año 5.000 muertes por abortos clandestinos, cuando sólo eran
300... La misma estrategia que se ha usado en otros países: inflar e
inventarse cifras de muertes por aborto clandestino para sensibilizar
a la población a aceptar el aborto legal.
En México para promover la legalización del aborto dijeron que en
1991 habían muerto 300.000 madres por abortos clandestinos, cuando
sólo fueron 220. Los proabortistas exageraron la cifra 1.400 veces
más. Sin embargo, en Irlanda, donde el aborto está prohibido, apenas
hay muerte de madres por abortos clandestinos Mientras que en USA hay
muchas muertes por complicaciones del aborto, suicidios consiguientes,
etc. (P. Ángel Peña).
Vacío existencial
El famoso siquiatra austríaco Víctor Frankl (1905-1997), que, en las
cámaras de gas de los campos nazis de exterminio, perdió a su esposa,
a su padre, a su madre y a su hermano, y pudo sobrevivir él mismo a
estos horrores, dice que el hombre es naturalmente religioso, es
decir, que, en lo más profundo de su ser, hay un instinto religioso.
Quien reprime este instinto natural de creer en Dios, sentirá un vacío
existencial, que puede degenerar en una neurosis, por faltarle sentido
a su vida.
Hoy, que está de moda en algunos ambientes ser agnóstico o ateo o,
simplemente, vivir como si Dios no existiera, sería bueno que los
siquiatras propaguen sus conclusiones sobre las frustraciones
existenciales que esto trae consigo. Muchos no quieren creer en dogmas
ni en verdades religiosas, pero sí creen fácilmente en toda clase de
supersticiones y de ideas peregrinas de cualquier moderno científico.
Por eso, decía Chesterton, el gran convertido inglés: La desgracia del
hombre de hoy no es no creer en nada; sino, todo lo contrario,
creérselo todo.
Hoy, más que nunca, los consultorios de adivinos y magos o curanderos,
están llenos de clientes que dicen no creer en Dios o no practicar su
fe. Prefieren ir al siquiatra que a la iglesia. Y muchos siquiatras ya
les han recomendado que deberían ir al sacerdote a liberarse de sus
pecados y a reconciliarse con Dios, antes que a sus consultorios. A.
Peña.
NB. Todos los artículos de este “Compartir” se han seleccionado de
los libros del P. Ángel Peña (109). Es un autor interesante y bien
informado. Te recomiendo leerlos en; www.libroscatolicos.org
Coraje de ser católicos
En Nowa-Huta (Polonia) la nueva ciudad que el gobierno polaco
construyó para doscientos mil obreros, un día apareció en un solar
inmenso una cruz que los mismos obreros habían hecho con dos postes de
teléfono. Inmediatamente, las fuerzas del orden público y el ejército
fueron a quitar aquella cruz. Los obreros dijeron: “Esta cruz la hemos
puesto nosotros en señal de que aquí habrá un templo construido por
nosotros”.
Arremetieron contra ellos. Hubo sangre y muchos heridos, pero los
obreros supieron defender aquella cruz y el gobierno se resignó a
retirarse. Habían querido construir una nueva ciudad sin Dios y los
mismos obreros les manifestaron su fe a prueba de sacrificios y de su
propia vida.
El Papa Juan Pablo II contaba que, cuando era cardenal arzobispo de
Cracovia, buscaban un local para dar catequesis a los niños y no lo
encontraban. Por fin, un matrimonio encontró un local nuevo y lo
ofreció. Al enterarse las autoridades comunistas, amenazaron a aquel
matrimonio con la pérdida del trabajo, si dejaban aquel local para la
Iglesia. Pero aquel matrimonio respondió: Si nos quitan el trabajo,
saldremos a las calles a barrer o a mendigar.
Un regalo para el esposo
Era un matrimonio pobre. Ella hilaba a la puerta de su casa, pensando
en su marido. Todo el que pasaba se quedaba admirado de su cabellera
hermosa, larga y negra. El iba cada día al mercado a vender frutas. A
la sombra de un árbol se sentaba a esperar, sujetando entre los
dientes una pipa vacía. No llegaba el dinero para comprar un poquito
de tabaco. Se acercaba el día del aniversario de la boda y ella no
cesaba de preguntarse qué podría regalar a su esposo. Y además ¿con
qué dinero? Un día se le ocurrió una idea. Sintió un escalofrío al
pensarlo; pero, al decidirse, todo su cuerpo se estremeció de gozo.
Venderé mi cabello para comprar tabaco para mi esposo. Se imaginaba al
esposo sentado ante las frutas, dando largas bocanadas a su pipa.
Aromas de incienso y de jazmín darían al esposo la solemnidad y
prestigio de un verdadero comerciante. Sólo obtuvo por su cabello unas
cuantas monedas, pero eligió con cuidado el más fino estuche de
tabaco. Todo compensaba largamente el sacrificio de su cabello.
Al llegar la tardé del día del aniversario, regresó el esposo. Venía
cantando por el camino. Traía en su mano un pequeño envoltorio: eran
unos peines para su mujer. Los acababa de comprar tras vender su pipa.
¿Serías tú capaz de hacer lo mismo? Dice san Pablo que el amor es
paciente, servicial, no tiene envidia, no busca su propio interés, no
se irrita, no lleva cuenta del mal, se alegra con la verdad. Todo lo
disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca
muere (1 Co l3, 4-7).
Juego de la ouija
Es un juego espiritista en el que en un tablero, donde están las
letras del alfabeto, se coloca una moneda o copita, donde ponen los
dedos los jugadores, haciendo preguntas a algún difunto sobre alguna
cosa que desean saber. Es un juego peligroso, porque los que contestan
son demonios, que tratan de engañar y hacer daño a quien se acerca a
ellos. De hecho, es conocido que muchos de estos jugadores, que
frecuentemente son jovencitos, estudiantes de colegio, que lo hacen
por curiosidad, son afectados negativamente con problemas sicológicos.
Hasta en televisión han entrevistado alguna vez a jóvenes que han
practicado alegremente este juego con consecuencias desastrosas para
su vida.
Recuerdo a una jovencita que llevaba tres años sin poder dormir a
gusto, porque, cuando tenía quince años, jugó varias veces a la ouija
con sus amigas del colegio y algo malo se le había pegado.
Christopher Neil, en su libro “Los exorcistas”, cuenta el caso de una
colegiala que jugaba a la ouija con su compañera. El espíritu de un
profesor fallecido recientemente se apareció y le dijo que moriría en
un accidente de aviación. Lo trágico fue que tuvo que tomar un avión
para visitar a sus padres. Como es natural, estaba aterrorizada ante
la idea, pero, después que la hube exorcizado, perdió el miedo y tomó
el avión sin que ocurriese percance alguno. Otro caso es el de una
chica de origen judío, que había participado en una sesión a la edad
de doce años. Le afectó profundamente a través de pesadillas sobre
espíritus de difuntos durante más de dos años, pero el exorcismo la
curó.
Una niñita atraída por el sagrario
Una religiosa me cuenta el siguiente testimonio, ocurrido a una niña
de cuatro años. Esta niña había sido bautizada, pero sus padres eran
no creyentes y no practicantes. Apenas si la niña podía conocer el
nombre de Jesús por haberlo oído ocasionalmente alguna vez a otras
personas. Un día, la familia va en gira turística a otra ciudad. Entre
los lugares turísticos desean visitar una iglesia. Pero, en el momento
en que llegan, el párroco está cerrando la puerta y piensan retirarse
para no ser inoportunos. Sin embargo, la niña se pone a llorar,
diciendo: Jesús, Jesús, Jesús... El párroco, al escucharla llorar, se
acerca a la familia y accede a abrir la puerta y a explicarles las
obras de arte de la iglesia. Pero a la niña no le interesa lo que
dice, sino que apunta con el dedo al sagrario y sigue diciendo: Jesús,
Jesús, Jesús..., dejando asombrados a sus padres, que nunca le habían
hablado de que allí en la Eucaristía estuviera Jesús. La niña sentía
una misteriosa fuerza de atracción hacia el sagrario y no se detuvo
hasta que estuvo delante de él y pudo sonreír a Jesús, y mandarle
besos con amor. El párroco se quedó asombrado y su familia mucho más.
P. Ángel Peña.
Inflaron cifras para legalizar el aborto
El famoso doctor Bernard Nathanson dirigió una enorme clínica en Nueva
York, donde se realizaron 75.000 abortos, mientras estuvo como
director, habiendo practicado él mismo personalmente más de 5.000. Fue
uno de los principales promotores de la legalización del aborto a
petición en Estados Unidos. Él mismo reconoce que utilizaron el engaño
como arma para conseguir sus fines, asegurando, por ejemplo, que había
cada año 5.000 muertes por abortos clandestinos, cuando sólo eran
300... La misma estrategia que se ha usado en otros países: inflar e
inventarse cifras de muertes por aborto clandestino para sensibilizar
a la población a aceptar el aborto legal.
