martes, 10 de julio de 2012

Compartir Nº 127,  julio 2012
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina

El verdadero sentido del amor en las parejas

Un famoso profesor se encontró frente a un grupo de jóvenes que
estaban en contra del matrimonio. Los muchachos argumentaban que el
romanticismo constituye el verdadero sustento de las parejas y que es
preferible acabar con la relación cuando éste se apaga, en lugar de
entrar a la hueca monotonía del matrimonio.

El profesor les dijo que respe­taba su opinión, pero les relató lo
siguiente: "Mis padres vivieron 55 años casados. Una mañana mi mamá
bajaba las escaleras para prepararle a papá el desayuno y sufrió un
infarto. Cayó. Mi padre la alcanzó, la levantó como pudo y casi a
rastras la subió a la camioneta. A toda velocidad, rebasando, sin
respetar los altos, condujo hasta el hospital. Cuando llegó, por
desgracia, ya había fallecido. Durante el sepelio, mi padre no habló,
su mirada estaba perdida. Casi no lloró. Esa noche sus hijos nos
reunimos con él. En un ambiente de dolor y nostalgia recordamos
hermosas anécdotas. Él pidió a mi hermano teólogo que le dijera, dónde
estaría mamá en ese momento.

Mi hermano comenzó a hablar de la vida después de la muerte, conjeturó
cómo y dónde estaría ella. Mi padre escuchaba con gran atención. De
pronto pidió: "llévenme al cementerio". "Papá" respondimos "¡Son las
11 de la noche! ¡No podemos ir al cementerio ahora!" Alzó la voz y con
una mirada vidriosa dijo: "No discutan conmigo por favor, no discutan
con el hombre que acaba de perder a la que fue su esposa por 55 años".

Se produjo un momento de respetuoso silencio. No discutimos más.
Fuimos al cementerio, pedimos permiso al velador y con una linterna
llegamos a la lápida. Mi padre la acarició, lloró y nos dijo a sus
hijos que veíamos la escena conmovidos: "Fueron 55 buenos años...
saben?. Nadie puede hablar del amor verdadero si no tiene idea de lo
que es compartir la vida con una mujer así". Hizo una pausa y se
limpió la cara.

"Ella y yo estuvimos juntos en aquella crisis, cambio de empleo",
continuó: "Hicimos el equipaje cuando vendimos la casa y nos mudamos
de ciudad. Compartimos la alegría de ver a nuestros hijos terminar sus
carreras, lloramos uno al lado del otro la partida de seres queridos,
rezamos juntos en la sala de espera de algunos hospitales, nos
apoyamos en el dolor, nos abrazamos en cada Navidad y perdonamos
nuestros errores..." "Hijos, ahora se ha ido y estoy contento, ¿saben
por qué?, porque se fue antes que yo; no tuvo que vivir la agonía y el
dolor de enterrarme, de quedarse sola después de mi partida. Seré yo
quien pase por eso y le doy gracias a Dios. La amo tanto que no me
hubiera gustado que sufriera..."

Cuando mi padre terminó de hablar, mis hermanos y yo teníamos el
rostro empapado de lágrimas. Lo abrazamos y él nos consoló: "Todo está
bien hijos, podemos irnos a casa; ha sido un buen día". Esa noche
entendí lo que es el verdadero amor. Dista mucho del romanticismo, no
tiene que ver demasiado con el erotismo, más bien se vincula al
trabajo y al cuidado que se profesan dos personas realmente
compro-metidas.

Cuando el profesor terminó de hablar, los jóvenes universitarios no
pudieron debatirle. Ese tipo de amor era algo que no conocían.

El hielo quebrado

Cuentan que en la periferia de una  ciudad Canadiense, en un soleado
día de invierno, dos niños patinaban alegremente sobre una laguna
congelada. Los niños no se habían percatado que en el centro de la
laguna yacía una bandera roja que anunciaba hielo delgado, porque se
había caído sobre el hielo por una ráfaga de viento.
Los niños jugaban alegremente sin preocupación, al no percibir el
peligro que corrían. Cuando de pronto, el hielo se reventó, y uno de
los niños cayó al agua. El otro niño, viendo que su amiguito era
llevado por la ligera corriente unos metros más lejos y se ahogaba
debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus
fuerzas, hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.
Un automovilista que pasaba  dio la alarma, y corrió con una manta a
socorrerlos. Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había
sucedido, se preguntaban: ¿Cómo un niño tan pequeño fue capaz de
romper un hielo tan grueso? En ese instante apareció un anciano, quien
les dijo: - Yo sé cómo lo hizo. No había nadie a su alrededor, para
decirle que era imposible que lo pudiera hacer.
Si quieres hacer algo en la vida, no creas en la palabra  “imposible”.

