sábado, 5 de febrero de 2011

Compartir Nº 110, febrero 2011
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


¿Zanahorias, huevos o café?
Una hija casada se quejaba con su padre de su vida, y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante, y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Desaparecía un problema y aparecía otro. Su padre, jefe de cocina, la llevó adonde trabajaba. Allí llenó tres ollas con agua, y las colocó sobre el fuego. Pronto, las tres ollas estaban hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra huevos, y en la otra granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó con paciencia, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos, el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en una fuente.
Sacó los huevos y los colocó en otra. Coló el café y lo puso en una pava, Mirando a su hija, le dijo: —Querida, ¿qué ves? —Zanahorias, huevos y café –fue su respuesta. Le pidió luego que tocara las zanahorias. Ella lo hizo, y notó que estaban blandas. Le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió, mientras disfrutaba de su rico aroma. Con curiosidad, la hija preguntó: —¿Qué significa esto, padre? El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo; pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua. —¿Cuál eres tú? –le pregunta a su hija– Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

¿Y cómo eres tú, amigo? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio, o un despido, te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. ¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

Corazón simple y humilde
Me presento ante ti, Padre amado. Quiero ofrecerte con cariño lo que puedo hacer cada día, aunque sea imperfecto. Es tan pequeño al lado de tu infinita gloria y del regalo de tu amistad. Pero sé que te gozas cuando me entrego al servicio de tu Hijo. Tú mereces esta ofrenda de mi trabajo cotidiano. Yo no puedo saber qué valor ha tenido mi tarea. Pero dejo en tus manos los frutos de mi trabajo. Señor mío, dame un corazón humilde y libre, que no esté atado a las vanidades, reconocimientos y aplausos. Dame un corazón simple que sea capaz de darlo todo, pero dejándote a ti la gloria y el honor. Regálame la belleza de un corazón humilde y liberado. Amén. (P. Víctor Fernández).

Un cazador de leones
En cierta ocasión un cazador de bestias feroces, yendo por el desierto, vio al abad san Antonio que bromeaba con los hermanos y se escandalizó de ello. Pero el anciano, queriendo hacerle comprender que conviene ser condescendiente en alguna ocasión con los hermanos, le dice:
“Pon una flecha en tu arco y ténsalo”. Y lo hizo. Le dice: “Ténsalo más”. Y lo hizo. Le dijo una vez más: ”Ténsalo”. El cazador le dijo: “Si lo tenso más se va a romper”. Le dijo el anciano: “Así sucede también con las obras de Dios: si con los hermanos tensamos el arco de manera excesiva, enseguida se rompen. Por eso es necesario ser condescendiente en ocasiones”. Al oír esto, el cazador se sintió presa de arrepentimiento y se marchó muy edificado con ello.

Lo que hizo san Antonio con sus monjes, hazlo contigo. Sé prudente en armonizar el trabajo con el descanso, la vida de estudio y reflexión con la vida social, el cuidado del cuerpo y el del espíritu. Los autores clásicos tenían un proverbio muy sabio: “Nada en exceso”. Que sepas organizar tu día con sabiduría y prudencia.

El ombú
Erguido en la pampa, orgulloso sobre sus enormes raíces, el ombú extendía sus opulentas ramas. En busca de un lugar donde edificar su casa, llegó allí un colono con su familia. ¡Qué árbol hermoso! -exclamó uno de los hijos-; quedémonos aquí, padre mío.
Seducido por el aspecto del árbol gigante, consintió el padre. De una raíz iba a atar con soga larga, para que comiera, el caballo del carrito en el cual venía la familia, cuando vio que allí no crecía el pasto y tuvo que retirar el animal algo lejos del árbol. Mientras tanto, el hijo mayor cortaba unas ramas para prender el fuego y preparar el almuerzo. Pero pronto vieron que con esa leña, sólo se podía hacer humo.
Uno de los muchachos, entonces, para calmar el hambre, se trepó en las ramas altas y quiso comer la fruta del árbol. Se dio cuenta de que aquello no era fruta, ni cosa parecida.
-¡Hermoso árbol! -dijo entonces el padre- para los pintores y poetas. Pero no produce fruta, su leña no sirve, y su sombra no dejaría florecer nuestro humilde jardín. Orgulloso, inútil y egoísta. Es mejor dejarlo solo e irnos a otra parte. (G. Daireaux)

Tu vida es un reflejo
Un hijo y su padre, iban caminando por las montañas. De repente, el hijo se cae, se lastima y grita: ¡Aaah! Para su sorpresa oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña: ¡Aaah! Con curiosidad el niño grita: ¿Quién está ahí? Recibe una respuesta: ¿Quién está ahí? Enojado con la respuesta el niño grita: ¡Cobarde! Y recibe de respuesta: ¡Cobarde! El niño mira a su padre y le pregunta: ¿Qué sucede?
El padre, sonríe y le dice: Hijo mío presta atención. Y entonces el padre grita a la montaña: ¡Te admiro! Y la voz responde: ¡Te admiro! De nuevo, el hombre grita: ¡Eres un campeón! Y la voz le responde: ¡Eres un campeón! El niño estaba asombrado, pero no entendía.
Luego el padre le explica: La gente lo llama eco, pero en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. La vida te devolverá exactamente aquello que tú le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo de ti. Alguien dijo: si no te gusta lo que recibes, revisa muy bien lo que estás dando.