En México para promover la legalización del aborto dijeron que en
1991 habían muerto 300.000 madres por abortos clandestinos, cuando
sólo fueron 220. Los proabortistas exageraron la cifra 1.400 veces
más. Sin embargo, en Irlanda, donde el aborto está prohibido, apenas
hay muerte de madres por abortos clandestinos Mientras que en USA hay
muchas muertes por complicaciones del aborto, suicidios consiguientes,
etc. (P. Ángel Peña).
Vacío existencial
El famoso siquiatra austríaco Víctor Frankl (1905-1997), que, en las
cámaras de gas de los campos nazis de exterminio, perdió a su esposa,
a su padre, a su madre y a su hermano, y pudo sobrevivir él mismo a
estos horrores, dice que el hombre es naturalmente religioso, es
decir, que, en lo más profundo de su ser, hay un instinto religioso.
Quien reprime este instinto natural de creer en Dios, sentirá un vacío
existencial, que puede degenerar en una neurosis, por faltarle sentido
a su vida.
Hoy, que está de moda en algunos ambientes ser agnóstico o ateo o,
simplemente, vivir como si Dios no existiera, sería bueno que los
siquiatras propaguen sus conclusiones sobre las frustraciones
existenciales que esto trae consigo. Muchos no quieren creer en dogmas
ni en verdades religiosas, pero sí creen fácilmente en toda clase de
supersticiones y de ideas peregrinas de cualquier moderno científico.
Por eso, decía Chesterton, el gran convertido inglés: La desgracia del
hombre de hoy no es no creer en nada; sino, todo lo contrario,
creérselo todo.
Hoy, más que nunca, los consultorios de adivinos y magos o curanderos,
están llenos de clientes que dicen no creer en Dios o no practicar su
fe. Prefieren ir al siquiatra que a la iglesia. Y muchos siquiatras ya
les han recomendado que deberían ir al sacerdote a liberarse de sus
pecados y a reconciliarse con Dios, antes que a sus consultorios. A.
Peña.
NB. Todos los artículos de este “Compartir” se han seleccionado de
los libros del P. Ángel Peña (109). Es un autor interesante y bien
informado. Te recomiendo leerlos en; www.libroscatolicos.org
jueves, 13 de junio de 2013
Compartir Nº 138
Cintas blancas en el manzano
Cronin, el famoso novelista inglés, cuenta que viajaba en una ocasión
en tren y, en el mismo departamento, viajaba también un muchacho que
parecía estar nervioso. Movido por la curiosidad le preguntó:
— ¿Qué te pasa, muchacho?
— Vengo de la cárcel. Durante nueve años, he vivido encerrado entre
rejas lejos de la familia. Cometí unos delitos que avergonzaron a mis
padres. Ahora me han dado la libertad y vuelvo hacia ellos. Ahora, al
darme la libertad, he escrito una carta, pidiéndoles perdón. Les he
pedido que, si me perdonan, como señal para que yo lo sepa distinguir,
cuelguen en el manzano que hay en la huerta de mi casa, por donde va a
pasar el tren, una cinta blanca de una rama visible. Si es así, yo
entenderé que me perdonan y me llegaré a la casa. Si no, pasaré de
largo. Ya faltan solamente dos pueblos para que lleguemos al mío y
estoy inquieto.
Después de un rato le dijo:
— Por favor, la próxima tapia es la finca de mi padre. No me atrevo a
mirar. Tenga la bondad de mirar usted...
Aquel muchacho recogió la cabeza entre sus manos, mientras el tren
comenzaba a rebasar la tapia. Cronin miraba por la ventanilla. Dio un
salto. Tomó al muchacho por los brazos y lo sacudió:
— Mira, hijo, mira el manzano.
El muchacho no daba crédito a lo que veía. Colgadas de cada una de las
ramas del manzano había, no una, sino docenas de cintas blancas. Sus
padres lo perdonaban y lo perdonaban con generosidad desbordante.
Invoquemos con fe a los ángeles
Los ángeles son fuertes y poderosos. Ellos tienen como una tarea
importante el defendernos de los peligros y, sobre todo, de los
peligros y tentaciones del alma. Por eso, cuando sintamos que somos
débiles ante cualquier asechanza del maligno, acudamos a ellos. Cuando
estemos en peligros de la naturaleza o de hombres o de animales,
acudamos a ellos. Cuando estemos de viaje, invoquemos la ayuda de los
ángeles de quienes viajan con nosotros. Cuando debamos someternos a
una operación quirúrgica, invoquemos al ángel del médico, enfermeras o
personal que nos atiende. Cuando vayamos a la iglesia, igualmente,
unámonos al ángel del sacerdote y de los demás fieles. Si damos una
charla, pidamos ayuda a los ángeles de los oyentes. Si tenemos amigos
lejanos, que pueden necesitar ayuda por estar enfermos o porque pueden
estar en peligro, enviémosles nuestro ángel para que los cuide y
proteja, o simplemente para que los salude y bendiga en nuestro
nombre. (P. Ángel Peña).
Penélope ejemplo de fidelidad matrimonial
Penélope es un ejemplo de esposa fiel para todas las generaciones.
Habían pasado veinte años desde que Ulises, su esposo, había salido
de la isla de Itaca donde vivían. Primero, había participado en la
guerra de Troya y, después, se había extraviado en el camino de
vuelta, errando sin norte por los mares. Mientras tanto, en esos
veinte años, Penélope era acosada por muchos pretendientes; muchos de
ellos ricos e importantes. Muchos querían casarse con ella y la
asediaban continuamente sin dejarla tranquila. Tan apremiada estaba
que llegó a prometerle a uno que se casaría con él, cuando terminase
la labor que tenía entre manos. Durante el día, la veían tejiendo con
diligencia su paño, pero durante la noche, ella misma deshacía cuanto
había hecho durante la jornada.
Un día llegó la noticia de que había regresado su esposo Ulises. Ella
no se lo cree y piensa que algún impostor quiere engañarla para
suplantar a su esposo. Habían pasado veinte años y Ulises estaba
cambiado. Ya no era el jovencito hermoso que ella había conocido y
duda de que sea Ulises, su esposo. Hasta que él le relata un secreto
que nadie podía saber sino él. En ese momento, Penélope estalla en
llanto; lo abraza, lo besa y le dice: Perdóname, por no haberte creído
desde el primer momento. Mi pobre corazón se estremecía de horror al
pensar que podía venir alguien y engañarme con falsas palabras. ¡Son
tantos los malvados que querían engañarme!
Verídica historia de Nuestra Señora de Loreto
En 1291 tiene lugar el milagroso traslado de la casa, donde vivió
María en Nazareth, a Tersatto, en Dalmacia (ex Yugoslavia). Allí
permaneció por tres años, siete meses y cuatro días, y fue de nuevo
milagrosamente trasladada a Italia, a Recanati, el 10 de diciembre de
1294. Allí fue primero colocada en un lugar de la selva, propiedad de
una rica Señora llamada Loreta, de ahí el nombre de Santa María de
Loreto. Al poco tiempo, fue trasladada al lugar actual, muy cerca del
sitio anterior, y colocada sobre una carretera o camino, por donde
pasaba todo el mundo. Y allí está el actual santuario de Nuestra
Señora de Loreto, colocado sin cimiento alguno. Un verdadero milagro
permanente de Dios por intercesión de María. Allí surgieron las
letanías lauretanas (de Loreto), que se rezan después del rosario.
Los Papas, después de estudiar los acontecimientos, establecieron
desde el siglo XIV la fiesta de la traslación de la casa de la
Bienaventurada Virgen María. Pío XI, ante algunos que negaban la
autenticidad de la santa casa, dijo, después de analizar las
conclusiones de los científicos: “En cuanto a la autenticidad de la
santa casa, tenemos muchas buenas razones para admitirla y ningún
argumento serio para negarla”. El Papa Juan Pablo II el 8-9-1979 dijo
sentirse “dichoso de que la humilde pradera de Loreto se haya
convertido en uno de los más célebres santuarios marianos de Italia”.
Conversión de un ateo
Adolf Martín Bormann nació en 1930 y era hijo de Martín Bormann, brazo
derecho de Hitler. Él mismo era ahijado de Hitler. Su familia, de
origen protestante, abandonó toda práctica en 1934. Después de la
segunda guerra mundial, Adolf, al caer Alemania, se ocultó y se
refugió en el campo en casa de unos campesinos católicos. Dice: Mi
desprecio a los católicos desapareció y ya empezaba a envidiarlos un
poco..., pero todavía esperaba la restauración del
nacionalsocialismo... Un domingo fui hasta el santuario de la Virgen
de Kirchental, un lugar de peregrinación a tres horas de camino...
