jueves, 2 de febrero de 2012

La Presentación del Señor. (F).

El Evangelio nos recuerda hoy dos rituales de la antigua tradición de Israel. Uno es la presentación del primogénito en el Templo de Jerusalén. El otro ritual es el que obligaba a la madre, a los cuarenta días del parto, a realizar un sacrificio de purificación. Jesús pertenece a este pueblo y a esta tradición, y su familia cumplió estas tradiciones y todo lo que estipulaba la Ley. Esos ritos fueron ocasión para manifestar la salvación que llegaba al mundo como luz. En este día, encendemos velas (candelas) y en algunos lugares se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria.

PRIMERA LECTURA

Mal 3, 1-4

Lectura de la profecía de Malaquías.

Así habla el Señor Dios: Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el ángel de la Alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. Él se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia. La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.

Palabra de Dios.



Comentario

El profeta anuncia que las ofrendas y los sacrificios hechos en el Templo serán recibidos favorablemente por Dios. Con Jesús, nos presentamos en el Templo no para llevar "cosas" sino para poner delante de Dios nuestra propia vida y ofrecérsela con amor.



SALMO

Sal 23, 7-10

R. El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! R.

¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates. R.

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! R.

¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos. R.



SEGUNDA LECTURA

Heb 2, 14-18

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, Jesús también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte. Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.

Palabra de Dios.



Comentario

Jesús se asemejó en todo a sus hermanos. Como era un bebé judío, fue llevado al Templo como todos los bebés. Toda la vida de Jesús fue ofrendada al Padre, no sólo este momento ritual. Así será también nuestra vida, una ofrenda permanente.



EVANGELIO

Lc 2, 22-40

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Compartir Nº 122, febrero 2012
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina

El mercader y la bolsa
Cierto día, un mercader ambulante iba caminando hacia un pueblo. Por
el camino encontró una bolsa con 800 dólares. El mercader decidió
buscar a la persona que había perdido el dinero para entregárselo,
pues pensó que el dinero pertenecía a alguien que llevaba su misma
ruta. Cuando llegó a la ciudad, fue a visitar a un amigo.

—¿Sabes quién ha perdido una gran cantidad de dinero?- le preguntó a
éste. —Sí, sí. Lo perdió Juan, nuestro vecino, que vive en la casa de
enfrente. El mercader fue a la casa indicada y devolvió la bolsa. Juan
era una persona avara, y apenas terminó de contar el dinero gritó:
—¡Faltan 100 dólares! Esa era la cantidad de dinero que yo iba a dar
como recompensa. ¿Cómo lo has tomado sin mi permiso? Vete de una vez.
Ya no tienes nada que hacer aquí. El honrado mercader se sintió
indignado por la falta de agradecimiento. No quiso pasar por ladrón y
fue a ver al juez.

El avaro fue llamado a la corte de justicia. Insistió ante el Juez que
la bolsa contenía 900 dólares. El mercader aseguraba que eran 800. El
juez, que tenía fama de sabio y honrado, no tardó en decidir el caso.
Le preguntó al avaro: —Tú dices que la bolsa contenía 900 dólares
¿verdad? —Sí, señor, respondió Juan. —Tú dices que la bolsa contenía
800 dólares, le preguntó el juez al mercader. —Sí, señor.

—Pues bien, dijo el juez, considero que ambos son personas honradas e
incapaces de mentir. Tú, porque has devuelto la bolsa con el dinero,
pudiéndote quedar con ella. Juan, porque lo conozco desde hace tiempo.
Esta bolsa de dinero no es la de Juan; aquella contenía 900 dólares.
Esta sólo tiene 800. Así pues, quédate tú con ella, hasta que
aparezca su dueño. Y tú, Juan, espera que alguien te devuelva la tuya.

Vivir, ¿un juego de naipes?
La vida pareciera convertirse a veces para algunos en un juego de
naipes, donde la carta que triunfa es el as. Para no pocos el mayor de
todos es el as de oro, para otros el de espada, para algunos el de
basto, y no faltan algunos que eligen el de copas.

As de oro para los que ponen sus esfuerzos en almacenar riquezas a
toda costa sin reparar en miramientos de conciencia. As de oro con el
que piensan ganar todas las partidas, hasta la de la felicidad. As de
espadas para quienes todo lo quieren conseguir con la fuerza, sea de
armas, sea de leyes políticas o sindicales. As de bastos para quienes
pretenden arreglar el mundo a garrotazos, con violencia, secuestros,
guerras y crímenes. As de copas para los despreocupados, que tratan de
ahogar en diversiones los problemas cotidianos, o el vacío que sienten
en su interior.
¿Será eso la vida? ¿Un juego de naipes?