sábado, 1 de enero de 2011

Hoja formativa Nº 109, Enero 2011
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


Una noche tormentosa
Una noche tormentosa, hace muchos años, un hombre mayor y su esposa
llegaron a un pequeño hotel en Filadelfia. Intentando conseguir
resguardo de la copiosa lluvia, la pareja se aproxima al mostrador y
pregunta: —¿Puede darnos una habitación? El empleado, un hombre atento
con una cálida sonrisa, les dijo: —Hay tres convenciones simultáneas
en Filadelfia... Todas las habitaciones de nuestro hotel y de los
otros están ocupadas. El matrimonio se angustió, pues era difícil que
a esa hora y con ese tiempo horroroso fueran a conseguir dónde pasar
la noche. Pero el empleado les dijo:
—Miren, no puedo enviarlos afuera con esta lluvia. Si ustedes aceptan
la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me acomodaré
en un sillón de la oficina. El matrimonio lo rechazó, pero el empleado
insistió de buena gana y finalmente terminaron ocupando su habitación.
A la mañana siguiente al pagar la factura, el hombre pidió hablar con
él y le dijo: —Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio
hotel. Quizás algún día construya un hotel para devolverle el favor
que nos ha hecho.

El recepcionista tomó la frase como un cumplido, y se despidieron
amistosamente. Pasaron dos años y el administrador recibió una carta
de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un pasaje
de ida y vuelta a New York, con la petición expresa de que los
visitara. Con cierta curiosidad, el conserje no desaprovechó esta
oportunidad de visitar gratis New York, y concurrió a la cita.
En esta ocasión, el hombre mayor le llevó a la esquina de la Quinta
Avenida y la calle 34, y señaló con el dedo un imponente edificio de
piedra rojiza, y le dijo: —Este es el hotel que he construido para
usted. El conserje miró anonadado y dijo: —¿Es una broma, verdad?
—Puedo asegurarle que no –le contestó con una sonrisa el hombre mayor.
Y así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria y
contrató a su primer gerente de nombre George C. Boldt (el
recepcionista en la noche lluviosa). Obviamente George C. Boldt no
imaginó que su vida estaba cambiando para siempre cuando hizo aquel
favor para atender al viejo Waldorf Astor en aquella noche tormentosa.

En medio de la naturaleza…
Una vez, el padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un paseo
por el campo con la intención de que su hijo viera cuán pobres eran
las gentes del campo. Estuvieron por espacio de un día y una noche
completos en la casa de una familia campesina muy humilde. Al concluir
el viaje y de regreso a casa el padre le preguntó a su hijo: —¿Qué te
pareció el viaje? —Muy bonito, papá. —¿Viste qué pobre es la gente?
—Sí. —Y ¿qué aprendiste? —Comprobé que nosotros tenemos un perro en
casa, ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una pileta que llega de un
tapial a la mitad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin.
Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen
las estrellas. Nuestro patio llega hasta la tapia de la casa, ellos
tienen todo un horizonte de patio. Al terminar el relato, el padre se
quedó mudo....y su hijo agregó: —¡Gracias, papá, por enseñarme cuáles
son nuestras pobrezas!

Si el pájaro hablara
Niño: tú que algunas veces me persigues, mírame bien. Yo soy el
protector más importante de la agricultura. Yo destruyo por millares
los insectos que constituyen las plagas de las plantas. Yo enseñé al
hombre el arte de la cestería, mostrándole mi nido. Le he sugerido
también la idea de volar corno yo, y ha construido sus aviones. La
inmensa variedad de mis nidos le ha sugerido multitud de ideas. No me
mates para lucirme en tu sombrero o envanecerte de tu puntería. Yo soy
el enemigo de los insectos que destruyen las legumbres, los cereales y
las frutas, que constituyen tus mejores alimentos. No me hagas víctima
de tu deporte de caza. Yo distraigo con mi dulce y armonioso canto tus
horas de fastidio. No destruyas mi nido, que es el sencillo hogar de
mis pequeños hijos. Si eres bueno, como creo, no me tengas preso entre
alambres; no me hagas mal y andaré sin temor más cerca de ti.

Orando junto al mar
Cuando llegan los días calurosos salimos al campo, las sierras y el
mar a buscar, en contacto con la naturaleza, descanso y renovación.
Ahí están los amplios espacios, el aire puro, la presencia de animales
y aves en su propio ambiente. Todo en un clima de paz y silencio. Es
también ocasión para encontrarte con quien hizo el cielo, la tierra y
el mar y cuanto contienen. Bendito seas, Dios mío, por nuestro hermano
el mar, que has hecho azul y agitado de movibles ondulaciones. Por
nuestras hermanas las olas, que has hecho glaucas y coronadas de
espuma blanca. Por nuestro hermano el sol, que arroja a manos llenas
todo su fuego sobre el mar. Por nuestro hermano el cielo, que has
hecho resplandeciente de luces. Bendito seas también, Dios mío, por
nuestro hermano el barco, a quien permites llevarnos entre dos
inmensidades. Y por esta grandeza que no rodea, haznos comprender,
Dios mío, lo pequeño que somos y qud tenemos necesidad de Ti. (Guy de
Larigaudie).

