jueves, 10 de mayo de 2012

Compartir Nº 125  Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
Córdoba - Argentina


Las tres pipas

Una vez, un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para
informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin
piedad! El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a
hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo, llenara su pipa de
tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.
El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.
Tardó una hora en terminar la pipa. Luego, sacudió las cenizas y
decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado
mejor, que era excesivo matar a su enemigo, pero que sí le daría una
paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa. Nuevamente,
el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que, ya que
había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla
al mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y pasó
media hora meditando.

Después, regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba
excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en
cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como
siempre, fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle
que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.
El hombre, medio molesto, pero ya mucho más sereno, se dirigió al
árbol centenario, y allí sentado, fue convirtiendo en humo su tabaco y
su encono. Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo
mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi
agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente
se arrepentirá de lo que ha hecho". El jefe le regaló dos cargas de
tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: -
"Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo
yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo".

Oración a Jesús crucificado
Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado en tu presencia; te ruego
con el mayor fervor imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe,
esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito
firmísimo de jamás ofenderte; mientras que yo, con todo el amor y con
toda la compasión de mi alma, voy contemplando tus cinco llagas,
comenzando por aquello que dijo de ti el santo profeta David: “Han
taladrado mis  manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.

El globo negro

Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria
del pueblo. El pueblo era pequeño y el vendedor había llegado pocos
días atrás, por lo tanto no era una persona conocida. En pocos días la
gente se dio cuenta de que era un excelente vendedor ya que usaba una
técnica muy singular que lograba captar la atención de niños y
grandes. En un momento soltó un globo rojo y toda la gente,
especialmente los potenciales, pequeños clientes, miraron como el
globo remontaba vuelo hacia el cielo. Luego soltó un globo azul,
después uno verde, después uno amarillo, uno blanco... Todos ellos
remontaron vuelo al igual que el globo rojo...
El niño negro, sin embargo, miraba fijamente sin desviar su atención,
un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano. Finalmente
decidió acercarse y le preguntó al vendedor: “Señor, si soltara usted
el globo negro, ¿subiría tan alto como los demás?” El vendedor sonrió
comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el
globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: “No es el
color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay adentro”.

El barquero y el filósofo
Estaba Nasruddín trabajando de barquero cuando se le acercó un
filósofo pedante para que lo cruzara al otro lado del ancho río.
Una vez en la barca y para mostrar a Nasruddin sus conocimientos y su
“superioridad”, el intelectual ostentoso le preguntó: —¿Has estudiado
alguna vez metafísica?
— No, respondió el barquero. Ni siquiera sé qué significa esa palabra.
— ¡Pues has perdido la mitad de tu vida! Le dijo el filósofo.
Después de un rato y cuando estaban en medio del ancho río, empezó a
caer un verdadero diluvio y Nasruddín le preguntó al filósofo
presumido:
—¿Sabe usted nadar?
— No, le dijo aquel.
— Pues entonces ha perdido usted toda su vida, ¡nos estamos hundiendo!

El pequeño clavo

Se construyó una nueva Iglesia y de todas partes acudía gente para
admirarla. Pasaban horas admirando su belleza. Arriba, en lo alto, en
las maderas del tejado, había un pequeño clavo testigo de todo lo que
ocurría. Oía cómo alababan cada detalle de tan encantadora estructura.
Pero nadie lo mencionaba a él. Ni siquiera sabían que estaba allí, y
se sintió irritado y lleno de envidia. ¡Si soy tan insignificante,
nadie echará de menos mi falta!
Entonces el clavo decidió dejar de hacer presión sobre la madera y se
fue deslizando hasta caer al suelo. Aquella noche llovió mucho. Donde
faltaba el clavo, el tejado comenzó a ceder, separándose las tejas. El
agua corrió por las paredes y los bonitos murales. El yeso comenzó a
caerse, la alfombra se manchó y el Misal quedó arruinado por el agua.
Todo esto porque un pequeño clavo desistió de su trabajo. ¿Y el clavo?
Al asegurar las maderas del tejado, pasaba desapercibido, pero era
útil. Ahora, enterrado en el barro, olvidado e inútil, acabó carcomido
por el óxido.

lunes, 9 de abril de 2012

Compartir Nº124, abril 2012


Grave accidente de moto

Me llamaron para visitar a un joven en su casa. Era un caso distinto a
todos los demás. Se llama... no importa el nombre, pero sí es
importante su historia. No es la historia de todos pero sí la de
muchos jóvenes. No es fácil mirar al futuro teniendo 23 años y una
columna vertebral partida en cien pedazos, como consecuencia de un
grave accidente.