Oración del anochecer
Ya el sol del firmamento se retira,
mas tu fuego, Señor, alumbra siempre;
en nuestros anhelantes corazones,
derrama, ¡oh Trinidad!, tu amor perenne.

Contentos te servimos en el día
y fervientes ahora suplicamos
asocies nuestras almas y canciones
al coro de tus ángeles y santos.

La gloria y alabanza sempiterna
tributamos al Padre y a su Hijo,
y a ti, Divino Espíritu de entrambos
damos gloria por siglos infinitos. Amén

Cambio de domicilio
La pequeña, bien perfumada y orgullosa anciana de 78 años, con su
cabello arreglado a la moda y el maquillaje aplicado a la perfección,
se muda hoy a un asilo. Lo que motivó la mudanza fue la muerte
reciente de su esposo a los 80.

Después de muchas horas de esperar con paciencia en el recibidor del
nuevo asilo, sonrió con dulzura, cuando se le dijo que su cuarto
estaba listo. Mientras se desplazaba en andador hacia el ascensor, le
describieron con lujo de detalles su pequeño cuarto, incluyendo las
cortinas que colgaban de la ventana.

"Me encanta", afirmó, con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le
acaban de entregar una nueva mascota. "Sra. Jones, no ha visto el
cuarto, espere". "Eso no importa", respondió. La felicidad es una
decisión que hago cada mañana, cuando me levanto. Puedo elegir: pasar
el día en la cama, repasando las dificultades por las partes de mi
cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las
que sí funcionan". "Cada día es un regalo, y mientras se abran mis
ojos pensaré en el nuevo día y en los recuerdos felices que alegran mi
vida”.

Carrera de sapos
Érase una vez una carrera de sapos en el país de los sapos. El
objetivo consistía en llegar a lo alto de una gran torre que se
encontraba en aquel lugar. Todo estaba preparado y una gran multitud
se reunió para vibrar y gritar por todos los participantes. En su
momento se dio la salida y todos los sapos comenzaron a saltar.
Pero como la multitud no creía que nadie llegara a la cima de aquella
torre pues ciertamente, era muy alta, todo lo que se escuchaba era:
“no lo van a conseguir”, “qué lástima, está muy alto, es muy difícil,
no lo van a conseguir”. Así la mayoría de los sapitos empezaron a
desistir.

Pero había uno que persistía, pese a todo, y continuaba subiendo en
busca de la cima. La multitud continuaba gritando: “es muy difícil, no
lo van a conseguir”, y todos los sapitos se estaban dando por
vencidos, excepto uno que seguía y seguía tranquilo cada vez con más
fuerza. Finalmente fue el único que llegó a la cima con todo su
esfuerzo.
Cuando fue proclamado vencedor muchos fueron a hablar con él y a
preguntarle como había conseguido llegar al final y alcanzar semejante
proeza. Cual sería le sorpresa de todos los presentes al darse cuenta
que este sapito era sordo.
Sé siempre sordo cuando alguien duda de tus sueños.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Compartir Nº 121, enero 2012
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina

Flores del Cielo
Como lo hacía a menudo, .aquél día la abuela Luisa había ido al
hospital, llevando en una canasta algunos ramos de flores, acompañados
de un pequeño mensaje bíblico.

Se detuvo cerca de la cama del viejo Santiago, a quien muchas veces
había hablado del amor de Dios, pero parecía que sus palabras no lo
tocaban. El anciano yacía con los ojos irritados y aparentaba estar
muy enfermo. Suavemente, ella puso sus flores sobre la manta y esperó.
Después de un rato, Santiago abrió los ojos y, al ver el ramo,
preguntó: ¿Quién lo mandó? - ¡Dios! -fue la respuesta. El enfermo
permaneció callado, y Luisa continuó entregando sus ramos a otros
enfermos. Al día siguiente, Santiago rogó a su mujer que reuniera a
todos sus amigos incrédulos, alrededor de su cama.

Allí, con una débil voz, sencillamente les dijo: “Jesús es mi
Salvador. Desde que estoy enfermo, frecuentemente he pensado en Dios.
Si existe -me dije-, debe ser posible encontrarlo; y para estar seguro
de ello, le pedí que me mandara una flor. Luego, tras unos momentos de
somnolencia, percibí un sutil perfume, y con estupefacción ví, no una
flor, sino un ramo sobre mi manta. Y una voz me dijo que Dios me lo
había enviando. Como si la contestación a mi oración no bastara, hallé
las palabras de Jesús atadas a un tallo: "Y Yo no rechazaré al que
venga a mí," (Juan 6:37). Entonces, aquí en mi cama, acudí a él, tal
como me encontraba..., y Él me respondió. Ayer yo negaba la existencia
de Dios...; hoy puedo morir creyendo en Cristo”.