Mensaje de la naturaleza
Por medio de tus sentidos, aprende a conocer mejor y amar la
naturaleza. Acostúmbrate a observar con admiración, interés y
agradecimiento el bosque y los trigos ondulantes. Escucha el murmullo
del arroyo y el canto de la calandria. Siente la frescura de la tierra
recién labrada y el perfume de los prados. Toca delicadamente la rosa
que se entreabre y el fruto que madura... Aguza tus sentidos por la
experiencia y la observación; más adelante tendrás necesidad de ellos,
para cumplir tu misión en la vida. (F. Lelotte).
Para poder comprender lo mucho que Dios nos ama, contemplemos,
extasiados, el sol de cada mañana... Recorramos los jardines, las
flores también nos hablan. ¿Quién pudo darles tanta belleza, de aroma,
color y gala? Sólo el artista divino, nuestro Padre que nos ama. La
naturaleza se expresa y nos habla al corazón para decirnos,
dulcemente, ¡cómo nos ama Dios! Además de darnos la vida, ¡cuánto nos
regaló! (Cecilia Prezioso).

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Hoja formativa Nº 108, Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


El silencio de los abuelos
Dos abuelos. Cuarenta años de convivencia fecunda y fiel. Se conocían
lo suficiente como para darse todavía la sorpresa de un malentendido.
Era justo lo que había sucedido esa mañana. El abuelo era un hombre
jovial y bastante espontáneo. Impetuoso en sus reacciones, solía irse
de boca cuando decía sus verdades. La abuela era más paciente, pero
también de reacciones más lentas. Por eso, aquel cruce de palabras que
la habían ofendido, la llevó a su respuesta habitual: el mutismo.
El recurso del silencio suele ser frecuente en personas que están
obligadas a una convivencia muy cercana. Y estos dos abuelos pasaban
gran parte de la semana solos, porque sus tres hijos casados no vivían
en el mismo pueblo, y los encuentros solían darse sólo los fines de
semana. La discusión se había dado en horas de la mañana. Para la hora
del almuerzo, se comió en silencio. El televisor llenó un poco el
vacío, sin solucionar el problema. El té de la tarde los vio reunirse
dentro del mismo clima. Y llegada la cena, continuaba aún el mutismo
por parte de la abuela.

Al abuelo ya se le había pasado totalmente el mal rato, y quería que
le sucediera lo mismo a su compañera. Pero, evidentemente, ésta era de
reacciones más lentas. Por tanto había que encontrar una manera de
hacerla hablar, sin que ello significara capitulación por ninguna de
las dos partes. Porque el asunto que los había distanciado era una
intrascendencia, y no valía la pena volver sobre ello.
Cuando ya se iban a acostar, al abuelo se le ocurrió una idea: Se
levantó con cara de preocupado, y abriendo uno de los cajones de la
cómoda, se puso a buscar afanosamente en él. Sacaba la ropa y la
tiraba sobre la cama. Luego de haber vaciado ese cajón, lo cerró con
fuerza y se puso a hacer lo mismo con el siguiente. Cuando ya se
decidía a hacer lo mismo con el tercero, la abuela rompió el silencio
y preguntó entre enojada y preocupada: - ¿Se puede saber qué estás
buscando? A lo que contestó su marido con una sonrisa: - ¡Sí! Y ya lo
encontré: ¡Tu maravillosa voz, querida!

Te amo tal como eres
Mi mujer y un grupo de amigas habían iniciado un programa de
autosuperación. Me pidió que le escribiera una lista de seis cosas
que me gustaría que cambiara para ser mejor esposa. Lógicamente, se me
ocurrían muchas cosas que decir (y seguro que ella también tendría
cosas qué decir), pero en lugar de ponerme a escribir, le dije:
—Déjame pensarlo y mañana te daré una respuesta. Al día siguiente me
levanté temprano y llamé a la florería. Encargué seis rosas rojas para
mi mujer y una nota que decía: "No se me ocurren seis cosas que me
gustaría que cambiaras. Te quiero tal como eres". Cuando volví a casa
esa tarde, mi mujer me recibió en la puerta; estaba al borde de las
lágrimas.
No necesito decir que me alegré de no haberla criticado como me había
pedido. El domingo siguiente en la iglesia, después de que ella hubo
informado del resultado de su tarea, varias mujeres del grupo se me
acercaron y me dijeron: —Fue lo más bonito que he escuchado.
Entonces comprendí el poder de aceptarla y amarla tal como es; y así
lo seguiré haciendo, sólo por amor.

Valora lo que tienes
A pesar de que eran ricos, Napoleón y George Washington nunca contaron
con una pastilla para el dolor de cabeza. Simón Bolívar, San Martín y
Pancho Villa jamás pudieron tomar un taxi cuando necesitaban llegar
pronto a algún lugar. Ni Cervantes, ni Dante, ni Shakespeare tuvieron
una máquina de escribir. Los vikingos viajaron sin brújulas y Colón no
pudo llevar alimentos enlatados ni un refrigerador.
Julio César y Carlo Magno jamás comieron una pizza y tampoco
disfrutaron del cine o la televisión. Beethoven no pudo usar
audífonos ni oír su música en un equipo de sonido. Mozart no pudo
grabar sus composiciones. Hipócrates y Galeno no se sirvieron de las
vacunas ni de miles de avances médicos.
Y nosotros hoy nos quejamos de que no tenemos todo lo que queremos, y
de que esta vida es insufrible. Así somos. ¿Por qué seremos así?