No podía salir de su casa, y por ello decidí visitarlo. Su hogar era
una casa espaciosa, con un bien cuidado jardín a la entrada. La luz
entraba tenue por entre las cortinas que, entreabiertas, daban la
visión de otro jardín enorme, con árboles y flores, con piscina, y una
cancha de tenis bien cuidada. El silencio que allí reinaba era
sepulcral. Nadie hablaba. En medio de la sala, un joven fortachón,
pelo largo, ojos apagados, sentado en una silla de ruedas, me miró e
intentó sonreír, pero no pudo.

"Pablo... -me dijo- ¿para qué mi colegio, mi universidad, mis inicios
de postgrado en Inglaterra? ¿Para qué mis clases de fútbol, de
ajedrez?... Nunca me preparé para caerme de una moto y quedar
inválido. Mis padres decían: Tenemos un hijo que va a ser nuestro
orgullo. Tú, -decía mi padre- serás el continuador de mi imperio, y
serás temido entre mis competidores, porque yo te estoy preparando
para ser un triunfador...

Tenía todo... me faltaba una moto, también la tuve. La mejor: 750
cilindradas. ¡Una bala! Tuve la moto, y con ella lo creí tener todo...
pero nunca tuve a Dios. No lo necesitaba. No estaba en mis planes, ni
en los planes de mis padres. Nuestra ruta era la del triunfo, y Dios
no estaba en nuestro camino.

Un día, había llovido toda la noche. La ruta estaba mojada. Yo quise
arriesgar y vivir al límite de mis posibilidades, pero... la moto rodó
por el asfalto, y me golpeé contra el suelo. Mi columna se partió en
cien pedazos. Meses de hospital, recuperaciones, futuro incierto.
Nunca me prepararon para esto. Se olvidaron de mí, y me olvidé de mi
alma. Díselo tú a la gente. A mí no me van a creer. Simplemente
descríbeme, y mi imagen es la más clara necesidad de Dios.

“Para ser un triunfador en la vida, hay que empezar, seguir y terminar
en Dios. Sólo así, con un espíritu fortalecido en la fe, podrás
sentirte un hombre triunfador. Uno hace una casa para construir un
hogar, y así, cuando llueva, tener dónde resguardarnos. Uno no tiene a
Dios en su alma para cuando sufras un accidente, o te dé cáncer, o te
despidan del trabajo... No. Tienes a Dios para ser feliz, El te
resguardará del peligro y, si te pasa algo, Él te dará consuelo. ¡Dios
te bendice!”

 Experto en el problema

Una vez iba un hombre en su automóvil por una larga y muy solitaria
carretera, cuando de pronto su auto comenzó a detenerse hasta quedar
estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que
tenía. Pensaba que pronto podría encontrar la falla del auto pues
hacía muchos años que lo conducía, sin embargo después de un largo
rato se dio cuenta de que no encontraba el problema del motor.
En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un hombre a ofrecerle
ayuda. El dueño del primer auto dijo: - Mira, éste es mi auto de toda
la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú sin ser
el dueño puedas hacer algo. El otro hombre insistió con una cierta
sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:
- Bueno, haz el intento pero dudo mucho que puedas lograrlo. El
segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos pudo detectar
la falla que tenía el auto y lo hizo arrancar. El primer hombre quedó
atónito y preguntó: -¿Cómo pudiste ponerlo en marcha tan rápido? El
segundo hombre contestó: - Verás, mi nombre es Félix Wankel....yo
inventé el motor rotatorio que tiene tu coche.
Cuando no puedas resolver alguno de esos problemas difíciles de la
vida, pídele orientación y ayuda al que te conoce por haberte creado:
Dios.

¿Qué ves?

Cierto día, hace muchísimos años, un comerciante rico y avaro, acudió
a un sabio sacerdote en busca de orientación. Éste lo llevó ante una
ventana y le dijo:
—Mira a través de este vidrio y dime: ¿qué ves?
—Gente -contestó el rico comerciante.
 —Mírate en este espejo. ¿Qué ves ahora?
—Me veo a mí mismo -le contestó al instante el avaro-.
—He ahí, hermano, -le dijo entonces el santo varón- en la ventana hay
un vidrio y en el espejo también. Pero ocurre que el vidrio del espejo
está cubierto con un poquito de plata, y en cuanto hay un poco de
plata de por medio, dejamos de ver a los demás y sólo nos vemos a
nosotros mismos.

Hombres de paz

En New London, una ciudad pequeña de Conneticut, se dispuso una semana
de moratoria de las armas: los ciudadanos fueron invitados por el
alcalde a entregar las armas que poseían, con la promesa de que no
serían interrogados por la policía, ni se despediría nombres ni otros
datos.
El único que se presentó hasta el momento de esta nota a la central de
policía como respuesta al llamamiento fue Robert Allen, de cuatro
años. Con expresión extremadamente seria, Robert entregó a un agente
dos pistolas metálicas, un revolver de plástico y un fusil-radio del
“servicio secreto”.
Robert al entregar sus armas expresó: —Entrego mis armas porque no
deseo matar a nadie.
Robert Allen fue acompañado a la policía por una dama, su madre, quien
expresó: —La idea fue de él, y me obligó a acompañarlo.
Jesús dijo: —Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro
muere (Mateo 26, 52).