Bienaventuranzas para las vacaciones
• Bienaventurados si hacen de sus vacaciones un tiempo de gracia, de
amistad, de encuentro y de amor.
• Bienaventurados serán si dedican las vacaciones a hacer esas
pequeñas cosas que durante el año les resulta más complicado. En
especial serán muy bienaventurados si dedican más tiempo a la familia
y los amigos.
• Bienaventurados si son capaces de dar un tiempo de descanso a la
querida televisión, a la consola de jueguitos, a la compu.
• Bienaventurados si se dedican a abrirse a gente nueva, escuchando a
personas de otros lugares, de otras culturas, experimentando la
alegría de dar y darse.
• Bienaventurados si reservan un tiempo de vacaciones a ustedes
mismos, alejándose del ajetreo de la gente y pensando en sus vidas,
proyectos, dificultades.
• Bienaventurados si combinan los tiempos de descanso con otros
momentos de oración, de lectura, de ayuda a los más necesitados.
• Y sobre todo serán bienaventurados si durante las vacaciones, al
hacer la maleta, se acuerdan de meter a Dios y, cuando lleguen al
lugar elegido (o en la propia casa), no se olvidan de sacarlo.

Oración de Año Nuevo
Doy vuelta a otra hoja del libro de mi vida. ¿Qué traerá el año que
empieza? Lo que tú quieras, Señor. Pero te pido fe, para mirarte en
todo. Esperanza, para no desfallecer. Caridad perfecta en todo lo que
haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad. Dame desprendimiento y un olvido total de
mi mismo. Dame, Señor, lo que tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más, y hacerte amar de los que me rodean.
Que sea yo grande en lo pequeño. Que siempre tenga el corazón alerta,
el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto.
Derrama, Señor, tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca
el mundo y, aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu
bondad inmensa.

Un águila con las alas cortadas
Cierto día un hombre capturó a un águila, le cortó sus alas y la soltó
en el corral junto con todas sus gallinas. Apenada, el águila, quien
fuera poderosa, bajaba la cabeza y pasaba sin comer: se sentía como
una reina encarcelada.
Pasó otro hombre que la vio, le gustó y decidió comprarla. Le arrancó
las plumas cortadas y se las hizo crecer de nuevo. Repuesta el águila
de sus alas, alzó vuelo, apresó a una liebre para llevársela en
agradecimiento a su liberador.
La vio una zorra y maliciosamente la mal aconsejaba diciéndole: --No
le lleves la liebre al que te liberó, sino al que te capturó; pues el
que te liberó ya es bueno sin más estímulo. Procura más bien ablandar
al otro, no vaya a atraparte de nuevo y te arranque completamente las
alas.

Siempre corresponde generosamente con tus bienhechores, y por
prudencia mantente alejado de los malvados que insinúan hacer lo
incorrecto.


El espantapájaros
En mi huerto tengo cuatro hileras de fresas, una verdad que
evidentemente ha sido proclamada, desde los techos, a todos los
pajarillos del vecindario. Por eso, pasé bastante tiempo construyendo
un espantapájaros, con palos de escoba, un abrigo viejo, un par de
pantalones y un sombrero blanco. Lo que me esperaba, era una sorpresa,
porque una mañana poco tiempo después, un sabio petirrojo se hallaba
situado encima del sombrero y parecía estar cantando a voz en cuello:
—¡Aquí hay fresas gratis! Vi dos clases de pajarillos: los sabios y
los necios. Los necios se sentaron en los árboles, temerosos del
espantapájaros. Los sabios sabían que el espantapájaros era
simplemente un aviso disfrazado.
a Biblia nos dice que hay personas sabias y personas necias. Moisés
envió a 12 espías a reconocer la tierra prometida, una tierra de
frutos y bendiciones fabulosas. Diez de ellos tuvieron temor de los
"espantapájaros": los gigantes y las ciudades amuralladas. Dos
"pajarillos" sabios, Caleb y Josué, creyeron que Dios les había dado
la tierra. No se confundieron. Caleb calmó al pueblo que murmuraba
contra Moisés. —Subamos, les dijo, y conquistemos ese país pues somos
más capaces. (Números 13,30).

Dios bendice ricamente a los que viven por fe y no se detienen ante
los espantapájaros de la duda y el temor.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Compartir Nº 120,
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


Un regalo para Jesús
En 1994 dos estadounidenses invitados por el Departamento de Educación
de Rusia, enseñaron moral en las escuelas públicas, basada en
principios bíblicos. Debían enseñar en prisiones, en un cuartel de
bomberos y otro de la policía, y en un gran orfanato. En éste había
casi 100 niños y niñas dejados en manos del Estado.