No te rindas nunca
La joven maestra leyó la nota adjunta a la hermosa planta de hiedra.
"Gracias a las semillas que usted plantó, algún día seremos como esta
hermosa planta. Le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotras.
Gracias por invertir tiempo en nuestras vidas".
Una amplia sonrisa iluminó el rostro de la maestra, mientras por sus
mejillas corrían lágrimas de alegría. Las chicas a quienes les había
dado clase, se acordaban de agradecer a su maestra. La planta de
hiedra representaba un regalo de amor. Durante meses la maestra regó
fielmente la planta en crecimiento. Pero al cabo de un año, algo
sucedió. Las hojas empezaron a ponerse amarillas y a caerse; todas,
menos una. Pensó en deshacerse de la hiedra, pero decidió seguir
regándola y fertilizándola.
Un día, al pasar por la cocina, la maestra vio que la planta tenía un
brote nuevo. Unos días después, apareció otra hoja, y luego otra más.
En pocos meses, la hiedra estaba otra vez convirtiéndose en una
hermosa planta. Hay pocas alegrías más grandes que la bendición de
invertir fielmente amor y tiempo en las vidas de otras personas.
¡Nunca, nunca te des por vencido con esas plantas!

Navidad: llamado al amor

Si nos amáramos, dialogaríamos, porque el amor
busca intimidad y la comunión con el amado.

Si dialogáramos, nos comprenderíamos, porque
nos escucharíamos hasta ponernos en el lugar del otro.

Si nos comprendiéramos, nos perdonaríamos, porque
al comprender el dolor que causa la ofensa y la culpa,
pediríamos perdón y perdonaríamos.

Si nos perdonáramos, nos reconciliaríamos,
porque el perdón es el puente por donde cruzamos,
sobre el abismo de las ofensas y las culpas que nos separan.

Si nos reconciliáramos, nos amaríamos porque
sólo nos amamos cuando nos amamos como somos,
y eso es perdonarnos y reconciliarnos.

Si nos amáramos, ¡viviríamos tan felices!

lunes, 1 de noviembre de 2010

Hoja formativa Nº 107
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina


Cuando perdemos a Dios
Dijo un discípulo a su maestro: - Maestro, hay días en que mi cruz
parece tan pesada, que llego a pensar que perdí a Dios. Voy a todos
los rincones de la casa en busca de una señal de que él aún está
conmigo. Respondió el maestro:
—No lo buscaste en gavetas, armarios y estantes. Saca de los cajones y
de los armarios toda la ropa y calzado hace tanto tiempo guardados y
que no usas. Saca de las gavetas lozas, vasijas y utensilios que hace
tanto tiempo tampoco utilizas. Saca de los estantes los libros
empolvados, lápices, plumas y papeles. Saca de aquél pequeño armario
todas las muestras gratis de medicinas, que guardas sólo por hábito.
Después, haz paquetes y entrégaselos a aquéllos que dan asistencia a
los pobres, a los niños, a los ancianos y a los enfermos.
Una vez que termines esto, sentirás la agradecida presencia de Dios.
Lo que para ti es inútil y abandonado en la oscuridad, para otros es
manifestación de luz. Cuando los pesados paquetes sean abiertos,
habrás aliviado el peso de tu cruz.

El grillo
Un neoyorkino y su amigo paseaban por el bullicioso sector de Times
Square, en el centro de Manhattan, a la hora del almuerzo. En medio
del infernal ruido producido al mismo tiempo por bocinas, sirenas,
altoparlantes, música a todo volumen y miles de personas hablando
todas juntas, el muchacho dijo: —Estoy oyendo un grillo. —¿Qué? ¡Debes
estar loco! -replicó su amigo-, ¡no es posible que puedas escuchar un
grillo en medio de todo este ruido! Sin decir nada, el muchacho caminó
hacia una maseta con flores que había en la acera, y tras una ligera
búsqueda, extrajo de allí un pequeño grillo.
El amigo, sorprendido, dijo: —Esto es extraordinario, debes tener los
oídos de Superman. —No -respondió el otro-, mis oídos son iguales a
los tuyos. Todo depende de lo que a uno le interese escuchar. Para
demostrar lo que decía, sacó de su bolsillo varias monedas y
discretamente las dejó caer al piso.
El sonido producido por las monedas al tocar el suelo provocó que
varios de los transeúntes voltearan la cara, curiosos por saber a
quién se le había caído el dinero. —¿Ves lo que te digo? -insistió el
neoyorkino-, el sonido del dinero lo escucharon todos, pero el del
grillo no. Todo depende de qué es importante para ti.
Y para ti, ¿qué es importante? ¿Qué quieres escuchar? Algunos dicen
que no pueden oír a Dios porque él nunca nos habla. Pero quizás ellos
no lo pueden ver o escuchar porque ése no es el sonido que quieren
oír. Pueden escuchar la moneda que cae al piso, pero son incapaces de
captar el chirrido del grillo. Dice una canción "no busques a Cristo
en lo alto, ni lo busques en la oscuridad, mucho menos entre la
multitud, pues muy dentro de ti, en tu corazón, puedes adorar a tu
Señor". Dios es esa dulce musiquita que podríamos escuchar dentro de
nuestro ser, pero estamos tan preocupados por las banalidades del
entorno que no la percibimos.