Casi todos los domingos empecé a ir a Ntra. Sra. de Kirchental y pedí
recibir instrucción religiosa hasta que, por fin, el primer domingo de
mayo de 1947 tuvo lugar mi admisión en la Iglesia católica. ¿Quién
puede expresar en palabras la emoción y el júbilo que invade el
corazón de un joven convertido en el momento de recibir las aguas
bautismales? Siguió la confesión, la santa misa y la primera comunión.
Renuncio a transcribir la íntima e inmensa alegría que me transportó
al más alto grado de felicidad..
El verdadero amor al prójimo de los rudos montañeses me señaló el
camino a la Iglesia católica. A todos aquellos que tienen la dicha de
ser católicos quisiera gritarles: “Compadeceos de los que cayeron en
el extravío y ayudadles con la oración y el apostolado a que
encuentren también la casa del Señor “.
Adolf Martin Bormann se hizo católico con seis de sus hermanos, pero
él siguió adelante hasta ordenarse sacerdote católico y así servir a
los demás en la Iglesia para siempre.
NB. Todos los artículos de este “Compartir” se han seleccionado de
los libros del P. Ángel Peña (109). Es un autor interesante y bien
informado. Te recomiendo leerlos en; www.libroscatolicos.org
Cintas blancas en el manzano
Cronin, el famoso novelista inglés, cuenta que viajaba en una ocasión
en tren y, en el mismo departamento, viajaba también un muchacho que
parecía estar nervioso. Movido por la curiosidad le preguntó:
— ¿Qué te pasa, muchacho?
— Vengo de la cárcel. Durante nueve años, he vivido encerrado entre
rejas lejos de la familia. Cometí unos delitos que avergonzaron a mis
padres. Ahora me han dado la libertad y vuelvo hacia ellos. Ahora, al
darme la libertad, he escrito una carta, pidiéndoles perdón. Les he
pedido que, si me perdonan, como señal para que yo lo sepa distinguir,
cuelguen en el manzano que hay en la huerta de mi casa, por donde va a
pasar el tren, una cinta blanca de una rama visible. Si es así, yo
entenderé que me perdonan y me llegaré a la casa. Si no, pasaré de
largo. Ya faltan solamente dos pueblos para que lleguemos al mío y
estoy inquieto.
Después de un rato le dijo:
— Por favor, la próxima tapia es la finca de mi padre. No me atrevo a
mirar. Tenga la bondad de mirar usted...
Aquel muchacho recogió la cabeza entre sus manos, mientras el tren
comenzaba a rebasar la tapia. Cronin miraba por la ventanilla. Dio un
salto. Tomó al muchacho por los brazos y lo sacudió:
— Mira, hijo, mira el manzano.
El muchacho no daba crédito a lo que veía. Colgadas de cada una de las
ramas del manzano había, no una, sino docenas de cintas blancas. Sus
padres lo perdonaban y lo perdonaban con generosidad desbordante.
Invoquemos con fe a los ángeles
Los ángeles son fuertes y poderosos. Ellos tienen como una tarea
importante el defendernos de los peligros y, sobre todo, de los
peligros y tentaciones del alma. Por eso, cuando sintamos que somos
débiles ante cualquier asechanza del maligno, acudamos a ellos. Cuando
estemos en peligros de la naturaleza o de hombres o de animales,
acudamos a ellos. Cuando estemos de viaje, invoquemos la ayuda de los
ángeles de quienes viajan con nosotros. Cuando debamos someternos a
una operación quirúrgica, invoquemos al ángel del médico, enfermeras o
personal que nos atiende. Cuando vayamos a la iglesia, igualmente,
unámonos al ángel del sacerdote y de los demás fieles. Si damos una
charla, pidamos ayuda a los ángeles de los oyentes. Si tenemos amigos
lejanos, que pueden necesitar ayuda por estar enfermos o porque pueden
estar en peligro, enviémosles nuestro ángel para que los cuide y
proteja, o simplemente para que los salude y bendiga en nuestro
nombre. (P. Ángel Peña).
Penélope ejemplo de fidelidad matrimonial
Penélope es un ejemplo de esposa fiel para todas las generaciones.
Habían pasado veinte años desde que Ulises, su esposo, había salido
de la isla de Itaca donde vivían. Primero, había participado en la
guerra de Troya y, después, se había extraviado en el camino de
vuelta, errando sin norte por los mares. Mientras tanto, en esos
veinte años, Penélope era acosada por muchos pretendientes; muchos de
ellos ricos e importantes. Muchos querían casarse con ella y la
asediaban continuamente sin dejarla tranquila. Tan apremiada estaba
que llegó a prometerle a uno que se casaría con él, cuando terminase
la labor que tenía entre manos. Durante el día, la veían tejiendo con
diligencia su paño, pero durante la noche, ella misma deshacía cuanto
había hecho durante la jornada.
Un día llegó la noticia de que había regresado su esposo Ulises. Ella
no se lo cree y piensa que algún impostor quiere engañarla para
suplantar a su esposo. Habían pasado veinte años y Ulises estaba
cambiado. Ya no era el jovencito hermoso que ella había conocido y
duda de que sea Ulises, su esposo. Hasta que él le relata un secreto
que nadie podía saber sino él. En ese momento, Penélope estalla en
llanto; lo abraza, lo besa y le dice: Perdóname, por no haberte creído
desde el primer momento. Mi pobre corazón se estremecía de horror al
pensar que podía venir alguien y engañarme con falsas palabras. ¡Son
tantos los malvados que querían engañarme!
Verídica historia de Nuestra Señora de Loreto
En 1291 tiene lugar el milagroso traslado de la casa, donde vivió
María en Nazareth, a Tersatto, en Dalmacia (ex Yugoslavia). Allí
permaneció por tres años, siete meses y cuatro días, y fue de nuevo
milagrosamente trasladada a Italia, a Recanati, el 10 de diciembre de
1294. Allí fue primero colocada en un lugar de la selva, propiedad de
una rica Señora llamada Loreta, de ahí el nombre de Santa María de
Loreto. Al poco tiempo, fue trasladada al lugar actual, muy cerca del
sitio anterior, y colocada sobre una carretera o camino, por donde
pasaba todo el mundo. Y allí está el actual santuario de Nuestra
Señora de Loreto, colocado sin cimiento alguno. Un verdadero milagro
permanente de Dios por intercesión de María. Allí surgieron las
letanías lauretanas (de Loreto), que se rezan después del rosario.
Los Papas, después de estudiar los acontecimientos, establecieron
desde el siglo XIV la fiesta de la traslación de la casa de la
Bienaventurada Virgen María. Pío XI, ante algunos que negaban la
autenticidad de la santa casa, dijo, después de analizar las
conclusiones de los científicos: “En cuanto a la autenticidad de la
santa casa, tenemos muchas buenas razones para admitirla y ningún
argumento serio para negarla”. El Papa Juan Pablo II el 8-9-1979 dijo
sentirse “dichoso de que la humilde pradera de Loreto se haya
convertido en uno de los más célebres santuarios marianos de Italia”.
Conversión de un ateo
Adolf Martín Bormann nació en 1930 y era hijo de Martín Bormann, brazo
derecho de Hitler. Él mismo era ahijado de Hitler. Su familia, de
origen protestante, abandonó toda práctica en 1934. Después de la
segunda guerra mundial, Adolf, al caer Alemania, se ocultó y se
refugió en el campo en casa de unos campesinos católicos. Dice: Mi
desprecio a los católicos desapareció y ya empezaba a envidiarlos un
poco..., pero todavía esperaba la restauración del
nacionalsocialismo... Un domingo fui hasta el santuario de la Virgen
de Kirchental, un lugar de peregrinación a tres horas de camino...
Casi todos los domingos empecé a ir a Ntra. Sra. de Kirchental y pedí
recibir instrucción religiosa hasta que, por fin, el primer domingo de
mayo de 1947 tuvo lugar mi admisión en la Iglesia católica. ¿Quién
puede expresar en palabras la emoción y el júbilo que invade el
corazón de un joven convertido en el momento de recibir las aguas
bautismales? Siguió la confesión, la santa misa y la primera comunión.
Renuncio a transcribir la íntima e inmensa alegría que me transportó
al más alto grado de felicidad..
El verdadero amor al prójimo de los rudos montañeses me señaló el
camino a la Iglesia católica. A todos aquellos que tienen la dicha de
ser católicos quisiera gritarles: “Compadeceos de los que cayeron en
el extravío y ayudadles con la oración y el apostolado a que
encuentren también la casa del Señor “.
Adolf Martin Bormann se hizo católico con seis de sus hermanos, pero
él siguió adelante hasta ordenarse sacerdote católico y así servir a
los demás en la Iglesia para siempre.
NB. Todos los artículos de este “Compartir” se han seleccionado de
los libros del P. Ángel Peña (109). Es un autor interesante y bien
informado. Te recomiendo leerlos en; www.libroscatolicos.org
martes, 7 de mayo de 2013
Compartir Nº 137 mayo 2013
Auxilio en la lluvia
Una noche, a las 23.30, una mujer de edad avanzada estaba parada a un
costado de una autopista, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su
coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la
llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche. Un joven
se detuvo a ayudarla, a pesar de la fuerte lluvia. El joven la llevó a
un lugar seguro, la orientó a obtener asistencia y la puso en un taxi.