“Cuando se acercaba Navidad -refieren los docentes- narramos a los
huerfanitos la tradicional historia de Navidad. Les contamos acerca de
María y José llegando a Belén, de cómo no encontraron lugar en las
posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño
Jesús nació y fue puesto en un pesebre. A lo largo de la historia, los
chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro.
Una vez terminada la historia, les dimos a cada chico tres pequeños
trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. Se les dio
también un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas
que yo había llevado conmigo.

Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel
cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos cuadraditos de
franela, cortados de un viejo camisón olvidado por una turista al
partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebé. De una
cartulina marrón que trajimos de Estados Unidos, cortaron la figura de
un bebé. Mientras los niños estaban atareados armando sus pesebres, yo
caminaba entre ellos para ver si necesitaban ayuda. Todo estuvo bien
hasta que llegué donde el pequeño Misha estaba sentado.

Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo. Cuando miré
el pesebre quedé sorprendido al ver dos niños dentro de él. Llamé
rápidamente al traductor para que le preguntara por qué había dos
bebés en el pesebre. Misha cruzó sus brazos y observando la escena del
pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente. Cuando llegó la
parte donde María pone al bebé en el pesebre, Misha empezó a inventar
su propio final para la historia.

Dijo: "Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me
preguntó si yo tenía un lugar donde estar. Yo le dije que no tenía
mamá ni papá y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me
dijo que yo podía estar allí con él. Le dije que no podía, porque no
tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso
pensé qué cosa podría darle a él como regalo. Se me ocurrió que un
buen regalo podría ser darle calor.

Por eso le pregunté a Jesús: “Si te doy calor, ¿sería un buen regalo
para ti?” Y Jesús me dijo: “Si me das calor, ese sería el mejor regalo
que jamás haya recibido”. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús
me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre. Cuando el
pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de
lágrimas, se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus
hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño
huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni
abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre!

El “día después” de Navidad
En Navidad hay mucha gente que se muestra buena, generosa, cordial y
hasta un poco piadosa y rica en sentimientos nobles. Pero, el día
siguiente, vuelven a ser lo que eran. Dejando a un lado “el disfraz”
navideño, aparece de nuevo la mezquindad, la despreocupación, la
indiferencia por los valores religiosos y humanos. ¿De qué vale
pretender ser “bueno” por un día? Lo importante, lo que traerá alegría
y paz a nuestra vida, es tomar en serio la Navidad “el día después”.
Sí, Navidad comienza el día siguiente. Un gran desafío que nos plantea
el nacimiento del Hijo de Dios, el día que sigue a la Navidad. ¿Cuál
es el desafío? Verificar que estamos celebrando la Navidad no porque
ha llegado el 25 de diciembre, sino porque hemos decidido que, a
partir de ese día, algo hermoso ha comenzado a transformar mi vida. El
gran regalo que el Niño Jesús espera de nosotros en Navidad es la
promesa simple y sincera de que comenzamos en serio una vida más
plena, decididos a recibir a Jesús como Salvador de nuestras miserias
morales, decididos a mejorar nuestra vida cristiana y a dejar que
irrumpa en nuestro corazón la profunda alegría de Dios.

Oración por nuestros amigos
Señor, quisiera armar en estos días un árbol dentro de mi corazón y
colgar en lugar de regalos los nombres de todos mis amigos. Los de
cerca y los de lejos. Los de siempre y los de ahora. Los que veo cada
día, y los que raramente encuentro. Los de siempre recordados, y los
que a veces se me olvidan. Los constantes y los inconstantes. Los de
las horas difíciles, y los de las horas alegres. A los que sin querer
herí, y a los que sin querer me hirieron. Aquellos a quienes conozco
profundamente, y aquellos a quienes conozco apenas por sus
apariencias. A los que me deben, y a quienes debo mucho. A mis amigos
humildes y mis amigos importantes. Los nombro a todos los que pasaron
por mi vida. Un árbol de raíces profundas para que sus nombres nunca
sean arrancados de mi corazón, y que al florecer el año próximo
traigan esperanza, amor y paz, y en la Navidad, Señor, nos podamos
encontrar para compartir uvas de esperanza poniendo un poco de
felicidad en aquellos que todo lo han perdido. ¡Feliz Navidad!