El sistema solar
Una vez se suscitó una fuerte discusión entre dos amigos, uno creyente
en Dios y el otro absolutamente ateo. Después de una larga e inútil
discusión, se separaron muy molestos.
El creyente, con el deseo de convencer a su amigo, construyó en una
habitación de su casa un planetario. Invirtió mucho tiempo y dinero,
para simular el universo en movimiento. Aparecía el sol, los planetas,
música sideral, cometas, etc. Lo realizó con tanta perfección, que al
entrar a esa habitación, uno se sentía flotar en el espacio.
Invitó a visitarlo a su amigo ateo, y cuando éste sorprendido le
preguntó al constructor quién había realizado tan magnífica obra
maestra, el creyente le contestó: —Nadie. Pero el amigo reclamó: —Oye,
¡no soy tonto! Esto lo debe haber hecho alguien, no creo que se haya
hecho solo
El creyente lo llevó afuera al jardín y, como era de noche, le dijo:
—Mira, observa el firmamento, las estrellas, la perfecta armonía de
las fuerzas en movimiento. Sabes, –le dijo finalmente–, toda esta
maravilla nadie la hizo. En ese momento, el ateo comprendió que
existía un poder superior y le respondió: —Tenías razón, perdóname.

Por donde va la corriente
Bajo un sol abrazador, dos africanos descendían por el río Zambeze,
remando en su angosta piragua. Oculto bajo las tranquilas aguas, un
cocodrilo, aguardaba su presa. De repente, la canoa fue sacudida con
violencia. El cocodrilo hundió sus dientes en uno de los remos.
Desequilibrados, los dos remeros cayeron en las profundas aguas.
Al ver la muerte ante sí, trataron de escabullirse. Uno recordó el
consejo de los ancianos: "Si caes en un río invadido por cocodrilos,
nada debajo del agua río arriba, porque el cocodrilo, en busca de su
presa, siempre se deja llevar por la corriente". Después de muchos
esfuerzos, este hombre alcanzó la orilla sano y salvo.
Su compañero eligió la solución más fácil: nadó en el sentido de la
corriente, pero también en el sentido del cocodrilo. Muy cerca de la
ribera, su pierna fue atrapada por la terrible bestia que lo arrastró
al fondo del río.
El peligro está tan presente en un río lleno de cocodrilos como al
seguir las corrientes de la moda de este mundo: la opinión pública,
los placeres dudosos, el amor al dinero, la popularidad... ¿Andas tú
en la dirección correcta, o en el sentido de la corriente? Dios dice:
"Hay caminos que al hombre le parecen rectos; pero al final conducen a
la muerte". (Proverbios 14:12).

¿Para qué buscar a Dios?
¿Para qué buscarte? Me preguntaba. ¿Qué gano con seguirte? Me
cuestionaba. ¿Por qué he de hacer tu voluntad? Me replicaba.
Y hoy, estando solo y con miles de problemas encima, hoy cuando los
que creí mis amigos me han abandonado, hoy cuando más solo me siento,
y atareado me encuentro, vienen a mi mente las respuestas a estas
preguntas, pues en medio de los problemas, sin importar cuánto te he
fallado, tú sigues firme a mi lado.
Y en medio del cansancio siento tus brazos sostenerme. Y entre el
bullicio de cada día y los problemas que me agobian, escucho tu dulce
voz susurrarme al oído: "Calma, estoy contigo". Y ahora me doy cuenta
que todo vale la pena, y que aquellas dudas no eran más que trampas de
mi enemigo para evitar tu consuelo, tu paz, tu compañía.
Gracias, Señor, porque a pesar de todas mis dudas me recibiste como un
buen amigo, y siempre que te cuestionaba, sonriendo me decías:
"Tranquilo, que yo soy el camino".

viernes, 1 de octubre de 2010


Hoja formativa Nº 106, octubre 2010
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio CÓRDOBA

Dos caballos
En la calle de mi casa hay un terreno de pastura. Dos caballos viven allá. De lejos, parecen caballos como los otros caballos, pero cuando se mira bien, se percibe que uno de ellos es ciego. Aún así, el dueño no se deshizo de él y le consiguió un amigo: un caballo más joven. Eso ya es de admirar. Si prestas atención, oirás una campana. Buscando de dónde viene el sonido, verás que hay una pequeña campana en el cuello del caballo menor. Así, el caballo ciego sabe dónde está su compañero y va hasta él. Ambos pasan los días comiendo y al final del día el caballo ciego sigue al compañero hasta el establo. Y tú percibes que el caballo con la campana está siempre mirando si el otro caballo lo acompaña y, algunas veces, se detiene así el otro puede alcanzarlo.

Y el caballo ciego se guía por el sonido de la campana confiando que el otro lo está llevando por el camino cierto. Como el dueño de esos dos caballos, Dios no se deshace de nosotros solo porque no somos perfectos, o porque tenemos problemas o desafíos. El cuida de nosotros y hace que otras personas vengan en nuestro auxilio cuando precisamos. Algunas veces somos el caballo ciego guiado por sonidos de campanas de aquellos que Dios coloca en nuestras vidas. Otras veces, somos el caballo que guía, ayudando a otros a encontrar su camino. Y así son los buenos amigos. Tú no necesitas verlos, pero ellos están allí. Por favor, oye mi campana. Yo oiré la tuya.