La mujer parecía estar bastante apurada, pero anotó la dirección del
joven, le agradeció y se fue.
Siete días más tarde el joven salió a la puerta porque habían llamado.
Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue
entregado por correo en su casa. Había una nota especial adjunta al
paquete, que decía así:
"Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La
lluvia no solo dejó mi ropa completamente mojada sino deprimió mi
espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al
lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera.
Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
Señora Fernández".
Pedalea
Aquel día me encontraba en un camino que conducía hacia una colina. Al
pie de la misma observé a un muchacho montado en bicicleta que se
esforzaba en subir por la colina teniendo incluso el viento en contra.
Evidentemente el esfuerzo que tenia que hacer era tremendo. Cuando
estaba más fatigado apareció afortunadamente un autobús que subía la
colina en la misma dirección. Su marcha no era muy acelerada y el
muchacho pudo agarrarse con una mano de los barrotes de subida de la
parte trasera del autobús. El lector puede imaginarse lo que sucedió.
El muchacho subió la cuesta a las mil maravillas.
Entonces me pregunté: ¿Por qué soy semejante a ese muchacho en mis
flaquezas y fatigas? Constantemente estoy pedaleando cuesta arriba
contra toda clase de oposiciones y me encuentro casi extenuado por el
esfuerzo. Pero, gracias a Dios, tengo a mano un poder disponible, la
fortaleza que me da el confiar en Él. Lo único que tengo que hacer es
ponerme en contacto y mantenerme unido a él, aunque no sea nada más
que con un delgado hilo de fe. Esto bastará para que su poder
transforme mi debilidad en fortaleza y mi cansancio en renovado vigor.
Los que confían en el Señor renuevan sus fuerzas, despliegan alas como
las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan (Isaías
40, 31).)
Avivar la llama
Cuentan que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente
a las riquezas y cultivar una profunda religiosidad. Movido por la
curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto del soberano.
”Majestad, —le preguntó en la audiencia—, ¿cómo hace para cultivar la
vida espiritual en medio de tanta riqueza?” El rey le dijo: "Te lo
revelaré si recorres mi palacio para apreciar mis riquezas. Pero,
llevarás una vela encendida. Si se apaga, te haré decapitar".
Concluido el paseo, el rey le preguntó: “¿Qué piensas de mis
riquezas?" La persona respondió: "No vi nada. Sólo me preocupé de que
la llama no se apagara". El rey le dijo: "Ése es mi secreto. Estoy
tan ocupado tratando de cuidar y avivar mi llama interior, que no me
interesan las riquezas”.
La prueba que todos debemos afrontar en esta vida pasajera es la de
elegir con sabiduría dónde poner el corazón. Debemos hacer una opción
entre los bienes transitorios de esta vida y Dios, amado con toda
nuestra alma.
Al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, luz y gozo,
Amor, que en tus incendios nos abrasas:
renueva el alma de este pueblo tuyo
que por mis labios canta tu alabanza.
En sus fatigas diarias, sé descanso;
en su lucha tenaz, vigor y gracia:
haz germinar la caridad del Padre,
que engendra flores y que quema zarzas.
Ven, Amor, que iluminas el camino,
compañero divino de las almas:
ven con tu viento a sacudir al mundo
y a abrir nuevos senderos de esperanza. Amén.
Rescate heroico
En la guerra de Corea, un soldado quedó gravemente herido a diez
metros de una cueva donde se ocultaban sus compañeros. El fuego era
tan intenso que resultaba arriesgado recoger al herido: significaba
muerte segura. Desde la cueva escuchaban los gritos de socorro del
caído.
Un soldado que había mirado con frecuencia su reloj, salió de repente,
arrastrándose hasta el compañero. Lo agarró y con suma lentitud lo
arrastró hasta la cueva, mientras el ataque era intenso a su
alrededor. Y, ¡cosa extraña!, ambos llegaron sin ser tocados por bala
alguna.
Al preguntar al héroe por qué esperó tanto para rescatar al herido,
respondió: "Sabía que mi madre a esa hora todos los días estaría
orando por mí”.
Auxilio en la lluvia
Una noche, a las 23.30, una mujer de edad avanzada estaba parada a un
costado de una autopista, tratando de soportar una fuerte tormenta. Su
coche se había descompuesto y ella necesitaba desesperadamente que la
llevaran. Toda mojada, ella decidió detener el próximo coche. Un joven
se detuvo a ayudarla, a pesar de la fuerte lluvia. El joven la llevó a
un lugar seguro, la orientó a obtener asistencia y la puso en un taxi.
La mujer parecía estar bastante apurada, pero anotó la dirección del
joven, le agradeció y se fue.
Siete días más tarde el joven salió a la puerta porque habían llamado.
Para su sorpresa, un televisor pantalla gigante a color le fue
entregado por correo en su casa. Había una nota especial adjunta al
paquete, que decía así:
"Muchísimas gracias por ayudarme en la autopista la otra noche. La
lluvia no solo dejó mi ropa completamente mojada sino deprimió mi
espíritu. Entonces apareció usted. Gracias a usted, pude llegar al
lado de la cama de mi marido agonizante, justo antes de que muriera.
Dios lo bendiga por ayudarme y por servir a otros desinteresadamente.
Señora Fernández".
Pedalea
Aquel día me encontraba en un camino que conducía hacia una colina. Al
pie de la misma observé a un muchacho montado en bicicleta que se
esforzaba en subir por la colina teniendo incluso el viento en contra.
Evidentemente el esfuerzo que tenia que hacer era tremendo. Cuando
estaba más fatigado apareció afortunadamente un autobús que subía la
colina en la misma dirección. Su marcha no era muy acelerada y el
muchacho pudo agarrarse con una mano de los barrotes de subida de la
parte trasera del autobús. El lector puede imaginarse lo que sucedió.
El muchacho subió la cuesta a las mil maravillas.
Entonces me pregunté: ¿Por qué soy semejante a ese muchacho en mis
flaquezas y fatigas? Constantemente estoy pedaleando cuesta arriba
contra toda clase de oposiciones y me encuentro casi extenuado por el
esfuerzo. Pero, gracias a Dios, tengo a mano un poder disponible, la
fortaleza que me da el confiar en Él. Lo único que tengo que hacer es
ponerme en contacto y mantenerme unido a él, aunque no sea nada más
que con un delgado hilo de fe. Esto bastará para que su poder
transforme mi debilidad en fortaleza y mi cansancio en renovado vigor.
Los que confían en el Señor renuevan sus fuerzas, despliegan alas como
las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan (Isaías
40, 31).)
Avivar la llama
Cuentan que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente
a las riquezas y cultivar una profunda religiosidad. Movido por la
curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto del soberano.
”Majestad, —le preguntó en la audiencia—, ¿cómo hace para cultivar la
vida espiritual en medio de tanta riqueza?” El rey le dijo: "Te lo
revelaré si recorres mi palacio para apreciar mis riquezas. Pero,
llevarás una vela encendida. Si se apaga, te haré decapitar".
Concluido el paseo, el rey le preguntó: “¿Qué piensas de mis
riquezas?" La persona respondió: "No vi nada. Sólo me preocupé de que
la llama no se apagara". El rey le dijo: "Ése es mi secreto. Estoy
tan ocupado tratando de cuidar y avivar mi llama interior, que no me
interesan las riquezas”.
La prueba que todos debemos afrontar en esta vida pasajera es la de
elegir con sabiduría dónde poner el corazón. Debemos hacer una opción
entre los bienes transitorios de esta vida y Dios, amado con toda
nuestra alma.
Al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo, luz y gozo,
Amor, que en tus incendios nos abrasas:
renueva el alma de este pueblo tuyo
que por mis labios canta tu alabanza.
En sus fatigas diarias, sé descanso;
en su lucha tenaz, vigor y gracia:
haz germinar la caridad del Padre,
que engendra flores y que quema zarzas.
Ven, Amor, que iluminas el camino,
compañero divino de las almas:
ven con tu viento a sacudir al mundo
y a abrir nuevos senderos de esperanza. Amén.
Rescate heroico
En la guerra de Corea, un soldado quedó gravemente herido a diez
metros de una cueva donde se ocultaban sus compañeros. El fuego era
tan intenso que resultaba arriesgado recoger al herido: significaba
muerte segura. Desde la cueva escuchaban los gritos de socorro del
caído.
Un soldado que había mirado con frecuencia su reloj, salió de repente,
arrastrándose hasta el compañero. Lo agarró y con suma lentitud lo
arrastró hasta la cueva, mientras el ataque era intenso a su
alrededor. Y, ¡cosa extraña!, ambos llegaron sin ser tocados por bala
alguna.