La familia: lo más bello
Con la esperanza de poder pintar "lo más bello del mundo", un artista
mientras recorría su camino, preguntó a tres personas lo que creían
que podía ser lo más bello en este mundo. "La fe", le respondió un
sacerdote: "la encontrarás en cada altar". "El amor", le dijo una
joven esposa. “El amor convierte la pobreza en riqueza, endulza las
lágrimas; convierte lo poco en suficiente. Sin él no hay bellezas”.
"La paz, es lo más bello del mundo", le respondió un soldado. "La
guerra es horrorosa. Donde hay paz, hay belleza". "¡Fe, Paz, Amor!
¿Cómo podré pintar un cuadro con estos tres valores?", cavilando, se
preguntaba el artista… Y al entrar de regreso en su casa, vio fe en
los ojos de sus hijos y amor en los ojos de su esposa. Y en el
ambiente sereno de su hogar percibió la paz que la fe y el amor habían
creado. Cuando pintó "lo más bello del mundo", pintó el Hogar.

Da buen ejemplo
Un hombre y su pequeño hijo fueron de compras y, cuando cargaban los
comestibles en el auto, el padre le dijo al niño que volviera el
carrito a su lugar. “Vamos, papá”, respondió el hijo. “Hay carros por
todos lados, nadie los pone de vuelta en su lugar. Para eso tienen
empleados que lo hacen”. El padre dudó un momento, pensando si valía
la pena continuar la discusión. Pero luego vio que una pareja de
ancianos iban juntos llevando de vuelta el carrito que habían usado.
Entonces le dijo al niño: “Hijo, hay dos clases de personas en el
mundo: los que ponen los carritos de vuelta en su lugar, y los que no
lo hacen. Nosotros somos del primer grupo”. Seguramente la pareja de
ancianos no se enteró de qué manera su buen comportamiento había
influido en la educación de un niño. Muy difícilmente el muchachito se
olvidará de esa lección. Esta anécdota hace pensar de qué manera
nuestros actos pueden influir en los demás. Albert Einstein escribió:
“Dar ejemplo no es la forma principal de influir en los demás,
sencillamente es la única forma”.

sábado, 5 de noviembre de 2011


Hoja formativa Nº 119, noviembre 2011
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


Un cuento de estrellas
Existían millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los
colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas, azules. Un día,
inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron: "Señor Dios, nos
gustaría vivir en la tierra entre los hombres". "Así será", respondió
el Señor. Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, como son vistas
para que puedan bajar a la tierra. Cuéntase que, en aquella noche,
hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las
torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las
luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los
niños y la tierra quedo maravillosamente iluminada.

Pero con el pasar del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los
hombres y volver al cielo, dejando la tierra oscura y triste. "¿Por
qué volvieron?" -Preguntó Dios a medida que ellas iban llegando al
cielo. "Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra; allí existe
mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia". Y el Señor
les dijo: "¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo. La tierra
es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquello que
cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto. El
cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno,
donde nada perece".

Después que llegaron las estrellas y se hubo verificado su número,
Dios volvió a hablar: "Nos está faltando una estrella. ¿Será que se
perdió en el camino?". Un ángel que estaba cerca replico: "No, Señor,
una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que
su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay
límite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor". "¿Que
estrella es esa?" -Volvió Dios a preguntar. "Es la Esperanza, Señor.
La estrella verde. La única de ese color".

Y cuando miraron para la tierra, la estrella no estaba sola. La tierra
estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el
corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre
tiene y Dios no necesita retener es la Esperanza. Dios ya conoce el
futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel
que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe como será
el futuro. Recibe en este momento esta estrella en tu corazón: La
Esperanza.

No dejes que ella huya y no permitas que se aparte. Ten la certeza de
que ella iluminará tu camino, sé siempre positivo y agradece a Dios
todo lo que tienes. Sé siempre feliz y contagia con tu corazón
iluminando a otras personas.


Para vivir en plenitud
Vive cada día en plenitud. Aprovecha al máximo cada hora, cada día y
cada época de tu vida. Así podrás mirar al futuro con confianza y al
pasado sin tristeza. Sé tu mismo. Pero sé lo mejor de ti mismo. Ten
valor para ser diferente y seguir tu propio camino.
Y no tengas miedo de ser feliz. Goza de lo bello. Ama con toda tu alma
y tu corazón. Cree que te aman aquellas personas a quienes tú amas.
Olvídate de lo que hayas hecho por tus amigos y recuerda lo que ellos
hayan hecho por ti. No repares en lo que el mundo te debe, fíjate en
lo que tú le debes al mundo.
Cuando te enfrentes a una decisión, tómala tan sabiamente como te sea
posible. Luego olvídala. El momento de la certeza absoluta nunca
llega. Y sobre todo, recuerda que Dios ayuda a quienes se ayudan a sí
mismos. Obra como si todo dependiera de ti y ora como si todo
dependiera de Dios.