Rosarito de la Divina Misericordia

El mismo Jesús enseñó esta “coronilla” o pequeño rosario a santa
Faustina Kowalska. Se reza especialmente para pedir la conversión de
los pecadores, pero con ella puedes implorar cualquier otra gracia al
Señor.
Se comienza rezando un padrenuestro, avemaría y credo. Luego, con un
rosario, en las cuentas correspondientes al padrenuestro se reza esta
invocación: “Padre eterno, te ofrezco el cuerpo y la sangre, el alma y
la divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en
expiación de nuestros pecados y los del mundo entero”. Y en las
cuentas del avemaría: “Por su dolorosa pasión ten misericordia de
nosotros y del mundo entero”. Al final de las cincuenta invocaciones,
se dirá por tres veces: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros y del mundo entero”.
“A quienes recen este Rosario me complazco en darles los que me piden.
¡Oh qué gracias más grandes concederé a las almas que recen este
Rosario. Las entrañas de mi misericordia se enternecen por los que
rezan este Rosario. Quienquiera que lo rece recibirá gran misericordia
a la hora de la muerte. Los sacerdotes se lo recomendarán a los
pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más
empedernido, si reza este Rosario una sola vez, recibirá la gracia de
mi misericordia infinita. Deseo que el mundo enero conozca mi
misericordia.”  Palabras de Jesús a Santa Faustina Kowalska.

jueves, 1 de marzo de 2012

Compartir Nº 123, marzo 2012

La niña y las perlas
Emi era una linda niña de cinco años de ojos relucientes. Un día
mientras ella con su mamá visitaban un supermercado, la pequeña vio un
collar de perlas de plástico que costaba $ 5,50. ¡Cuánto deseaba
poseerlo! Preguntó a su madre si se lo compraría, y su mamá le dijo:
“Hagamos un trato: yo te compro el collar, y al volver a casa, hacemos
una lista de tareas que puedes realizar para pagarlo, ¿está bien?” Emi
estuvo de acuerdo, y su mamá le compró el collar de perlas. La niña
trabajaba con empeño todos los días y cumplía sus tareas.

En poco tiempo canceló su deuda. ¡Emi amaba sus perlas! Las llevaba
puestas a todas partes: al colegio, a la cama y cuando salía con su
mamá. Tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando Emi iba a su
cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle un cuento. Una
noche, al terminar el relato, le dijo: “Emi, ¿me quieres?’, “Oh, sí,
papá”. “Entonces, regálame tus perlas”, le pidió. “iOh, papá! Mis
perlas, no”, dijo Emi. “Pero te doy a Betty, mi muñeca favorita. ¿La
recuerdas?, me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños, ¿está
bien, papá?”, “Oh, no, hijita. Pero no importa”, le dijo dándole un
beso en la mejilla. “Buenas noches, pequeña”.

Una semana después, de nuevo su papá le preguntó al terminar el
cuento: “Emi, ¿tú me quieres?”, “Oh, sí, papá”, le dijo ella.
“Entonces regálame tus perlas”. “iOh, papá!, mis perlas; no. Pero te
doy a mi caballo de juguete, su pelo es tan suave y tú puedes jugar
con él y hacerle trencitas”. “Oh, no, hijita, está bien,” le dijo su
papá besándola en la mejilla. “Felices sueños”. Algunos días después,
cuando el papá de Emi entró a su dormitorio para leerle un cuento, Emi
estaba sentada en la cama y le temblaban los labios, “Toma papá” le
dijo, y estiró su mano. La abrió y allí estaba su querido collar, que
entregó a su padre.

Con una mano él tomó las perlas de plástico y con la otra extrajo de
su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la cajita había
unas hermosas perlas genuinas. El las había tenido todo este tiempo, a
la espera de que Emi renunciara a la baratija, para poder darle algo
de valor. También nuestro Padre Celestial aguarda que renunciemos a
esas cosas sin valor en nuestras vidas, para darnos preciosos tesoros.
¿No es bueno el Señor? Y pienso en esas cosas a las cuales me aferro,
y me pregunto: ¿qué quiere darme Dios en su lugar?