Al preguntar al héroe por qué esperó tanto para rescatar al herido,
respondió: "Sabía que mi madre a esa hora todos los días estaría
orando por mí”.
lunes, 1 de abril de 2013
Compartir Nº136
El picapedrero descontento
Estaba un picapedrero cortando adoquines de una gran piedra, y
cavilaba sobre la monotonía de su vida, cuando pasó, acompañado de un
brillante cortejo, el Emperador en persona. Iba sentado en un elefante
con dosel de oro, rodeado de ministros, soldados y cortesanos. El
picapedrero quedó maravillado y exclamó, por lo bajo: —¡Quién fuera
Emperador!
En el mismo instante se vio transformado en Emperador. Era él el que
estaba sentado bajo el dosel de oro, era señor de los hombres, y a un
gesto suyo se inclinaban al suelo ministros y soldados. Un día en una
parada el sol calentaba con calor excesivo y el Emperador se enjugaba
en vano su frente; se puso de mal humor porque veía que el sol era más
poderoso que él y exclamó enfadado: —¡Quién fuera sol!
En el mismo instante quedó transformado en sol. Estaba a sus anchas
nadando en la bóveda celeste, y despedía tanto calor que los hombres y
los animales iban jadeantes y se quemaba la hierba, y se agostaban las
flores. Esto divertía mucho al sol. Pero de repente una nube densa y
negra púsose ante él. El sol lanzaba su calor, pero en vano. Los rayos
no podían rasgar el tejido de la nube. Saltó de ira. y gritó: —¡Quién
fuera nube!
Y fue transformado en nube. Con desenfrenada furia dejaba caer sus
aguas sobre la tierra: los arroyuelos y los ríos se hincharon; la
corriente arrastraba las casas; los hombres se ahogaban; pero un
gigantesco peñasco se mantenía inconmovible, retador en su puesto. La
nube exclamó con saña: —¡Quién fuera peñasco!
Y en peñasco se convirtió. Ya estaba satisfecho. Con orgullo seguía en
su puesto y no le dañaba el ardor del sol ni la lluvia de la nube.
Pero un día llegó el hombre y clavó un agudo pico en el seno del
peñasco. Aquel hombre era más poderoso que él y exclamó: —¡Quién fuera
picapedrero! Y en aquel momento se vio otra vez picapedrero, y quedó
convencido de que lo mejor para vivir feliz, es contentarse con la
propia suerte, sin envidiar a los demás.
Un juicio muy especial
En un despiadado día de invierno, un anciano tembloroso fue llevado
ante los tribunales. Se le acusaba de haber robado un pan. Al ser
interrogado, el hombre explicó al juez que lo había hecho porque su
familia estaba muriéndose de hambre.
—La ley exige que sea usted castigado —declaró el juez—. Tengo que
exigirle una multa de 50 pesos. Al mismo tiempo metió la mano en su
bolsillo y dijo:
—Aquí tiene usted el dinero para pagar su multa. Y además —prosiguió
el juez—, pongo una multa de 10 pesos a cada uno de los presentes en
esta sala, por vivir en una ciudad donde un hombre necesita robar para
poder sobrevivir.
Pasaron una bandeja por el público, yel pobre hombre, totalmente
asombrado, abandonó la sala con 500 pesos en su bolsillo.
“Vivan todos unidos, compartan las preocupaciones de los demás, ámense
como hermanos, sean misericordiosos y humildes”. 1 Pedro 3, 8.
Ermitaño muy atareado
Se cuenta que un ermitaño se quejaba muchas veces que tenía demasiado
quehacer. La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad
estuviera con tanto trabajo. Les contestó: "Tengo que domar a dos
halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos,
vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león". “No vemos
ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos
animales?”
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
“Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también.
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y
malo. Tengo que domarlos para que sólo se lancen sobre una presa
buena, son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y
destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y
ayuden sin herir, son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde
les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles. Tengo
que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema
o cualquier cosa que no me gusta, son mis dos pies.
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada
en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar
a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca,
hace daño, es mi lengua. El burro es muy obstinado, no quiere cumplir
con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de
cada día, es mi cuerpo. Finalmente necesito domar al león, quiere ser
el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso, es mi
corazón”.
El sendero de las cosas
Señor, ayúdame a encontrarte más cada día por el sendero de las cosas.
Dame ese sentido delicado que permite amar santamente a todas tus
criaturas, comprenderlas y aceptar sus dulces y fuertes lecciones.
Puesto que tú, Verbo de Dios, quisiste hacerte hombre, para parecerme
a ti no tendré que ser menos hombre, sino más y más divinamente
hombre. Con la santa sencillez cristiana, querría pasear mi oración
contigo, Señor, por todas las cosas de este mundo que es tuyo.
Y en ellas te encontraré; porque no es demasiado difícil saber dónde
estás; lo imposible es saber dónde no estás. P. Charles SJ.
El picapedrero descontento
Estaba un picapedrero cortando adoquines de una gran piedra, y
cavilaba sobre la monotonía de su vida, cuando pasó, acompañado de un
brillante cortejo, el Emperador en persona. Iba sentado en un elefante
con dosel de oro, rodeado de ministros, soldados y cortesanos. El
picapedrero quedó maravillado y exclamó, por lo bajo: —¡Quién fuera
Emperador!
En el mismo instante se vio transformado en Emperador. Era él el que
estaba sentado bajo el dosel de oro, era señor de los hombres, y a un
gesto suyo se inclinaban al suelo ministros y soldados. Un día en una
parada el sol calentaba con calor excesivo y el Emperador se enjugaba
en vano su frente; se puso de mal humor porque veía que el sol era más
poderoso que él y exclamó enfadado: —¡Quién fuera sol!
En el mismo instante quedó transformado en sol. Estaba a sus anchas
nadando en la bóveda celeste, y despedía tanto calor que los hombres y
los animales iban jadeantes y se quemaba la hierba, y se agostaban las
flores. Esto divertía mucho al sol. Pero de repente una nube densa y
negra púsose ante él. El sol lanzaba su calor, pero en vano. Los rayos
no podían rasgar el tejido de la nube. Saltó de ira. y gritó: —¡Quién
fuera nube!
Y fue transformado en nube. Con desenfrenada furia dejaba caer sus
aguas sobre la tierra: los arroyuelos y los ríos se hincharon; la
corriente arrastraba las casas; los hombres se ahogaban; pero un
gigantesco peñasco se mantenía inconmovible, retador en su puesto. La
nube exclamó con saña: —¡Quién fuera peñasco!
Y en peñasco se convirtió. Ya estaba satisfecho. Con orgullo seguía en
su puesto y no le dañaba el ardor del sol ni la lluvia de la nube.
Pero un día llegó el hombre y clavó un agudo pico en el seno del
peñasco. Aquel hombre era más poderoso que él y exclamó: —¡Quién fuera
picapedrero! Y en aquel momento se vio otra vez picapedrero, y quedó
convencido de que lo mejor para vivir feliz, es contentarse con la
propia suerte, sin envidiar a los demás.
Un juicio muy especial
En un despiadado día de invierno, un anciano tembloroso fue llevado
ante los tribunales. Se le acusaba de haber robado un pan. Al ser
interrogado, el hombre explicó al juez que lo había hecho porque su
familia estaba muriéndose de hambre.
—La ley exige que sea usted castigado —declaró el juez—. Tengo que
exigirle una multa de 50 pesos. Al mismo tiempo metió la mano en su
bolsillo y dijo:
—Aquí tiene usted el dinero para pagar su multa. Y además —prosiguió
el juez—, pongo una multa de 10 pesos a cada uno de los presentes en
esta sala, por vivir en una ciudad donde un hombre necesita robar para
poder sobrevivir.
Pasaron una bandeja por el público, yel pobre hombre, totalmente
asombrado, abandonó la sala con 500 pesos en su bolsillo.
“Vivan todos unidos, compartan las preocupaciones de los demás, ámense
como hermanos, sean misericordiosos y humildes”. 1 Pedro 3, 8.
Ermitaño muy atareado
Se cuenta que un ermitaño se quejaba muchas veces que tenía demasiado
quehacer. La gente preguntó cómo era eso de que en la soledad
estuviera con tanto trabajo. Les contestó: "Tengo que domar a dos
halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos,
vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león". “No vemos
ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos
animales?”
Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
“Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes también.
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y
malo. Tengo que domarlos para que sólo se lancen sobre una presa
buena, son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y
destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y
ayuden sin herir, son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde
les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles. Tengo
que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema
o cualquier cosa que no me gusta, son mis dos pies.
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada
en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar
a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca,
hace daño, es mi lengua. El burro es muy obstinado, no quiere cumplir
con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de
cada día, es mi cuerpo. Finalmente necesito domar al león, quiere ser
el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso, es mi
corazón”.
El sendero de las cosas
Señor, ayúdame a encontrarte más cada día por el sendero de las cosas.