Gracias, Señor
Gracias, Señor, muchas gracias por todos los dones que me entregas.
Gracias por todo lo que vi, escuché y recibí. Por el agua que me lava,
por la ropa que me viste, por el pan que me sustenta. Por la casa, por
los padres, por los hermanos y amigos.
Por los conocimientos, esfuerzos y trabajos. Por el tiempo que me
diste, por la vida que me ofreces, por la bendición de todos los días.
Gracias por estar conmigo, Señor. Gracias porque me escuchas y me
tomas en serio.
Gracias porque recibes mi agradecimiento de hoy. Gracias, Señor,
muchas gracias. Amén.


Pan tostado... quemado!
Después de un largo y duro día de trabajo, mamá puso en la mesa
salchichas y pan tostado muy quemado frente a mi padre. Yo esperaba
que alguien lo señalara, pero aunque mi padre lo notó, sacó un pan
tostado, sonrió a mi madre y me preguntó cómo me había ido en la
escuela. No recuerdo qué contesté, pero aún lo veo untando manteca y
mermelada al pan tostado y comérselo todo. Al levantarme de la mesa,
oí a mi madre pedir disculpas a mi padre por los panes muy quemados.
Nunca olvidaré lo que él le dijo: “Cariño, no te preocupes, a veces me
gustan los panes bien quemados”. Luego fui a dar el beso de las buenas
noches a mi padre y le pregunté si le gustaban de verdad los panes
bien quemados. Él me abrazó y dijo: “Tu mamá tuvo un día muy pesado,
está cansada y además, un pan un poco quemado no le hace daño a
nadie”.
- La vida está llena de cosas imperfectas y de gente imperfecta.
Aprender a aceptar los defectos y decidir aceptar cada una de las
diferencias de los demás, es una de las cosas más importantes para
crear una relación sana y duradera. Un pan tostado quemado no va a
romper un corazón y no tiene por qué romper la armonía en el hogar.


Poder de la oración
La oración es una fuerza tan real como la gravitación terrestre. Hay
médicos que han visto hombres y mujeres desquiciados por todo tipo de
terapias, librarse de su enfermedad y de la melancolía, por el sincero
esfuerzo de la oración. La oración es el único poder del mundo que es
capaz de vencer las llamadas leyes de la naturaleza: a estos
resultados así obtenidos se los llama milagros.
Pero un constante y silencioso milagro acontece, de hora en hora, en
los corazones de hombres y mujeres que han descubierto, con asombro,
que la oración los enriquece con una continua corriente de fortaleza
que los sostiene en sus vidas cotidianas.
Adecuadamente comprendida, la oración es una actividad de personas
maduras, indispensable para el completo desarrollo de la personalidad
y la integración final de todas las más profundas facultades del
hombre. Sólo por la oración podemos alcanzar la completa y armoniosa
unificación del cuerpo, mente y espíritu, que le da a la frágil
constitución humana su fortaleza invencible. (Alexis Carrel).

domingo, 9 de octubre de 2011

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Hoja formativa Nº 118, octubre 2011

Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio

CÓRDOBA - Argentina

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¿A quién salvo?

Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una iglesia de la comunidad. Después que cantaron los himnos, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años. Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el ambón y comenzó a contar esta historia:

"Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon tanto que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres".



Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando: "El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas. Miró en dirección a su hijo y le gritó: ¡Te quiero, hijo mío!, y le tiró la soga al amigo de su hijo. En el tiempo que le tomó al amigo llegar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo".



Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciaría el orador invitado. "El padre" -continuó el anciano- "sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!". Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio.

Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente: "Esa fue una historia bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo". "Tienes toda la razón", le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo: "Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí. A mí también me costaría trabajo creerlo, si no fuera porque el amigo de ese hijo era yo."



Ante la naturaleza

Padre, tú has creado este universo para que me ayude a conocerte mejor y a amarte mejor. Cada rayo de luz, cada flor, cada nuevo paisaje a la vuelta del camino es un mensajero oportuno que me invita, por senderos fáciles, a subir hasta ti. El rocío de la noche y el gallo que canta por la mañana, el viento que murmura al pasar y el pan sobre la mesa, todo me habla de tu bondad.

Pero me falta la atención del corazón para encontrarte en todas las cosas. Consérvame un alma vibrante, entusiasta, un alma joven, que no se canse de leer el poema de la Naturaleza. Ayúdame a encontrar bajo los colores y los sonidos tu pensamiento divino, como el lector encuentra, bajo las letras del libro, el pensamiento del autor.

¡Que la Naturaleza sea para mí un templo grandioso, donde cada detalle me revele tu gloria, tu poder y tu bondad!