Vida después de la vida

Una vez un taxista me interrumpió una reflexión sobre la vida que
sigue a esta vida terrenal, diciéndome: “¡Nadie ha venido a contarnos
lo que hay después!”. “Mire, le dije, en la vida de san Juan Bosco hay
un hecho que fue presenciado por un grupo de seminaristas entre los 20
y 30 años y que ha testificado este santo (1815-1888) en sus
memorias”.

Siendo Don Bosco seminarista hizo un trato con su amigo Luis Comollo:
el que muera primero vendrá a avisar si está o no en el Cielo. Al poco
tiempo murió el amigo de Don Bosco. Habían pasado cuatro días del
entierro, y Bosco no podía dormir. Cuando el reloj de la iglesia tocó
las doce, se oyó un rumor sordo que hizo vibrar las paredes, el
pavimento y el techo.
Los seminaristas se despertaron y quedaron mudos. “Yo estaba
petrificado de horror —cuenta Don Bosco—  se abrió violentamente la
puerta del dormitorio; solo se vio un fulgor pálido. Luego un
repentino silencio; la luz brilló más y oí la voz de Comollo, que por
tres veces me dijo: “¡Bosco, Bosco, Bosco! ¡Me he salvado!”.

Oración para caminar en el amor

Señor, muchas veces me entretengo lamentándome por los pecados ajenos
o por las cosas que me hacen los demás. Hoy quiero declararlos
inocentes por todas las cosas que me molestan de ellos. Libérame de
condenarlos y de prejuzgarlos.
Esas personas que me molestan, que me perturban, que me interrumpen,
en el fondo no buscan hacerme daño, sólo me necesitan. O simplemente
expresan sus sufrimientos, sus miedos, sus angustias internas. Las
bendigo y te pido que me liberes de todo lo que me lleva a rechazar a
los demás. Sé que algunas veces tendré que defenderme con astucia para
que no me hagan daño, pero quiero hacerlo sin odio.
Libérame, Señor, para que no alimente la impaciencia y el desprecio.
Te contemplo a ti, Jesús, tan comprensivo con los pecadores, tan
paciente y compasivo con las debilidades de tus discípulos, tan
cercano a todos. Ayúdame a reaccionar como lo harías tú, para que no
me aleje del camino del amor. Amén.  (Víctor Fernández).

Estadísticas que hacen reflexionar

Si pudiésemos reducir la población de la Tierra a una pequeña aldea de
exactamente 100 habitantes, manteniendo las proporciones existentes en
la actualidad, sería algo como esto:
Habría 57 asiáticos, 21 europeos, 14 personas del hemisferio oeste
(tanto norte como sur) y 8 africanos. 52 serían mujeres. 48 hombres.
70 no serian blancos. 30 serian blancos. 70 no cristianos. 30
cristianos. 89 heterosexuales. 11 homosexuales. 6 personas poseerían
el 59% de la riqueza de toda la aldea y los 6 serían norteamericanos.

De las 100 personas, 80 vivirían en condiciones infrahumanas. 70
serian incapaces de leer. 50 sufrirían de mal nutrición. 1 persona
estaría a punto de morir. 1 bebé estaría a punto de nacer. Sólo 1
tendría educación universitaria. En esta aldea habría 1 persona con
computadora. Al analizar nuestro mundo desde esta perspectiva tan
comprimida es cuando se hace más aparente la necesidad de aceptación,
entendimiento, tolerancia y educación.