Dame ese sentido delicado que permite amar santamente a todas tus
criaturas, comprenderlas y aceptar sus dulces y fuertes lecciones.
Puesto que tú, Verbo de Dios, quisiste hacerte hombre, para parecerme
a ti no tendré que ser menos hombre, sino más y más divinamente
hombre. Con la santa sencillez cristiana, querría pasear mi oración
contigo, Señor, por todas las cosas de este mundo que es tuyo.
Y en ellas te encontraré; porque no es demasiado difícil saber dónde
estás; lo imposible es saber dónde no estás. P. Charles SJ.
sábado, 2 de marzo de 2013
Compartir Nº 135
¿Cuánto pesa una oración?
Poco después de la Segunda Guerra Mundial una mujer entró en un
almacén y pidió comida como para una cena de Navidad para sus hijos.
Cuando el dueño preguntó cuánto podría pagar, ella respondió: "Mi
marido murió en la guerra. La verdad es que no tengo nada que ofrecer
más que una pequeña oración."
El hombre, un incrédulo imperturbable ante la necesidad de la mujer,
dijo sarcásticamente: "Escriba su oración en un trozo de papel, y le
daré su peso en artículos de alimentación". Para su sorpresa, ella
sacó una nota doblada del bolsillo, y se la dio. "Ya la escribí
anoche, mientras estaba junto a la cama de mi hijo enfermo", contestó
de inmediato. El comerciante sin dignarse al menos leerla, la puso al
instante en un platillo de sus anticuadas balanzas.
"Bueno, veremos para cuánta comida vale", refunfuñó. Para sobresalto
suyo, no sucedió nada cuando puso una hogaza de pan en el otro
platillo. Pero se inquietó más todavía cuando añadió otros artículos y
seguía sin suceder nada. Finalmente dijo malhumorado: "Bueno, ya no
cabe más, de todas maneras. Aquí tiene la bolsa. Tendrá que ponerse
las cosas usted misma. ¡Estoy ocupado!". Con un sollozante “Gracias",
la mujer salió feliz.
El almacenero descubrió poco después que tenía las balanzas dañadas.
Con el paso de los años, seguía preguntándose si aquello había sido
una mera coincidencia. ¿Por qué la mujer tenía la oración ya escrita
antes de que él se la pidiera? ¿Cómo es que vino justo en el momento
en que el mecanismo se había roto?
Siempre que mira a aquella hoja de papel con su petición, se asombra,
porque así está escrito: "Por favor, amado Señor, ¡danos hoy nuestro
pan de cada día!"
Billetes falsos
El Gobierno de los Estados Unidos no le enseña a los agentes del
Ministerio de Hacienda a detectar billetes falsos mediante el estudio
cuidadoso de un sinnúmero de billetes falsificados. Al contrario, les
muestra una y otra vez los billetes genuinos hasta que retengan en su
memoria el diseño en sus menores detalles. Entonces, cuando un billete
falsificado es colocado delante de ellos, lo reconocen al instante
porque no está de acuerdo con el diseño que sus ojos buscan.
Hermano/a, ¿conoces la voz del Señor? La única manera que puedes saber
si la palabra que lees o escuchas es la de Dios, es leerla o
escucharla con tanta frecuencia que, cuando leas o escuches una
palabra extraña, la puedas reconocer de inmediato. Es mil veces más
sabio dedicar tiempo para aprender la única palabra verdadera que
tratar de aprender a detectar una multitud de palabras o voces falsas.
Ante la naturaleza
Padre, tú has creado este universo para que me ayude a conocerte mejor
y a amarte mejor. Cada rayo de luz, cada flor, cada nuevo paisaje a la
vuelta del camino es un mensajero oportuno que me invita, por senderos
fáciles, a subir hasta ti.
El rocío de la noche y el gallo que canta por la mañana, el viento que
murmura al pasar y el pan sobre la mesa, todo me habla de tu bondad.
Pero me falta la atención del corazón para encontrarte en todas las
cosas. Consérvame un alma vibrante, entusiasta, un alma joven, que no
se canse de leer el poema de la Naturaleza. Ayúdame a encontrar bajo
los colores y los sonidos tu pensamiento divino, como el lector
encuentra, bajo las letras del libro, el pensamiento del autor.
¡Que la Naturaleza sea para mí un templo grandioso, donde cada detalle
me revele tu gloria, tu poder y tu bondad!
Una simple apertura de mano
Conocedor de cuánto les gustan las cerezas a los monos, un cazador
inventó un sencillo método para cazarlos. Colocó una en el interior de
un frasco de vidrio y lo dejó abierto en la selva. Cuando llegó el
primer mono, metió la mano en el recipiente, decidido a atrapar el
apetitoso fruto. Instintivamente, cerró el puño con firmeza y observó,
con inesperada tristeza, que no podría lograr su objetivo con su
preciso manotazo.
La mano había quedado atascada por la boca del frasco, aunque con el
fruto alcanzado. El cazador se acercó rápidamente al mono, lo ató, le
dio un fuerte y preciso golpe en el codo y logró sacar la mano con la
cereza, preparada e intacta para una nueva víctima golosa.
A veces en la vida nos ocurre algo muy similar: Por no soltar algunos
apegos queridos, quedamos anclados al dolor, debilitados y vulnerables
ante cualquier mínimo temporal devastador. Una simple apertura de
mano, un soltar oportuno, puede hacernos percibir y lograr nuevos
objetivos, mucho más importantes que el inicial y rutinario...
¿Cuánto pesa una oración?
Poco después de la Segunda Guerra Mundial una mujer entró en un
almacén y pidió comida como para una cena de Navidad para sus hijos.
Cuando el dueño preguntó cuánto podría pagar, ella respondió: "Mi
marido murió en la guerra. La verdad es que no tengo nada que ofrecer
más que una pequeña oración."
El hombre, un incrédulo imperturbable ante la necesidad de la mujer,
dijo sarcásticamente: "Escriba su oración en un trozo de papel, y le
daré su peso en artículos de alimentación". Para su sorpresa, ella
sacó una nota doblada del bolsillo, y se la dio. "Ya la escribí
anoche, mientras estaba junto a la cama de mi hijo enfermo", contestó
de inmediato. El comerciante sin dignarse al menos leerla, la puso al
instante en un platillo de sus anticuadas balanzas.
"Bueno, veremos para cuánta comida vale", refunfuñó. Para sobresalto
suyo, no sucedió nada cuando puso una hogaza de pan en el otro
platillo. Pero se inquietó más todavía cuando añadió otros artículos y
seguía sin suceder nada. Finalmente dijo malhumorado: "Bueno, ya no
cabe más, de todas maneras. Aquí tiene la bolsa. Tendrá que ponerse
las cosas usted misma. ¡Estoy ocupado!". Con un sollozante “Gracias",
la mujer salió feliz.
El almacenero descubrió poco después que tenía las balanzas dañadas.
Con el paso de los años, seguía preguntándose si aquello había sido
una mera coincidencia. ¿Por qué la mujer tenía la oración ya escrita
antes de que él se la pidiera? ¿Cómo es que vino justo en el momento
en que el mecanismo se había roto?
Siempre que mira a aquella hoja de papel con su petición, se asombra,
porque así está escrito: "Por favor, amado Señor, ¡danos hoy nuestro
pan de cada día!"
Billetes falsos
El Gobierno de los Estados Unidos no le enseña a los agentes del
Ministerio de Hacienda a detectar billetes falsos mediante el estudio
cuidadoso de un sinnúmero de billetes falsificados. Al contrario, les
muestra una y otra vez los billetes genuinos hasta que retengan en su
memoria el diseño en sus menores detalles. Entonces, cuando un billete
falsificado es colocado delante de ellos, lo reconocen al instante
porque no está de acuerdo con el diseño que sus ojos buscan.
Hermano/a, ¿conoces la voz del Señor? La única manera que puedes saber
si la palabra que lees o escuchas es la de Dios, es leerla o
escucharla con tanta frecuencia que, cuando leas o escuches una
palabra extraña, la puedas reconocer de inmediato. Es mil veces más
sabio dedicar tiempo para aprender la única palabra verdadera que
tratar de aprender a detectar una multitud de palabras o voces falsas.
Ante la naturaleza
Padre, tú has creado este universo para que me ayude a conocerte mejor
y a amarte mejor. Cada rayo de luz, cada flor, cada nuevo paisaje a la
vuelta del camino es un mensajero oportuno que me invita, por senderos
fáciles, a subir hasta ti.
El rocío de la noche y el gallo que canta por la mañana, el viento que
murmura al pasar y el pan sobre la mesa, todo me habla de tu bondad.
Pero me falta la atención del corazón para encontrarte en todas las
cosas. Consérvame un alma vibrante, entusiasta, un alma joven, que no
se canse de leer el poema de la Naturaleza. Ayúdame a encontrar bajo
los colores y los sonidos tu pensamiento divino, como el lector
encuentra, bajo las letras del libro, el pensamiento del autor.