Una antigua leyenda

Un niño que estaba por nacer, le dijo a Dios: — Me dicen que me vas a enviar mañana a la Tierra, pero ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?

— Entre muchos ángeles elegí uno para ti, el te cuidará. Tu ángel te cantará y te dirá palabras dulces y tiernas. Y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar. —Y, ¿qué haré cuando quiera hablar contigo?

—Tu ángel te juntará las manitas y te enseñará a orar. — He oído que en la Tierra hay hombres malos ¿quién me defenderá? —Tu ángel te defenderá aun a costa de su propia vida. —Pero estaré siempre triste porque no te veré más, Señor.

—Tu ángel te hablará de mí y te enseñará el camino para que regreses a mi presencia, aunque yo siempre estaré a tu lado. En ese instante, ya se oían voces, y el niño presuroso, repetía angustiado. — Dios mío, si ya me voy, dime ¿cómo se llama mi ángel?

—Su nombre no importa, tú la llamarás “¡mamá!”.



Ejemplo de amor

Cierto día, una gigantesca águila de Escocia arrebató de su madre a un bebé dormido. Enseguida, toda la gente de la aldea se movilizó para ofrecer su ayuda. Pero el águila no tardó en posarse sobre un elevado despeñadero, por lo que todos temieron por la suerte de la criatura.

Un marino intentó ascender, pero se vio obligado a desistir de su empeño. Luego, trató de subir un robusto montañés, acostumbrado a escalar los cerros de la región. Pero su esfuerzo fue en vano. Por fin, se adelantó una humilde campesina, quien fue afirmando sus pies en una saliente tras otra de la roca, hasta llegar a la cumbre del despeñadero. Mientras temblaban los corazones de los observadores, la mujer descendió paso a paso, hasta que, en medio de los gritos de los aldeanos, regresó con el bebé junto a su pecho.



¿Por qué esa mujer tuvo éxito donde el fuerte marino y el experimentado montañés habían fracasado? Porque ella tenía un gran amor hacia la criatura. ¡Era su madre! Su amor maternal la había llevado a arriesgar su vida, con tal de salvar a su pequeño hijo.



Cariño maternal

Ven para acá, me dijo dulcemente

mi madre cierto día,

–aún parece que escucho en el ambiente,

de su voz la celeste melodía–.



Ven y dime qué causas tan extrañas

te arrancan esa lágrima, hijo mío,

que cuelga de tus trémulas pestañas

como gota cuajada de rocío.



Tú tienes una pena y me la ocultas.

¿No sabes que la madre más sencilla

sabe leer en el alma de sus hijos

como tú en la cartilla?



¿Quieres que te adivine lo que sientes?

Ven acá, pilluelo,

que con un par de besos en la frente

disiparé las nubes de tu cielo.



Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije.

Las causas de mis lágrimas ignoro.

pero de vez en cuando

se me oprime el corazón lloro.



Ella inclinó la frente pensativa,

se turbó su pupila,

y enjugando sus ojos y los míos,

me dijo más tranquila:



Llama siempre a tu madre cuando sufras,

que vendrá, muerta o viva,

si está en el mundo, a compartir tus penas

y si no, a consolarte desde arriba. Olegario V. Andrade

jueves, 8 de septiembre de 2011


Hoja formativa Nº 117, septiembre 2011
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


Violines
Tres jóvenes vecinos, Salvatore, Julio y Antonino, vivían y jugaban en
Cremona, Italia, a mediados del siglo XVII. Salvatore tenía una voz
hermosa, y Julio lo acompañaba tocando el violín, mientras tocaban en
las plazas o cantaban serenatas a las prometidas de los novios
ocasionales que recurrían a sus servicios.
Aunque a Antonino le encantaba la música, su voz chirriante hacía que
la gente se burlara de él. No obstante, Antonino no carecía de
talento. Su posesión más valiosa era una navaja de bolsillo, con la
que hacía unas preciosas figuras en trozos de madera. Un día de
fiesta, los tres amigos salieron para la plaza de la catedral.
Mientras caminaban, Antonino reflexionaba respecto a su incapacidad
para cantar. Eso hacía llorar su corazón, porque amaba la música tanto
como los otros.
Una vez en la plaza, Julio tomó el violín, en tanto que Salvatore
cantaba con su potente voz de tenor. La gente se detenía a
escucharlos, y la mayoría dejaba una o dos monedas para los andrajosos
muchachos. Un anciano salió de la multitud, los felicitó y puso una
brillante moneda en la mano de Salvatore.