Otras cuestiones para reflexionar... Si te has levantado esta mañana
con más salud que enfermedad, entonces eres más afortunado que los
millones de personas que no sobrevivirán esta semana. Si nunca has
experimentado los peligros de la guerra, la soledad de estar
encarcelado, la agonía de ser torturado o las punzadas de la
inanición, entonces estás por delante de 500 millones de personas. Si
puedes acudir a la iglesia sin temor a ser humillado, arrestado,
torturado o muerto... entonces eres más afortunado que 3.000 millones
de personas en el mundo.

Si tienes comida en la heladera, ropa en el armario, un techo sobre tu
cabeza y un lugar donde dormir, eres más rico que el 75% de la
población mundial. Si guardas dinero en el banco, en tu cartera y
tienes algunas monedas en el cajón... ya estás entre el 8% más rico de
este mundo. Si tus padres aun viven y están casados... eres una
persona muy rara. Si puedes leer este mensaje, acabas de recibir una
doble bendición: alguien estaba pensando en ti, y más aún, eres mucho
más afortunado que los más de 2.000.000.000 de personas en este mundo
que no pueden leer.

sábado, 9 de junio de 2012

Compartir Nº 126

Dios, ¿aún habla?

Un joven de vida espiritual fue a un grupo de estudio de la Biblia en
la casa de un matrimonio amigo. Esa noche el matrimonio dividió la
reunión entre oír a Dios y obedecer la Palabra del Señor. El joven
estaba interesado en saber si "Dios aun habla con las personas". Al
terminar el estudio de los dos temas, salió para tomar un café con los
amigos y discutieron  un poco más sobre el mensaje de esa noche. Cada
uno comentaba cómo Dios lo había conducido en su vida de maneras tan
diferentes. Eran más o menos las 22 horas cuando el joven se despidió
de sus amigos y se dirigió a su casa. Sentado en su automóvil,
suplicó: "¡Dios! Si aún hablas con las personas, habla conmigo, yo te
escucharé. Haré todo para obedecerte".

Mientras conducía por la avenida principal de la ciudad, tuvo un
pensamiento muy extraño, como si una voz hablase dentro  de su cabeza:
"Para y compra un litro de leche". Él movió su cabeza y dijo en alto:
"Dios, ¿eres tú, Señor?". No obtuvo respuesta y continuó hacia su
casa. Sin embargo, de nuevo surgió el pensamiento: "Compra un litro de
leche". El joven pensó en Samuel y como él no reconoció la voz de
Dios, pero dijo: "¡Muy bien, Dios! En caso de ser el Señor, voy a
comprar la leche". Esto no parece ser una prueba de obediencia muy
difícil."

Total, él podría también usar la leche. Así que paró, compró la leche
y reinició su camino a casa. Cuando pasaba por la séptima avenida,
nuevamente sintió un pedido: "Gira en aquella calle". Esto es una
locura, pensó, y pasó de largo el giro. Otra vez sintió que debería
haber girado en la séptima avenida. En el siguiente retorno, él giró y
se dirigió por la séptima avenida. Medio bromeando, dijo en voz alta:
"Muy bien, Dios, lo haré". Siguió avanzando por algunas cuadras.
cuando de pronto sintió que debía parar. Se detuvo y miró a su
alrededor.

Era un área mixta comercial y residencial. No era la mejor área, pero
tampoco la peor de la vecindad. Los negocios estaban cerrados y la
mayoría de las casas estaban a oscuras, como si las personas ya se
hubiesen ido a dormir, excepto una del otro lado de la calle que
estaba cerca. De nuevo sintió algo: "Ve y dale la leche a las personas
que están en aquella casa del otro lado de la calle". El joven miró la
casa, entreabrió la puerta del coche, y dijo: "Señor, esto es una
locura. ¿Cómo puedo ir a una casa extraña en medio de la noche?".

Una vez más, sintió que debería ir a dar la leche. Finalmente, salió
añadiendo: "Muy bien, Dios, si eres el Señor, iré y entregaré la leche
a aquellas personas. Si el Señor quiere que yo parezca un idiota, muy
bien, yo quiero ser obediente. Pienso que esto va a contar para algo;
sin embargo, si ellos no responden enseguida, me iré en el mismo
acto".