La palabra mágica
Cuenta una leyenda que el que acertara decir la palabra mágica, haría reír a la Esfinge del desierto, junto a las pirámides de Egipto, y sería inmensamente rico. Como es de suponer, lo intentaban todos, no lo conseguía nadie. Una noche, unos gitanos dormían bajo las mil estrellas de la noche africana. Habían fracasado en su intento de hacer reír a la Esfinge, pronunciando las más bellas palabras. Inútilmente. Una gitana dormía con su hijito junto a la misma Esfinge. Desde el río Nilo soplaba una brisa fresca. El pequeño tenía frío. Y buscando el abrigo del seno materno dijo: ¡"Madre, madre... tengo frío! Sus palabras fueron cortadas por un ruido estruendoso. La Esfinge había reído y de su boca dejaba escapar un caudal de monedas de oro. El pequeño había acertado con la palabra mágica: ¡Madre!

Por amor a su madre
Cierta noche como el rey Federico el Grande de Prusia no podía dormirse, llamó al guardia para que le trajera un libro. No habiendo recibido respuesta inmediata, se levantó muy molesto para dar un buen reto al soldado. Lo encontró profundamente dormido con la cabeza apoyada en la mesa. Ya iba a gritarle cuando sus ojos se detuvieron sobre una hoja que el joven estaba escribiendo al caer vencido por el sueño. El rey echó un vistazo al escrito. Era una carta que el guardia escribía a su madre, en la que se leía: “Madre, estoy ahora haciendo una guardia extraordinaria, a la puerta de la alcoba del mismo rey. La verdad es que estoy remplazando a un compañero para ganar un poco más de dinero que te enviaré con estos renglones. Pero me siento muy cansado y me está costando mantenerme completamente despierto para cumplir a perfección mi deber…” El rey se sintió tan conmovido que volvió sin hacer el menor ruido a su cuarto y regresó con un puñado de monedas de oro que dejó sobre el papel. Más tarde, aquel guardia llegó a ser un famoso militar, el general Zeithen.

Hermoso homenaje
El rosario es la oración que más agrada a la Virgen. En Lourdes y en Fátima ella misma lo enseñó y recomendó su difusión. Es un dulce coloquio con la Madre celestial para decirle que la amas. Mientras rezas las avemarías reflexiona sobre los episodios de la vida de Jesús y de la Virgen recordados por los misterios: está en ellos toda la historia de nuestra Salvación. Cuando lo veas oportuno, invita a los de tu casa a rezarlo contigo: es el homenaje más hermoso que tu familia puede ofrecer a la Virgen. Lleva siempre contigo el Rosario y cuídalo con devoción. Es el arma más segura para vencer las tentaciones. El Rosario es la oración más poderosa para alcanzar de Dios la conversión de los pecadores, la paz de las familias y del mundo, y el triunfo del Reino de Dios en los corazones.

Cómo arreglar al mundo
Cierto día un niño de cinco años entró en la oficina de su papá, entregado al estudio. Un poco fastidiado, pidió a su hijito que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, pensó en algo que pudiera ocuparlo. En una revista había un mapamundi, justo lo que precisaba. Recortó el mapa en varios pedazos y le dijo: "como te gustan los rompecabezas, aquí tienes un mapa para que lo armes sin ayuda de nadie". No había pasado una hora, cuando el niño lo llamó: "Papá, papá, conseguí terminarlo”. Al principio el padre no creyó a su hijo. Desconfiado fue a verlo y, con gran sorpresa vio que el mapa estaba completo. Todo estaba en su debido lugar. –Pero hijito, ¿cómo lo lograste? -Papá, cuando sacaste el mapa de la revista, vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Di vuelta los recortes y comencé a recomponer al hombre. Cuando conseguí armar al hombre, di vuelta la hoja y vi que había puesto en orden al mundo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Hoja formativa Nº 105, septiembre 2010
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina
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                             Los animales y el hombre
Siendo veterinario, fui llamado para examinar a un perro de 10 años de edad llamado Belker. Los dueños del perro: Carlos, su esposa Lisa y su pequeño José, estaban muy apegados a Belker, y esperaban de mí un milagro. Examiné a Belker y descubrí que estaba muriendo de cáncer. Dije a su familia que no podíamos hacer ya nada por Belker, y me ofrecí para llevar a cabo el procedimiento de eutanasia en su casa. Carlos y Lisa dijeron que sería buena idea que el niño de 6 años, José, observara el suceso, ya que podría aprender algo de la experiencia.
Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. José se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez, y yo me preguntaba si él comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker se quedó dormido pacíficamente para ya no despertar. El pequeño niño pareció aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad o confusión. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos porqué la vida de las mascotas sea más corta que la de los humanos.