¡Que la Naturaleza sea para mí un templo grandioso, donde cada detalle
me revele tu gloria, tu poder y tu bondad!
Una simple apertura de mano
Conocedor de cuánto les gustan las cerezas a los monos, un cazador
inventó un sencillo método para cazarlos. Colocó una en el interior de
un frasco de vidrio y lo dejó abierto en la selva. Cuando llegó el
primer mono, metió la mano en el recipiente, decidido a atrapar el
apetitoso fruto. Instintivamente, cerró el puño con firmeza y observó,
con inesperada tristeza, que no podría lograr su objetivo con su
preciso manotazo.
La mano había quedado atascada por la boca del frasco, aunque con el
fruto alcanzado. El cazador se acercó rápidamente al mono, lo ató, le
dio un fuerte y preciso golpe en el codo y logró sacar la mano con la
cereza, preparada e intacta para una nueva víctima golosa.
A veces en la vida nos ocurre algo muy similar: Por no soltar algunos
apegos queridos, quedamos anclados al dolor, debilitados y vulnerables
ante cualquier mínimo temporal devastador. Una simple apertura de
mano, un soltar oportuno, puede hacernos percibir y lograr nuevos
objetivos, mucho más importantes que el inicial y rutinario...
sábado, 2 de febrero de 2013
Compartir Nº 134
¿Algún día almorzaste con Dios?
Un niño quería conocer a Dios. Sabía que era un largo viaje hasta
donde Dios vive, así que puso en su bolso unos pastelitos fritos y
varias botellas de gaseosas. Y comenzó su caminata.
Cuando había caminado como diez cuadras, se encontró con una mujer
anciana. Ella estaba sentada en un parque, contemplando algunas
palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su bolso. Estaba a
punto de beber una gaseosa, cuando notó que la anciana parecía
hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella, agradecida, aceptó
el obsequio y sonrió al niño. Su sonrisa era tan bella que el niño
quería seguir viéndola así y le ofreció una de sus gaseosas. De
nuevo, ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado!
Él se quedó toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de los
dos pronunció ninguna palabra. Mientras oscurecía, el niño se sintió
cansado, se levantó para irse, pero antes de seguir, dio vuelta atrás,
corrió hacia la anciana, y le dio un abrazo. Ella, después de
abrazarlo, le dio la más grande sonrisa de su vida.
Cuando el niño llegó a su casa, abrió la puerta. Su madre estaba
sorprendida por la cara de felicidad. Entonces le preguntó: "Hijo,
¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?” El niño contestó: "¡Hoy
almorcé con Dios!"..., y antes de que su madre contestara algo,
añadió: "Y, ¿sabes que?, ¡tiene la sonrisa más hermosa que he visto!"
Mientras tanto, por otra parte la anciana también, radiante de
felicidad, regresó a su casa. Su hijo quedó sorprendido por la
expresión de paz en su rostro, y preguntó: "Mamá, ¿Qué hiciste hoy,
que te has puesto tan feliz?". La anciana contestó: "¡Comí pastelitos
con Dios en el parque!". Y antes de que su hijo respondiera, añadió: "
Y, ¿sabes?, ¡es más joven de lo que yo pensaba!".
Muchas veces, no le damos importancia al valor de un abrazo, de una
palmada en la espalda, de una sonrisa, de una palabra de aliento, o un
oído que te escucha, o el acto más pequeño de caridad..., todos esos
detalles, que tienen el poder maravilloso de cambiarte la vida, o de
darle un gran giro. Las personas llegan a nuestra vida por alguna
razón, ya sea por una temporada, o por toda la vida. ¡Recíbelos a
todos con igual respeto y cariño! No dejes que nada ni nadie apague la
vela de la fe, de la esperanza y el amor, que Dios ha encendido en tu
corazón.
Comparte tus dones
Si tienes un regalo, no lo ocultes.
Si tienes una canción, cántala.
Si tienes talento, ejercítalo
Si tienes amor, bríndalo.
Si tienes tristeza, sopórtala.
Si tienes felicidad, compártela.
Si tienes religión, vive y obra según ella.
Si tienes una oración, dila a los cielos.
Si tienes una palabra dulce, no la retengas.
Porque: todos tenemos regalos que podemos dar.
Todos tenemos canciones que podemos cantar.
Todos tenemos palabras melodiosas que podemos decir.
Todos tenemos plegarias que podemos orar.
Todos tenemos amor y alegría que podemos dar.
Todos tenemos una vida feliz por vivir.
Repartamos por el mundo lo que Dios nos dio para compartir.
El sol y el viento
El sol y el viento discutían sobre cuál de los dos era más fuerte. La
discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo
que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas
desarrollándolas contra él. - Vas a ver - dijo el viento- cómo con
sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras. Y comenzó a
soplar cuanto podía. Pero cuantos más esfuerzos hacía, el hombre más
oprimía su capa, gruñendo contra el viento, y seguía caminando. El
viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se
detuvo y más cerraba su capa.
Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa. Sonrió el
Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre
hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se
la puso sobre el hombro. -Ya ves- le dijo el Sol al Viento- cómo con
la bondad se consigue más que con la violencia.
Los seres humanos deberíamos pensar profundamente acerca de nuestras
acciones. Utiliza-mos la violencia, la ironía, la agresividad, la
sorna y la burla para tratar de lograr nuestros objetivos. Pero no nos
damos cuenta de que, la mayoría de las veces, con esos métodos, es más
difícil alcanzarlos. Siempre una sonrisa puede lograr mucho más que el
más fuerte de los gritos. Y basta con ponerse por un momento en el
lugar de los demás para comprobarlo. ¿Preferimos una sonrisa o un
insulto? ¿Preferimos una caricia o una bofetada? ¿Preferimos una
palabra tierna o una sonrisa irónica? Pensemos que los demás
seguramente prefieren lo mismo que nosotros. Entonces tratemos a
nuestros semejantes de la misma manera en la que nos gustaría ser
tratados. Así veremos que todo será mejor. Que el mundo será mejor.
Que la vida será mejor.
Amabilidad
¡Qué fácilmente creemos que nos faltan nuestros prójimos, que no nos
estiman, que no nos quieren! Basta ver el rostro de un amigo un poco
más sombrío que de costumbre para persuadirnos de su indiferencia o de
su frialdad. O bien uno ha dicho a la ligera una palabra que nos ha
disgustado, acaso un imprudente nos recordó palabras proferidas contra
nosotros, y de todas estas tonterías hacemos una montaña. Como triste
consecuencia queda una amistad turbada y quizás perdida por algo que
no mereció la pena haberlo tenido en cuenta.
Sé indulgente. Olvida las pequeñas penas que te hayan podido causar;
no conserves ningún resentimiento por las palabras inconsideradas o
desfavorables que se han dicho contra ti; excusa los descuidos, las
ligerezas de las cuales eres víctima; juzga siempre de buena intención
a aquellos que te hayan hecho algún agravio, en fin, muestra un
semblante amable en todas las ocasiones. De esta manera estarás en paz
con tu prójimo y practicarás de modo excelente la caridad cristiana,
que es imposible practicar sin una indulgencia en todos los instantes.
“El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad,
afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y dominio de sí mismo”
(Gálatas 5, 22-23).
La sopa de piedra
Una vez llegó a un pueblo un hombre y pidió por las casas para comer,
pero la gente le decía que no tenían nada para darle. Al ver que no
conseguía su objetivo, cambió de estrategia. Llamó a la casa de una
mujer para que le diese algo de comer.
— Buenas tardes, Señora. ¿Me da algo para comer, por favor? — Lo
siento, pero en este momento no tengo nada en casa, dijo ella. — No se
preocupe - dijo amablemente el extraño- tengo una piedra en mi mochila
con la que podría hacer una sopa. Si usted me permitiera ponerla en
una olla de agua hirviendo, yo haría la mejor sopa del mundo. — ¿Con
una piedra va a hacer usted una sopa? ¡Me está tomando el pelo! — En
absoluto, señora, se lo prometo. Tráigame una olla bien grande, por
favor, y se lo demostraré.
La mujer buscó la olla más grande y la colocó en mitad de la plaza. El
extraño preparó el fuego y colocaron la olla con agua. Cuando el agua
empezó a hervir ya estaba todo el vecindario en torno a aquel extraño
que, tras dejar caer la piedra en el agua, probó una cucharada
exclamando: — ¡Deliciosa! Lo único que necesita son unas papas.
Una mujer se ofreció de inmediato para traerlas de su casa. El hombre
probó de nuevo la sopa, que ya estaba más gustosa, pero dijo que le
faltaba un poco de carne.
Otra mujer voluntaria corrió a su casa a buscarla. Y con el mismo
entusiasmo y curiosidad se repitió la escena al pedir unas verduras y
sal. Por fin pidió: — ¡Platos para todo el mundo!