Desacelera el ritmo
Desacelera el ritmo de tu corazón silenciando tu mente. Resuelve sólo
una cosa por vez. Rompe la tensión de tus nervios y músculos con la
dulce música de los arroyos que viven en tu memoria. Vive intensamente
la paz del sueño.
Aprende a tomar vacaciones de un minuto, al detenerte a mirar una
flor, al conversar con un amigo, al contemplar un amanecer o al leer
algunas líneas de un buen libro. Recuerda que una vida más intensa no
quiere decir una vida más rápida. Mira las ramas del roble que florece
y comprende que creció grande y fuerte porque creció despacio y bien.
Ten calma, desacelera el paso y echa tus raíces en la buena tierra de
lo que realmente vale, para así crecer hacia las estrellas. Cada
mañana, al despertar, pide a Dios que te dé serenidad y fortaleza para
enfrentar las luchas cotidianas.
El padre nuestro de Dios
Hijo mío que estás en la tierra, preocupado, solitario, tentado. Yo
conozco perfectamente tu nombre, y lo pronuncio como santificándolo,
porque te amo. No, no estas sólo, sino, habitado por mí, y juntos
construimos este reino del que tú vas a ser el heredero.
Me gusta que hagas mi voluntad, porque mi voluntad es que tú seas
feliz. Ya que la gloria de Dios es el hombre viviente. Cuenta siempre
conmigo y tendrás el pan para hoy, no te preocupes, sólo te pido que
sepas compartirlo con tus hermanos. Sabes que te perdono todas tus
ofensas antes incluso de que las cometas.
Por eso te pido que hagas lo mismo con los que a ti te ofenden. Para
que nunca caigas en la tentación, tómate fuerte de mi mano y yo te
libraré del mal, pobre y querido hijo mío. José Luis Martín Descalzo.

No te rindas nunca
La joven maestra leyó la nota adjunta a la hermosa planta de hiedra.
"Gracias a las semillas que usted plantó, algún día seremos como esta
hermosa planta. Le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotras.
Gracias por invertir tiempo en nuestras vidas". Una amplia sonrisa
iluminó el rostro de la maestra, mientras por sus mejillas corrían
lágrimas de alegría. Las chicas a quienes les había dado clase, se
acordaban de agradecer a su maestra.
La planta de hiedra representaba un regalo de amor. Durante meses la
maestra regó fielmente la planta en crecimiento. Pero al cabo de un
año, algo sucedió. Las hojas empezaron a ponerse amarillas y a caerse;
todas, menos una. Pensó en deshacerse de la hiedra, pero decidió
seguir regándola y fertilizándola. Un día, al pasar por la cocina, la
maestra vio que la planta tenía un brote nuevo.
Unos días después, apareció otra hoja, y luego otra más. En pocos
meses, la hiedra estaba otra vez convirtiéndose en una hermosa planta.
Hay pocas alegrías más grandes que la bendición de invertir fielmente
amor y tiempo en las vidas de otras personas. ¡Nunca, nunca te des por
vencido con esas plantas!

Las siete maravillas del mundo
Una vez cierto maestro pidió a sus alumnos que escribieran una lista
de las 7 maravillas del mundo. Más tarde pidió que cada uno leyera su
lista. A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo
siguiente: 1. Las Pirámides de Egipto; 2. El Taj Mahal; 3. El Canal de
Panamá; 4. El Empire State; 5. La Basílica de San Pedro; 6. La Muralla
China

El maestro buscaba consenso para la séptima maravilla, cuando notó que
una estudiante permanecía callada y no había entregado aún su lista,
así que le preguntó si tenía problemas para hacer su elección. La
muchacha tímidamente respondió: —Si, un poco, no puedo decidirme, pues
son tantas las maravillas... El maestro le dijo: —Dinos lo que has
escrito, tal vez podamos ayudarte. La muchacha, titubeó un poco y
finalmente leyó: —Creo que las siete maravillas del mundo son: 1.
Poder pensar; 2. Poder hablar; 3. Poder actuar; 4. Poder escuchar; 5.
Poder servir; 6. Poder rezar; Y la más importante de todas... poder
amar

Después de leído esto, el salón quedó en absoluto silencio... Es muy
sencillo para nosotros poder ver las obras del hombre y referirnos a
ellas como maravillas, cuando a veces pasan desapercibidas las
maravillas que Dios hace en nosotros con su gracia y que cada uno debe
desarrollar. ¡Tú has sido creado por Dios para ser una maravilla!

jueves, 2 de febrero de 2012

La Presentación del Señor. (F).

El Evangelio nos recuerda hoy dos rituales de la antigua tradición de Israel. Uno es la presentación del primogénito en el Templo de Jerusalén. El otro ritual es el que obligaba a la madre, a los cuarenta días del parto, a realizar un sacrificio de purificación. Jesús pertenece a este pueblo y a esta tradición, y su familia cumplió estas tradiciones y todo lo que estipulaba la Ley. Esos ritos fueron ocasión para manifestar la salvación que llegaba al mundo como luz. En este día, encendemos velas (candelas) y en algunos lugares se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria.

PRIMERA LECTURA

Mal 3, 1-4

Lectura de la profecía de Malaquías.

Así habla el Señor Dios: Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el ángel de la Alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. Él se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia. La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.

Palabra de Dios.



Comentario

El profeta anuncia que las ofrendas y los sacrificios hechos en el Templo serán recibidos favorablemente por Dios. Con Jesús, nos presentamos en el Templo no para llevar "cosas" sino para poner delante de Dios nuestra propia vida y ofrecérsela con amor.