José, que escuchaba atentamente, dijo: “Yo sé por qué”. Sorprendidos, todos volvimos la vista hacia él. Lo que dijo a continuación me maravilló: nunca he escuchado una explicación más reconfortante que ésta. Dijo: “La gente viene al mundo para aprender cómo vivir una buena vida --cómo amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas–, ¿verdad?” El niño de 6 años continuó: “Bueno, como los perros ya saben cómo hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros”.
En efecto –pensé– viven sencillamente. Aman generosamente. Quieren profundamente. Se relacionan amablemente. Recuerda, si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como: Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos. Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro éxtasis. Corre, brinca y juega cada día. Mejora tus atenciones con los demás, y deja que la gente te festeje. Evita morder, cuando un simple gruñido sea suficiente. Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y con suavidad hazle sentir que estás allí con él.

Oración del joven
Señor, yo te ofrezco estos cielos nuevos
que me atraen y hacia los que tú me llamas.
A ejemplo tuyo, quiero vivir,
no para ser servido, sino para servir.
Estoy dispuesto a realizar
en el día de mañana el programa de caridad
que trajiste al mundo: “Ámense unos a otros...
Lo que hacen al más pequeño de los míos,
lo hacen conmigo”. Señor, el mundo
está enfermo, porque se ha apartado de ti;
los hombres viven tristes,
porque no te han hallado a ti
que eres la vida, la verdad y la paz.
Señor, ayúdame a darte a conocer mejor,
para que te amen, en cualquier ambiente
en que me coloques el día de mañana.

Comenzar de nuevo
Las grandes industrias Edison, de West Orange, en Nueva Jersey, quedaron casi destruidas en un incendio en 1914. En una sola noche Tomás Edison había perdido dos millones de dólares (de entonces) en equipos y las llamas habían consumido gran parte de los documentos referen-tes a la obra de toda su vida.
Su hijo Carlos corría angustiado buscando al padre. Al fin lo encontró junto al lugar del desastre, el rostro iluminado por el resplandor rojizo de las llamas, con su cabellera blanca flotando al viento invernal. “Me partía el corazón verlo —contaba después Carlos—. Ya no era joven, y todo aquello iba a quedar reducido a cenizas. Al verme me gritó”: —¿Dónde está tu madre? Corre a buscarla y tráela aquí. Jamás volverá a ver un espectáculo semejante.
Al día siguiente, caminando entre los ennegrecidos escombros de tantas de sus ilusiones y esperanzas, Edison, que contaba entonces 67 años de edad, observó: —Los desastres tienen un gran valor: se queman todos nuestros errores. Gracias a Dios podemos comenzar de nuevo.

Tiempo de preparación
Algo muy curioso sucede al bambú japonés. Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable; en realidad no pasa nada durante siete años. Un cultivador inexperto pensará que las semillas eran infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año en un período de tan solo seis semanas la planta de bambú crece hasta treinta metros.
¿Tardó solo seis semanas en crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante esos años de aparente inactividad el bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.
La única diferencia entre el adulto fracasado y el que ha tenido éxito está en la diferencia de sus hábitos. Los buenos hábitos son la clave de todo éxito. Por lo tanto valoriza el tiempo de formación, tiempo de espera fructuosa en que pones la base de tu futuro.

Negocio nuevo en la plaza
Anoche tuve un sueño raro. En la plaza mayor de la ciudad habían abierto un negocio nuevo. El cartel decía: "Regalos de Dios". Entré: un Ángel atendía a los clientes. Yo, asombrado, le pregunté: —¿Qué es lo que vendes, ángel del Señor? —Ofrezco cualquier don de Dios. —¿Cobras muy caro? —No, los dones de Dios son gratis.
Miré los grandes estantes; estaban llenos de ánforas de amor, frascos de fe, bultos de esperanza, cajas de salvación y muchas cosas más. Yo tenía gran necesidad de todas aquellas cosas. Cobré valor y le dije al Ángel: —Dame, por favor, bastante amor a Dios; dame perdón de Dios; un bulto de esperanza, un frasco de fe y una caja de salvación. Mucho me sorprendí cuando observé que el Ángel, de todo lo que yo le había pedido, me había hecho un solo paquete; y el paquete allí estaba en el mostrador, un paquete tan pequeño como el tamaño de mi corazón.
—¿Será posible, esto es todo? —pregunté. El Ángel me explicó: —Es todo, Dios nunca da frutos maduros; él sólo da pequeñas semillas, que cada uno debe cultivar.

domingo, 1 de agosto de 2010


Hoja formativa Nº 104, agosto 2010
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina

Un vaso de leche caliente
Un día, un muchacho pobre que vendía mercancías de puerta en puerta para pagar sus estudios, encontró que sólo le quedaba una simple moneda de diez centavos, y tenía hambre. Decidió que pediría comida en la próxima casa. Sin embargo, sus nervios lo traicionaron cuando una encantadora mujer joven le abrió la puerta. En lugar de comida pidió un vaso de agua. Ella pensó que el joven parecía hambriento, así que le trajo un gran vaso de leche. Él lo bebió despacio, y entonces le preguntó, "¿Cuánto le debo?” "No me debes nada," contestó ella. "Mi madre siempre nos ha enseñado a nunca aceptar pago por una caridad". Él dijo: "Entonces, te lo agradezco de todo corazón."

Cuando Howard Kelly se fue de la casa, no sólo se sintió físicamente más fuerte, si no que también su fe en Dios y en los hombres era más fuerte. Él había estado a punto de rendirse y dejar todo. Años después esa joven mujer enfermó gravemente. Los doctores locales estaban confundidos. Finalmente la enviaron a la gran ciudad, donde llamaron a especialistas para estudiar su rara enfermedad. Se llamó al Dr. Howard Kelly para consultarle.