Atravesó la calle y tocó el timbre, Pudo oír un barullo viniendo desde
dentro, parecido al llanto de una criatura. La voz de un hombre sonó
alto: "¿Quién está ahí? ¿Qué quiere?". La puerta se abrió antes de que
el joven pudiese huir. De pie, estaba un hombre vestido de jeans y
camiseta. Tenía un olor extraño y no parecía feliz de ver a un
desconocido de pie en su puerta. "¿Qué pasa?". El joven le entregó la
botella de leche. "Compré esto para ustedes".

El hombre tomó la leche y corrió adentro hablando alto. Después, una
mujer pasó por el corredor cargando la leche en dirección a la cocina.
El hombre seguía sosteniendo en brazos una criatura que lloraba.
Lágrimas corrían por el rostro del hombre y luego comenzó a hablar,
medio sollozando: "Nosotros oramos. Teníamos muchas cuentas que pagar
este mes y nuestro dinero se había acabado. No teníamos más leche para
nuestro bebé. Apenas recé le pedí a Dios que me mostrase una manera de
conseguir leche". Su esposa gritó desde la cocina: "Pedí a Dios que me
mandara un ángel con un poco... ¿Ud. es un ángel?”.

El joven tomó su billetera y sacó todo el dinero que había en ella y
lo colocó en las manos del hombre. Se dio media vuelta y se fue a su
vehículo, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Él
experimentó que Dios todavía responde los pedidos justos y verdaderos.

 “Vengan a mí”

Postrado a tus pies, oh Jesús mío, considerando las inefables muestras
de amor que me has dado y las sublimes lecciones que me enseña de
continuo tu adorable corazón, te pido humildemente la gracia de
conocerte, amarte y servirte como fiel discípulo tuyo. Mira que soy
muy pobre, buen Jesús, y necesito de tu generosidad. Mira que soy muy
rudo, soberano maestro, y necesito de tus divinas enseñanzas para luz
y guía de mi ignorancia. Mira que soy muy débil y necesito apoyarme en
ti para no desfallecer.
Sé todo para mí, Sagrado Corazón: socorro de mi miseria, lumbre de mis
ojos, orientación de mis pasos, remedio de mis males, auxilio en toda
necesidad. Tú me alentaste cuando con tiernas palabras dijiste
repetidas veces en el Evangelio: “Vengan a mí, aprendan de mí, pidan,
llamen”. A las puertas de tu corazón vengo ahora y llamo y pido y
espero. Te hago formal y decidida entrega de mi corazón, tómalo y dame
en cambio lo que sabes que ha de ser para mi bien aquí en la tierra y
para mi dicha eterna en el cielo. Amén.

En el día del padre

El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja
granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su
cortadora eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y
ahora su antiguo camión se negaba a arrancar. Mientras lo llevaba a su
casa, se sentó en silencio. Una vez que llegamos, me invitó a conocer
a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo frente a
un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación. Su
bronceada cara estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños
hijos y le dio un beso a su esposa. Después me acompañó hasta el auto.
Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca
de lo que lo había visto hacer un rato antes.
"Oh, ese es mi árbol de problemas", contestó. "Sé que yo no puedo
evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los
problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así
que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa.
Luego en la mañana los recojo otra vez". "Lo divertido es", dijo
sonriendo, "que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos
como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

Sé lo mejor de ti mismo
Vive cada día en plenitud. Aprovecha al máximo cada hora, cada día y
cada época de tu vida. Así podrás mirar al futuro con confianza y al
pasado sin tristeza. Sé tu mismo. Pero sé lo mejor de ti mismo. Ten
valor de ser diferente y seguir tu propio camino. Y no tengas miedo de
ser feliz. Goza de lo bello.
Ama con toda tu alma y corazón. Cree que te aman aquellas personas a
quienes tú amas. Olvídate de lo que hayas hecho por tus amigos y
recuerda lo que ellos hicieron por ti. No repares lo que el mundo te
debe y fíjate lo que tú le debes al mundo. Cuando te enfrentes a una
decisión, tómala tan sabiamente como sea posible. Luego olvídala. El
momento de la certeza absoluta nunca llega.
Y sobre todo, recuerda que Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos.
Obra como si todo dependiera de ti y reza como si todo dependiera de
Dios.