SALMO

Sal 23, 7-10

R. El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! R.

¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates. R.

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! R.

¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos. R.



SEGUNDA LECTURA

Heb 2, 14-18

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, Jesús también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte. Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.

Palabra de Dios.



Comentario

Jesús se asemejó en todo a sus hermanos. Como era un bebé judío, fue llevado al Templo como todos los bebés. Toda la vida de Jesús fue ofrendada al Padre, no sólo este momento ritual. Así será también nuestra vida, una ofrenda permanente.



EVANGELIO

Lc 2, 22-40

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Compartir Nº 122, febrero 2012
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina

El mercader y la bolsa
Cierto día, un mercader ambulante iba caminando hacia un pueblo. Por
el camino encontró una bolsa con 800 dólares. El mercader decidió
buscar a la persona que había perdido el dinero para entregárselo,
pues pensó que el dinero pertenecía a alguien que llevaba su misma
ruta. Cuando llegó a la ciudad, fue a visitar a un amigo.

—¿Sabes quién ha perdido una gran cantidad de dinero?- le preguntó a
éste. —Sí, sí. Lo perdió Juan, nuestro vecino, que vive en la casa de
enfrente. El mercader fue a la casa indicada y devolvió la bolsa. Juan
era una persona avara, y apenas terminó de contar el dinero gritó:
—¡Faltan 100 dólares! Esa era la cantidad de dinero que yo iba a dar
como recompensa. ¿Cómo lo has tomado sin mi permiso? Vete de una vez.
Ya no tienes nada que hacer aquí. El honrado mercader se sintió
indignado por la falta de agradecimiento. No quiso pasar por ladrón y
fue a ver al juez.

El avaro fue llamado a la corte de justicia. Insistió ante el Juez que
la bolsa contenía 900 dólares. El mercader aseguraba que eran 800. El
juez, que tenía fama de sabio y honrado, no tardó en decidir el caso.
Le preguntó al avaro: —Tú dices que la bolsa contenía 900 dólares
¿verdad? —Sí, señor, respondió Juan. —Tú dices que la bolsa contenía
800 dólares, le preguntó el juez al mercader. —Sí, señor.

—Pues bien, dijo el juez, considero que ambos son personas honradas e
incapaces de mentir. Tú, porque has devuelto la bolsa con el dinero,
pudiéndote quedar con ella. Juan, porque lo conozco desde hace tiempo.
Esta bolsa de dinero no es la de Juan; aquella contenía 900 dólares.
Esta sólo tiene 800. Así pues, quédate tú con ella, hasta que
aparezca su dueño. Y tú, Juan, espera que alguien te devuelva la tuya.

Vivir, ¿un juego de naipes?
La vida pareciera convertirse a veces para algunos en un juego de
naipes, donde la carta que triunfa es el as. Para no pocos el mayor de
todos es el as de oro, para otros el de espada, para algunos el de
basto, y no faltan algunos que eligen el de copas.

As de oro para los que ponen sus esfuerzos en almacenar riquezas a
toda costa sin reparar en miramientos de conciencia. As de oro con el
que piensan ganar todas las partidas, hasta la de la felicidad. As de
espadas para quienes todo lo quieren conseguir con la fuerza, sea de
armas, sea de leyes políticas o sindicales. As de bastos para quienes
pretenden arreglar el mundo a garrotazos, con violencia, secuestros,
guerras y crímenes. As de copas para los despreocupados, que tratan de
ahogar en diversiones los problemas cotidianos, o el vacío que sienten
en su interior.
¿Será eso la vida? ¿Un juego de naipes?

Oración del anochecer
Ya el sol del firmamento se retira,
mas tu fuego, Señor, alumbra siempre;
en nuestros anhelantes corazones,
derrama, ¡oh Trinidad!, tu amor perenne.

Contentos te servimos en el día
y fervientes ahora suplicamos
asocies nuestras almas y canciones
al coro de tus ángeles y santos.

La gloria y alabanza sempiterna
tributamos al Padre y a su Hijo,
y a ti, Divino Espíritu de entrambos
damos gloria por siglos infinitos. Amén

Cambio de domicilio
La pequeña, bien perfumada y orgullosa anciana de 78 años, con su
cabello arreglado a la moda y el maquillaje aplicado a la perfección,
se muda hoy a un asilo. Lo que motivó la mudanza fue la muerte
reciente de su esposo a los 80.

Después de muchas horas de esperar con paciencia en el recibidor del
nuevo asilo, sonrió con dulzura, cuando se le dijo que su cuarto
estaba listo. Mientras se desplazaba en andador hacia el ascensor, le
describieron con lujo de detalles su pequeño cuarto, incluyendo las
cortinas que colgaban de la ventana.