La gente fue a sus casas a buscarlos y hasta trajeron pan y frutas.
Luego se sentaron todos a disfrutar de la espléndida comida,
sintiéndose extrañamente felices de compartir, por primera vez, su
comida.
Y aquel hombre extraño desapareció dejándoles la milagrosa piedra, que
podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del
mundo.
Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero
no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos.
Martin Luther King
¿Algún día almorzaste con Dios?
Un niño quería conocer a Dios. Sabía que era un largo viaje hasta
donde Dios vive, así que puso en su bolso unos pastelitos fritos y
varias botellas de gaseosas. Y comenzó su caminata.
Cuando había caminado como diez cuadras, se encontró con una mujer
anciana. Ella estaba sentada en un parque, contemplando algunas
palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su bolso. Estaba a
punto de beber una gaseosa, cuando notó que la anciana parecía
hambrienta, así que le ofreció un pastelito. Ella, agradecida, aceptó
el obsequio y sonrió al niño. Su sonrisa era tan bella que el niño
quería seguir viéndola así y le ofreció una de sus gaseosas. De
nuevo, ella le sonrió. ¡El niño estaba encantado!
Él se quedó toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de los
dos pronunció ninguna palabra. Mientras oscurecía, el niño se sintió
cansado, se levantó para irse, pero antes de seguir, dio vuelta atrás,
corrió hacia la anciana, y le dio un abrazo. Ella, después de
abrazarlo, le dio la más grande sonrisa de su vida.
Cuando el niño llegó a su casa, abrió la puerta. Su madre estaba
sorprendida por la cara de felicidad. Entonces le preguntó: "Hijo,
¿qué hiciste hoy que te hizo tan feliz?” El niño contestó: "¡Hoy
almorcé con Dios!"..., y antes de que su madre contestara algo,
añadió: "Y, ¿sabes que?, ¡tiene la sonrisa más hermosa que he visto!"
Mientras tanto, por otra parte la anciana también, radiante de
felicidad, regresó a su casa. Su hijo quedó sorprendido por la
expresión de paz en su rostro, y preguntó: "Mamá, ¿Qué hiciste hoy,
que te has puesto tan feliz?". La anciana contestó: "¡Comí pastelitos
con Dios en el parque!". Y antes de que su hijo respondiera, añadió: "
Y, ¿sabes?, ¡es más joven de lo que yo pensaba!".
Muchas veces, no le damos importancia al valor de un abrazo, de una
palmada en la espalda, de una sonrisa, de una palabra de aliento, o un
oído que te escucha, o el acto más pequeño de caridad..., todos esos
detalles, que tienen el poder maravilloso de cambiarte la vida, o de
darle un gran giro. Las personas llegan a nuestra vida por alguna
razón, ya sea por una temporada, o por toda la vida. ¡Recíbelos a
todos con igual respeto y cariño! No dejes que nada ni nadie apague la
vela de la fe, de la esperanza y el amor, que Dios ha encendido en tu
corazón.
Comparte tus dones
Si tienes un regalo, no lo ocultes.
Si tienes una canción, cántala.
Si tienes talento, ejercítalo
Si tienes amor, bríndalo.
Si tienes tristeza, sopórtala.
Si tienes felicidad, compártela.
Si tienes religión, vive y obra según ella.
Si tienes una oración, dila a los cielos.
Si tienes una palabra dulce, no la retengas.
Porque: todos tenemos regalos que podemos dar.
Todos tenemos canciones que podemos cantar.
Todos tenemos palabras melodiosas que podemos decir.
Todos tenemos plegarias que podemos orar.
Todos tenemos amor y alegría que podemos dar.
Todos tenemos una vida feliz por vivir.
Repartamos por el mundo lo que Dios nos dio para compartir.
El sol y el viento
El sol y el viento discutían sobre cuál de los dos era más fuerte. La
discusión fue larga, porque ninguno de los dos quería ceder. Viendo
que por el camino avanzaba un hombre, acordaron en probar sus fuerzas
desarrollándolas contra él. - Vas a ver - dijo el viento- cómo con
sólo echarme sobre ese hombre, desgarro sus vestiduras. Y comenzó a
soplar cuanto podía. Pero cuantos más esfuerzos hacía, el hombre más
oprimía su capa, gruñendo contra el viento, y seguía caminando. El
viento encolerizado, descargó lluvia y nieve, pero el hombre no se
detuvo y más cerraba su capa.
Comprendió el viento que no era posible arrancarle la capa. Sonrió el
Sol mostrándose entre dos nubes, recalentó la tierra y el pobre
hombre, que se regocijaba con aquel dulce calor, se quitó la capa y se
la puso sobre el hombro. -Ya ves- le dijo el Sol al Viento- cómo con
la bondad se consigue más que con la violencia.
Los seres humanos deberíamos pensar profundamente acerca de nuestras
acciones. Utiliza-mos la violencia, la ironía, la agresividad, la
sorna y la burla para tratar de lograr nuestros objetivos. Pero no nos
damos cuenta de que, la mayoría de las veces, con esos métodos, es más
difícil alcanzarlos. Siempre una sonrisa puede lograr mucho más que el
más fuerte de los gritos. Y basta con ponerse por un momento en el
lugar de los demás para comprobarlo. ¿Preferimos una sonrisa o un
insulto? ¿Preferimos una caricia o una bofetada? ¿Preferimos una
palabra tierna o una sonrisa irónica? Pensemos que los demás
seguramente prefieren lo mismo que nosotros. Entonces tratemos a
nuestros semejantes de la misma manera en la que nos gustaría ser
tratados. Así veremos que todo será mejor. Que el mundo será mejor.
Que la vida será mejor.
Amabilidad
¡Qué fácilmente creemos que nos faltan nuestros prójimos, que no nos
estiman, que no nos quieren! Basta ver el rostro de un amigo un poco
más sombrío que de costumbre para persuadirnos de su indiferencia o de
su frialdad. O bien uno ha dicho a la ligera una palabra que nos ha
disgustado, acaso un imprudente nos recordó palabras proferidas contra
nosotros, y de todas estas tonterías hacemos una montaña. Como triste
consecuencia queda una amistad turbada y quizás perdida por algo que
no mereció la pena haberlo tenido en cuenta.
Sé indulgente. Olvida las pequeñas penas que te hayan podido causar;
no conserves ningún resentimiento por las palabras inconsideradas o
desfavorables que se han dicho contra ti; excusa los descuidos, las
ligerezas de las cuales eres víctima; juzga siempre de buena intención
a aquellos que te hayan hecho algún agravio, en fin, muestra un
semblante amable en todas las ocasiones. De esta manera estarás en paz
con tu prójimo y practicarás de modo excelente la caridad cristiana,
que es imposible practicar sin una indulgencia en todos los instantes.
“El fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad,
afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y dominio de sí mismo”
(Gálatas 5, 22-23).
La sopa de piedra
Una vez llegó a un pueblo un hombre y pidió por las casas para comer,
pero la gente le decía que no tenían nada para darle. Al ver que no
conseguía su objetivo, cambió de estrategia. Llamó a la casa de una
mujer para que le diese algo de comer.
— Buenas tardes, Señora. ¿Me da algo para comer, por favor? — Lo
siento, pero en este momento no tengo nada en casa, dijo ella. — No se
preocupe - dijo amablemente el extraño- tengo una piedra en mi mochila
con la que podría hacer una sopa. Si usted me permitiera ponerla en
una olla de agua hirviendo, yo haría la mejor sopa del mundo. — ¿Con
una piedra va a hacer usted una sopa? ¡Me está tomando el pelo! — En
absoluto, señora, se lo prometo. Tráigame una olla bien grande, por
favor, y se lo demostraré.
La mujer buscó la olla más grande y la colocó en mitad de la plaza. El
extraño preparó el fuego y colocaron la olla con agua. Cuando el agua
empezó a hervir ya estaba todo el vecindario en torno a aquel extraño
que, tras dejar caer la piedra en el agua, probó una cucharada
exclamando: — ¡Deliciosa! Lo único que necesita son unas papas.
Una mujer se ofreció de inmediato para traerlas de su casa. El hombre
probó de nuevo la sopa, que ya estaba más gustosa, pero dijo que le
faltaba un poco de carne.
Otra mujer voluntaria corrió a su casa a buscarla. Y con el mismo
entusiasmo y curiosidad se repitió la escena al pedir unas verduras y
sal. Por fin pidió: — ¡Platos para todo el mundo!
La gente fue a sus casas a buscarlos y hasta trajeron pan y frutas.
Luego se sentaron todos a disfrutar de la espléndida comida,
sintiéndose extrañamente felices de compartir, por primera vez, su
comida.
Y aquel hombre extraño desapareció dejándoles la milagrosa piedra, que
podrían usar siempre que quisieran hacer la más deliciosa sopa del
mundo.
Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero
no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos.
Martin Luther King
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