Un hijo de buen corazón

Un famoso artista inglés encontró una delicada solución para un
problema familiar que lo tenía apesadumbrado. Vivía el escultor con su
padre que, en otro tiempo, había sido apreciado como buen tallista.
Todavía el anciano pasaba sus días dedicado a sus obras de arte, pero
no eran pocas las noches en que, al irse a descansar, se lamentaba de
haber perdido su antigua habilidad por los achaques de la vejez.
Con el deseo de animar al anciano en su tristeza, el artista decidió
bajar sigilosamente todas las noches a dar unos retoques a la
escultura de su padre. En efecto, bastaban unas pocas correcciones,
para darle nueva brillantez al trabajo.
Cuando por la mañana el anciano volvía a su labor, la contemplación de
la escultura lo animaba de tal manera que exclamaba: — ¡En verdad no
está del todo mal, se puede todavía sacar algo muy hermoso!

jueves, 10 de mayo de 2012

Compartir Nº 125  Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
Córdoba - Argentina


Las tres pipas

Una vez, un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para
informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. ¡Quería ir inmediatamente y matarlo sin
piedad! El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a
hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo, llenara su pipa de
tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.
El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.
Tardó una hora en terminar la pipa. Luego, sacudió las cenizas y
decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado
mejor, que era excesivo matar a su enemigo, pero que sí le daría una
paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa. Nuevamente,
el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que, ya que
había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla
al mismo lugar. También esta vez el hombre cumplió su encargo y pasó
media hora meditando.

Después, regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba
excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en
cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como
siempre, fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle
que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.
El hombre, medio molesto, pero ya mucho más sereno, se dirigió al
árbol centenario, y allí sentado, fue convirtiendo en humo su tabaco y
su encono. Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo
mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi
agresor para darle un abrazo. Así recuperaré un amigo que seguramente
se arrepentirá de lo que ha hecho". El jefe le regaló dos cargas de
tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: -
"Eso es precisamente lo que tenía que pedirte, pero no podía decírtelo
yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo".

Oración a Jesús crucificado
Mírame, oh mi amado y buen Jesús, postrado en tu presencia; te ruego
con el mayor fervor imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe,
esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito
firmísimo de jamás ofenderte; mientras que yo, con todo el amor y con
toda la compasión de mi alma, voy contemplando tus cinco llagas,
comenzando por aquello que dijo de ti el santo profeta David: “Han
taladrado mis  manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.

El globo negro

Un niño negro contemplaba extasiado al vendedor de globos en la feria
del pueblo. El pueblo era pequeño y el vendedor había llegado pocos
días atrás, por lo tanto no era una persona conocida. En pocos días la
gente se dio cuenta de que era un excelente vendedor ya que usaba una
técnica muy singular que lograba captar la atención de niños y
grandes. En un momento soltó un globo rojo y toda la gente,
especialmente los potenciales, pequeños clientes, miraron como el
globo remontaba vuelo hacia el cielo. Luego soltó un globo azul,
después uno verde, después uno amarillo, uno blanco... Todos ellos
remontaron vuelo al igual que el globo rojo...
El niño negro, sin embargo, miraba fijamente sin desviar su atención,
un globo negro que aún sostenía el vendedor en su mano. Finalmente
decidió acercarse y le preguntó al vendedor: “Señor, si soltara usted
el globo negro, ¿subiría tan alto como los demás?” El vendedor sonrió
comprensivamente al niño, soltó el cordel con que tenía sujeto el
globo negro y, mientras éste se elevaba hacia lo alto, dijo: “No es el
color lo que hace subir, hijo. Es lo que hay adentro”.

El barquero y el filósofo
Estaba Nasruddín trabajando de barquero cuando se le acercó un
filósofo pedante para que lo cruzara al otro lado del ancho río.
Una vez en la barca y para mostrar a Nasruddin sus conocimientos y su
“superioridad”, el intelectual ostentoso le preguntó: —¿Has estudiado
alguna vez metafísica?
— No, respondió el barquero. Ni siquiera sé qué significa esa palabra.
— ¡Pues has perdido la mitad de tu vida! Le dijo el filósofo.
Después de un rato y cuando estaban en medio del ancho río, empezó a
caer un verdadero diluvio y Nasruddín le preguntó al filósofo
presumido:
—¿Sabe usted nadar?
— No, le dijo aquel.
— Pues entonces ha perdido usted toda su vida, ¡nos estamos hundiendo!