"Me encanta", afirmó, con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le
acaban de entregar una nueva mascota. "Sra. Jones, no ha visto el
cuarto, espere". "Eso no importa", respondió. La felicidad es una
decisión que hago cada mañana, cuando me levanto. Puedo elegir: pasar
el día en la cama, repasando las dificultades por las partes de mi
cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las
que sí funcionan". "Cada día es un regalo, y mientras se abran mis
ojos pensaré en el nuevo día y en los recuerdos felices que alegran mi
vida”.

Carrera de sapos
Érase una vez una carrera de sapos en el país de los sapos. El
objetivo consistía en llegar a lo alto de una gran torre que se
encontraba en aquel lugar. Todo estaba preparado y una gran multitud
se reunió para vibrar y gritar por todos los participantes. En su
momento se dio la salida y todos los sapos comenzaron a saltar.
Pero como la multitud no creía que nadie llegara a la cima de aquella
torre pues ciertamente, era muy alta, todo lo que se escuchaba era:
“no lo van a conseguir”, “qué lástima, está muy alto, es muy difícil,
no lo van a conseguir”. Así la mayoría de los sapitos empezaron a
desistir.

Pero había uno que persistía, pese a todo, y continuaba subiendo en
busca de la cima. La multitud continuaba gritando: “es muy difícil, no
lo van a conseguir”, y todos los sapitos se estaban dando por
vencidos, excepto uno que seguía y seguía tranquilo cada vez con más
fuerza. Finalmente fue el único que llegó a la cima con todo su
esfuerzo.
Cuando fue proclamado vencedor muchos fueron a hablar con él y a
preguntarle como había conseguido llegar al final y alcanzar semejante
proeza. Cual sería le sorpresa de todos los presentes al darse cuenta
que este sapito era sordo.
Sé siempre sordo cuando alguien duda de tus sueños.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Compartir Nº 121, enero 2012
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina

Flores del Cielo
Como lo hacía a menudo, .aquél día la abuela Luisa había ido al
hospital, llevando en una canasta algunos ramos de flores, acompañados
de un pequeño mensaje bíblico.

Se detuvo cerca de la cama del viejo Santiago, a quien muchas veces
había hablado del amor de Dios, pero parecía que sus palabras no lo
tocaban. El anciano yacía con los ojos irritados y aparentaba estar
muy enfermo. Suavemente, ella puso sus flores sobre la manta y esperó.
Después de un rato, Santiago abrió los ojos y, al ver el ramo,
preguntó: ¿Quién lo mandó? - ¡Dios! -fue la respuesta. El enfermo
permaneció callado, y Luisa continuó entregando sus ramos a otros
enfermos. Al día siguiente, Santiago rogó a su mujer que reuniera a
todos sus amigos incrédulos, alrededor de su cama.

Allí, con una débil voz, sencillamente les dijo: “Jesús es mi
Salvador. Desde que estoy enfermo, frecuentemente he pensado en Dios.
Si existe -me dije-, debe ser posible encontrarlo; y para estar seguro
de ello, le pedí que me mandara una flor. Luego, tras unos momentos de
somnolencia, percibí un sutil perfume, y con estupefacción ví, no una
flor, sino un ramo sobre mi manta. Y una voz me dijo que Dios me lo
había enviando. Como si la contestación a mi oración no bastara, hallé
las palabras de Jesús atadas a un tallo: "Y Yo no rechazaré al que
venga a mí," (Juan 6:37). Entonces, aquí en mi cama, acudí a él, tal
como me encontraba..., y Él me respondió. Ayer yo negaba la existencia
de Dios...; hoy puedo morir creyendo en Cristo”.

Bienaventuranzas para las vacaciones
• Bienaventurados si hacen de sus vacaciones un tiempo de gracia, de
amistad, de encuentro y de amor.
• Bienaventurados serán si dedican las vacaciones a hacer esas
pequeñas cosas que durante el año les resulta más complicado. En
especial serán muy bienaventurados si dedican más tiempo a la familia
y los amigos.
• Bienaventurados si son capaces de dar un tiempo de descanso a la
querida televisión, a la consola de jueguitos, a la compu.
• Bienaventurados si se dedican a abrirse a gente nueva, escuchando a
personas de otros lugares, de otras culturas, experimentando la
alegría de dar y darse.
• Bienaventurados si reservan un tiempo de vacaciones a ustedes
mismos, alejándose del ajetreo de la gente y pensando en sus vidas,
proyectos, dificultades.
• Bienaventurados si combinan los tiempos de descanso con otros
momentos de oración, de lectura, de ayuda a los más necesitados.
• Y sobre todo serán bienaventurados si durante las vacaciones, al
hacer la maleta, se acuerdan de meter a Dios y, cuando lleguen al
lugar elegido (o en la propia casa), no se olvidan de sacarlo.