El muchacho abrió la mano y exclamó: ¡Miren! es una moneda de oro. Los
tres muchachos estaban entusiasmados y se pasaban la moneda entre sí.
— Pero ese anciano muy bien puede permitirse dar limosnas de esa
cantidad –dijo Julio- es el gran Amati. —¿Y quién es Amati?, ¿y por
qué es grande? –preguntó tímidamente Antonino. —Amati es el gran
"promotor de música" –respondió Salvatore– , él fabrica los mejores
violines de Italia, y vive en nuestra ciudad.
Su corazón empezó a latir fuertemente y una idea cruzó por su mente. A
la mañana siguiente, el joven salió de casa llevando consigo su
preciosa navaja y algunas cosas que con ella había hecho: un bello
pájaro, un cofre, una flauta, varias estatuillas y un precioso barco
de madera. Tocó a la puerta del gran maestro, y le dijo: —Traje estas
cosas para que usted las vea, señor –mientras mostraba el producto de
sus manos– ¿seré digno de ser su aprendiz?

El maestro Amati, con cuidado, recogió y examinó cada pieza,
deteniéndose en la exquisitez de los detalles del pequeño barco, e
invitó a Antonino a entrar a su casa. —¿Y por qué quieres hacer
violines? –Inquirió el anciano artista. —Porque amo la música, pero no
puedo cantar, pues mi voz suena como una bisagra que rechina. Ayer
usted dio una moneda a mis amigos, en la plaza de la Catedral. Yo
también quiero hacer que la música tome vida, concluyó Antonino.

En muy poco tiempo se convirtió en discípulo del gran artista. Después
de algunos años no había secreto en la fabricación de un violín, de
sus setenta diferentes partes, que él no conociera. Cuando cumplió 22
años de edad, su maestro le permitió poner su propio nombre en un
violín que había fabricado. Durante su vida Antonino fabricó más de
mil cien de ellos, tratando de hacer cada uno mejor y más bello que el
anterior. Cualquier persona que posea un violín fabricado por Antonino
Stradivarius es dueño de un tesoro, de una obra maestra.

Jóvenes responsables
“Me sorprende cómo celebran nuestros jóvenes la llegada de sus 18
años: se emborrachan, fuman, con grandes fiestas, frecuentan lugares
del todo impropios. Se presentan como adultos en la sociedad,
rompiendo sus leyes.
Cuando un joven aborigen de la tribu Maui de las islas del Pacífico
llega a la mayoría de edad, las cosas son diferentes. Se le somete a
una prueba, para comprobar si es realmente maduro, adulto, y capaz de
llevar una vida responsable, y de formar una familia. El joven tiene
que construir una piragua con sus propias manos y navegar, totalmente
solo, por más de 500 kilómetros de mar abierto, hasta una lejana isla,
de la cual debe traer una flor exótica de vuelta a casa. Debe sortear
todo tipo de peligros”.
La auténtica madurez se consigue cuando asumimos nuestras
limitaciones. Cuando sabemos convivir con las frustraciones producidas
ante acontecimientos insuperables. Cuando nuestras metas y objetivos
se asientan sobre un plano real, relegando nuestras fantasías al campo
de la ensoñación, sabiendo en todo momento que no somos dioses ni
superhombres.

Felices los jóvenes
Que tienen un corazón nuevo: ¡renueven el mundo!
Que tienen ojos limpios: ¡defiendan la pureza!
Que tienen manos fuertes: ¡construyan la justicia y la paz!
Que tienen sed de verdad: ¡búsquenla en Jesucristo!
Que se asoman inquietos a la vida: ¡sea para ustedes guía y maestra!
Que luchan contra la tristeza y el hastío: ¡sean profetas de esperanza!
Que ofrecen su vida: ¡sean constructores del Reino de Dios!
Que son predilectos y amados: ¡difundan amistad y alegría!

¡Ladrones, ladrones!
Siendo muy joven y de porte elegante, antes de que entrara al
convento, san Bernardo iba en cierta ocasión, cabalgando lejos de su
casa con varios amigos. La noche los sorprendió, por lo que buscaron
hospitalidad en una casa.
La dueña los recibió bien, e insistió en que Bernardo, como jefe del
grupo, ocupase una habitación separada. Durante la noche, la mujer se
presentó en la habitación con intenciones deshonestas. Bernardo, en
cuanto se dio cuenta de lo que ocurría, fingió con gran presencia de
ánimo creer que se trataba de un intento de robo, y con toda su fuerza
empezó a gritar: —¡Ladrones, ladrones! La intrusa se alejó
rápidamente.
Al día siguiente, cuando el grupo se marchaba, sus amigos empezaron a
bromear sobre el imaginario ladrón, pero Bernardo, contestó con calma:
—No fue ningún sueño. El ladrón entró sin duda en la habitación, pero
no para robarme el oro y la plata, sino algo de mucho más valor.
Gracias por tu visita!!!