Cuando oyó el nombre del pueblo de donde ella vino, una extraña luz llenó sus ojos. Inmediatamente subió del vestíbulo del hospital a su cuarto. Vestido con su bata de doctor entró a verla. La reconoció en seguida. Regresó al cuarto de trabajo decidido a hacer lo imposible para salvar su vida. Desde ese día prestó atención especial al caso. Después de una larga lucha, ganó la batalla. El Dr. Kelly pidió a la administración del hospital que le enviaran la factura total de los gastos para aprobarla. Él la revisó y entonces escribió algo en el borde y envió la factura al cuarto de la paciente. Ella temía abrirla, porque sabía que le tomaría el resto de su vida pagar todos los gastos.

Finalmente la abrió, y algo llamo su atención en el borde de la factura. Leyó estas palabras: "Pagado por completo hace muchos años con un vaso de leche caliente”, (firmado) Dr. Howard Kelly. Lágrimas de alegría inundaron sus ojos y llena de felicidad oró así: "Gracias, Dios mío, porque tu amor se ha manifestado en las manos y los corazones humanos”.

Cosecha salvada
En 1864 Don Bosco predicó el triduo de la Asunción en Montemagno, pueblo de tres mil habitantes. Por una prolongada sequía se estaban perdiendo las cosechas. —Si vienen al sermón –dijo el Santo– estos tres días y hacen una buena confesión y comunión general el día de la Asunción, yo les prometo en nombre de la Virgen que una abundante lluvia salvará la cosecha. A la gente le impresionó el sermón, y acudieron al triduo, confesando, mientras los pueblos limítrofes se burlaban.
El día de la Asunción amaneció sin una nube. Comunión general impresionante. Por la tarde se cantaron salmos en tanto que el cielo seguía limpio. Algunos pensaron que no se cumplió la promesa de Don Bosco. —Que empiece el Magníficat –dijo Don Bosco– ¡Fe en la Virgen! Antes de acabar la función religiosa la lluvia repiqueteaba ya en las ventanas y techos; era una lluvia mansa, pero abundante y prolongada, que salvó la cosecha en Montemagno.

Los ejemplos arrastran
“Las palabras mueven, los ejemplos arrastran”, dice el refrán. Estos dichos populares son expresión de esa sabiduría que tiene el aval de la experiencia cotidiana. Son irrefutables. Y es la pura verdad que más que las palabras lo que mueve y conmueve a grandes y pequeños son los ejemplos que vemos. Y tanto para el mal como para el bien. He aquí una anécdota.

—¡Baja de ahí, sinvergüenza, y dime tu nombre! – le gritó el propietario a un niñito que estaba subido en un árbol robándole las manzanas. —¿Para qué quiere saber mi nombre? —Para llamar a tu padre y decírselo. —Pues búsquelo en la copa de aquel manzano...

No puedes escribir con una mano y borrar con la otra. Sólo es posible la educación verdadera con la coherencia total. Por ejemplo, ¿puede un padre o una madre orientar por el camino de la sinceridad a sus hijos, cuando manda responder a quien pregunta por teléfono: “decile que no estoy”?

Como juegan los niños
Hay personas pobres que distribuyen sonrisas. Existen personas que sufren pero nos comunican alegría. Por allí van personas incomprendidas que saben comprendernos. Yo conozco personas que fueron ofendidas y supieron perdonar. Yo conozco todas esas personas… y su secreto es amar.

En un parque, una mujer ve a dos niños peleando. Uno de ellos le dice al otro: —Te odio. No quiero volver a jugar contigo. Durante dos o tres minutos, los niños juegan por su cuenta, y luego reinician el juego uno con el otro. La mujer que observa la escena, le dice a una señora que tejía, sentada a su lado: —¿Cómo hacen los niños eso? ¿Estar furiosos un instante, y un momento después juntos otra vez? —Es fácil. Prefieren la felicidad a la intransigencia, —respondió la vecina.

Vivir el amor cristiano no es fácil… Pero cuando el amor de Dios nos invade podemos “perdonar, soportar y esperar sin límites”. Amigo/a, pasa por el mundo desparramando gotitas de amor.

Vive generosamente
Dios mío, mira mi corazón. Tú sabes que a veces me falta generosidad, sensibilidad frente al mal ajeno, y a veces estoy demasiado pendiente de mí mismo. Otras veces me desanimo porque no recibo elogios o no veo los frutos de mis esfuerzos. Dame un corazón más generoso, para que realmente me interese la felicidad de la gente, para que de verdad me duelan los problemas ajenos, y no solamente los míos. Tómame, Señor, una vez más. Convénceme de que es mejor entregarse generosamente que desgastarse en los lamentos. Utilízame, Dios mío, para derramar tu poder y tu luz en el mundo. Así seré feliz en tu servicio. Amén.

Cada día puedes ser generoso en acciones pequeñas. El corazón se irá abriendo poco a poco, y descubrirás que creces cada vez más en alegría y paz, fortaleza y seguridad. Practicar la generosidad ejercita el corazón: cuanto más se da, más se fortalece. Jesús dijo: “Es más feliz el que da que el que recibe”. Que seas instrumento de la bondad de Dios.
Gracias por tu visita!!!