Oración de Año Nuevo
Doy vuelta a otra hoja del libro de mi vida. ¿Qué traerá el año que
empieza? Lo que tú quieras, Señor. Pero te pido fe, para mirarte en
todo. Esperanza, para no desfallecer. Caridad perfecta en todo lo que
haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad. Dame desprendimiento y un olvido total de
mi mismo. Dame, Señor, lo que tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más, y hacerte amar de los que me rodean.
Que sea yo grande en lo pequeño. Que siempre tenga el corazón alerta,
el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto.
Derrama, Señor, tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca
el mundo y, aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu
bondad inmensa.

Un águila con las alas cortadas
Cierto día un hombre capturó a un águila, le cortó sus alas y la soltó
en el corral junto con todas sus gallinas. Apenada, el águila, quien
fuera poderosa, bajaba la cabeza y pasaba sin comer: se sentía como
una reina encarcelada.
Pasó otro hombre que la vio, le gustó y decidió comprarla. Le arrancó
las plumas cortadas y se las hizo crecer de nuevo. Repuesta el águila
de sus alas, alzó vuelo, apresó a una liebre para llevársela en
agradecimiento a su liberador.
La vio una zorra y maliciosamente la mal aconsejaba diciéndole: --No
le lleves la liebre al que te liberó, sino al que te capturó; pues el
que te liberó ya es bueno sin más estímulo. Procura más bien ablandar
al otro, no vaya a atraparte de nuevo y te arranque completamente las
alas.

Siempre corresponde generosamente con tus bienhechores, y por
prudencia mantente alejado de los malvados que insinúan hacer lo
incorrecto.


El espantapájaros
En mi huerto tengo cuatro hileras de fresas, una verdad que
evidentemente ha sido proclamada, desde los techos, a todos los
pajarillos del vecindario. Por eso, pasé bastante tiempo construyendo
un espantapájaros, con palos de escoba, un abrigo viejo, un par de
pantalones y un sombrero blanco. Lo que me esperaba, era una sorpresa,
porque una mañana poco tiempo después, un sabio petirrojo se hallaba
situado encima del sombrero y parecía estar cantando a voz en cuello:
—¡Aquí hay fresas gratis! Vi dos clases de pajarillos: los sabios y
los necios. Los necios se sentaron en los árboles, temerosos del
espantapájaros. Los sabios sabían que el espantapájaros era
simplemente un aviso disfrazado.
a Biblia nos dice que hay personas sabias y personas necias. Moisés
envió a 12 espías a reconocer la tierra prometida, una tierra de
frutos y bendiciones fabulosas. Diez de ellos tuvieron temor de los
"espantapájaros": los gigantes y las ciudades amuralladas. Dos
"pajarillos" sabios, Caleb y Josué, creyeron que Dios les había dado
la tierra. No se confundieron. Caleb calmó al pueblo que murmuraba
contra Moisés. —Subamos, les dijo, y conquistemos ese país pues somos
más capaces. (Números 13,30).

Dios bendice ricamente a los que viven por fe y no se detienen ante
los espantapájaros de la duda y el temor.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Compartir Nº 120,
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


Un regalo para Jesús
En 1994 dos estadounidenses invitados por el Departamento de Educación
de Rusia, enseñaron moral en las escuelas públicas, basada en
principios bíblicos. Debían enseñar en prisiones, en un cuartel de
bomberos y otro de la policía, y en un gran orfanato. En éste había
casi 100 niños y niñas dejados en manos del Estado.

“Cuando se acercaba Navidad -refieren los docentes- narramos a los
huerfanitos la tradicional historia de Navidad. Les contamos acerca de
María y José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las
posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño
Jesús nació y fue puesto en un pesebre. A lo largo de la historia, los
chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro.
Una vez terminada la historia, les dimos a cada chico tres pequeños
trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. Se les dio
también un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas
que yo había llevado conmigo.

Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel
cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos cuadraditos de
franela, cortados de un viejo camisón olvidado por una turista al
partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebé. De una
cartulina marrón que trajimos de Estados Unidos, cortaron la figura de
un bebé. Mientras los niños estaban atareados armando sus pesebres, yo
caminaba entre ellos para ver si necesitaban ayuda. Todo estuvo bien
hasta que llegué donde el pequeño Misha estaba sentado.

Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando miré
el pesebre quedé sorprendido al ver dos niños dentro de él. Llamé
rápidamente al traductor para que le preguntara por qué había dos
bebés en el pesebre. Misha cruzó sus brazos y observando la escena del
pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente. Cuando llegó la
parte donde María pone al bebé en el pesebre, Misha empezó a inventar
su propio final para la historia.

Dijo: "Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me
preguntó si yo tenía un lugar donde estar. Yo le dije que no tenía
mamá ni papá y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me
dijo que yo podía estar allí con él. Le dije que no podía, porque no
tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso
pensé qué cosa podría darle a él como regalo. Se me ocurrió que un
buen regalo podría ser darle calor.

Por eso le pregunté a Jesús: “Si te doy calor, ¿sería un buen regalo
para ti?” Y Jesús me dijo: “Si me das calor, ese sería el mejor regalo
que jamás haya recibido”. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús
me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre. Cuando el
pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de
lágrimas, se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus
hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño
huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni
abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre!

El “día después” de Navidad
En Navidad hay mucha gente que se muestra buena, generosa, cordial y
hasta un poco piadosa y rica en sentimientos nobles. Pero, el día
siguiente, vuelven a ser lo que eran. Dejando a un lado “el disfraz”
navideño, aparece de nuevo la mezquindad, la despreocupación, la
indiferencia por los valores religiosos y humanos. ¿De qué vale
pretender ser “bueno” por un día? Lo importante, lo que traerá alegría
y paz a nuestra vida, es tomar en serio la Navidad “el día después”.
Sí, Navidad comienza el día siguiente. Un gran desafío que nos plantea
el nacimiento del Hijo de Dios, el día que sigue a la Navidad. ¿Cuál
es el desafío? Verificar que estamos celebrando la Navidad no porque
ha llegado el 25 de diciembre, sino porque hemos decidido que, a
partir de ese día, algo hermoso ha comenzado a transformar mi vida. El
gran regalo que el Niño Jesús espera de nosotros en Navidad es la
promesa simple y sincera de que comenzamos en serio una vida más
plena, decididos a recibir a Jesús como Salvador de nuestras miserias
morales, decididos a mejorar nuestra vida cristiana y a dejar que
irrumpa en nuestro corazón la profunda alegría de Dios.

Oración por nuestros amigos
Señor, quisiera armar en estos días un árbol dentro de mi corazón y
colgar en lugar de regalos los nombres de todos mis amigos. Los de
cerca y los de lejos. Los de siempre y los de ahora. Los que veo cada
día, y los que raramente encuentro. Los de siempre recordados, y los
que a veces se me olvidan. Los constantes y los inconstantes. Los de
las horas difíciles, y los de las horas alegres. A los que sin querer
herí, y a los que sin querer me hirieron. Aquellos a quienes conozco
profundamente, y aquellos a quienes conozco apenas por sus
apariencias. A los que me deben, y a quienes debo mucho. A mis amigos
humildes y mis amigos importantes. Los nombro a todos los que pasaron
por mi vida. Un árbol de raíces profundas para que sus nombres nunca
sean arrancados de mi corazón, y que al florecer el año próximo
traigan esperanza, amor y paz, y en la Navidad, Señor, nos podamos
encontrar para compartir uvas de esperanza poniendo un poco de
felicidad en aquellos que todo lo han perdido. ¡Feliz Navidad!

La familia: lo más bello
Con la esperanza de poder pintar "lo más bello del mundo", un artista
mientras recorría su camino, preguntó a tres personas lo que creían
que podía ser lo más bello en este mundo. "La fe", le respondió un
sacerdote: "la encontrarás en cada altar". "El amor", le dijo una
joven esposa. “El amor convierte la pobreza en riqueza, endulza las
lágrimas; convierte lo poco en suficiente. Sin él no hay bellezas”.
"La paz, es lo más bello del mundo", le respondió un soldado. "La
guerra es horrorosa. Donde hay paz, hay belleza". "¡Fe, Paz, Amor!
¿Cómo podré pintar un cuadro con estos tres valores?", cavilando, se
preguntaba el artista… Y al entrar de regreso en su casa, vio fe en
los ojos de sus hijos y amor en los ojos de su esposa. Y en el
ambiente sereno de su hogar percibió la paz que la fe y el amor habían
creado. Cuando pintó "lo más bello del mundo", pintó el Hogar.

Da buen ejemplo
Un hombre y su pequeño hijo fueron de compras y, cuando cargaban los
comestibles en el auto, el padre le dijo al niño que volviera el
carrito a su lugar. “Vamos, papá”, respondió el hijo. “Hay carros por
todos lados, nadie los pone de vuelta en su lugar. Para eso tienen
empleados que lo hacen”. El padre dudó un momento, pensando si valía
la pena continuar la discusión. Pero luego vio que una pareja de
ancianos iban juntos llevando de vuelta el carrito que habían usado.
Entonces le dijo al niño: “Hijo, hay dos clases de personas en el
mundo: los que ponen los carritos de vuelta en su lugar, y los que no
lo hacen. Nosotros somos del primer grupo”. Seguramente la pareja de
ancianos no se enteró de qué manera su buen comportamiento había
influido en la educación de un niño. Muy difícilmente el muchachito se
olvidará de esa lección. Esta anécdota hace pensar de qué manera
nuestros actos pueden influir en los demás. Albert Einstein escribió:
“Dar ejemplo no es la forma principal de influir en los demás,
sencillamente es la única forma”.
Gracias por tu visita!!!