El pequeño clavo

Se construyó una nueva Iglesia y de todas partes acudía gente para
admirarla. Pasaban horas admirando su belleza. Arriba, en lo alto, en
las maderas del tejado, había un pequeño clavo testigo de todo lo que
ocurría. Oía cómo alababan cada detalle de tan encantadora estructura.
Pero nadie lo mencionaba a él. Ni siquiera sabían que estaba allí, y
se sintió irritado y lleno de envidia. ¡Si soy tan insignificante,
nadie echará de menos mi falta!
Entonces el clavo decidió dejar de hacer presión sobre la madera y se
fue deslizando hasta caer al suelo. Aquella noche llovió mucho. Donde
faltaba el clavo, el tejado comenzó a ceder, separándose las tejas. El
agua corrió por las paredes y los bonitos murales. El yeso comenzó a
caerse, la alfombra se manchó y el Misal quedó arruinado por el agua.
Todo esto porque un pequeño clavo desistió de su trabajo. ¿Y el clavo?
Al asegurar las maderas del tejado, pasaba desapercibido, pero era
útil. Ahora, enterrado en el barro, olvidado e inútil, acabó carcomido
por el óxido.

lunes, 9 de abril de 2012

Compartir Nº124, abril 2012


Grave accidente de moto

Me llamaron para visitar a un joven en su casa. Era un caso distinto a
todos los demás. Se llama... no importa el nombre, pero sí es
importante su historia. No es la historia de todos pero sí la de
muchos jóvenes. No es fácil mirar al futuro teniendo 23 años y una
columna vertebral partida en cien pedazos, como consecuencia de un
grave accidente.

No podía salir de su casa, y por ello decidí visitarlo. Su hogar era
una casa espaciosa, con un bien cuidado jardín a la entrada. La luz
entraba tenue por entre las cortinas que, entreabiertas, daban la
visión de otro jardín enorme, con árboles y flores, con piscina, y una
cancha de tenis bien cuidada. El silencio que allí reinaba era
sepulcral. Nadie hablaba. En medio de la sala, un joven fortachón,
pelo largo, ojos apagados, sentado en una silla de ruedas, me miró e
intentó sonreír, pero no pudo.

"Pablo... -me dijo- ¿para qué mi colegio, mi universidad, mis inicios
de postgrado en Inglaterra? ¿Para qué mis clases de fútbol, de
ajedrez?... Nunca me preparé para caerme de una moto y quedar
inválido. Mis padres decían: Tenemos un hijo que va a ser nuestro
orgullo. Tú, -decía mi padre- serás el continuador de mi imperio, y
serás temido entre mis competidores, porque yo te estoy preparando
para ser un triunfador...

Tenía todo... me faltaba una moto, también la tuve. La mejor: 750
cilindradas. ¡Una bala! Tuve la moto, y con ella lo creí tener todo...
pero nunca tuve a Dios. No lo necesitaba. No estaba en mis planes, ni
en los planes de mis padres. Nuestra ruta era la del triunfo, y Dios
no estaba en nuestro camino.

Un día, había llovido toda la noche. La ruta estaba mojada. Yo quise
arriesgar y vivir al límite de mis posibilidades, pero... la moto rodó
por el asfalto, y me golpeé contra el suelo. Mi columna se partió en
cien pedazos. Meses de hospital, recuperaciones, futuro incierto.
Nunca me prepararon para esto. Se olvidaron de mí, y me olvidé de mi
alma. Díselo tú a la gente. A mí no me van a creer. Simplemente
descríbeme, y mi imagen es la más clara necesidad de Dios.

“Para ser un triunfador en la vida, hay que empezar, seguir y terminar
en Dios. Sólo así, con un espíritu fortalecido en la fe, podrás
sentirte un hombre triunfador. Uno hace una casa para construir un
hogar, y así, cuando llueva, tener dónde resguardarnos. Uno no tiene a
Dios en su alma para cuando sufras un accidente, o te dé cáncer, o te
despidan del trabajo... No. Tienes a Dios para ser feliz, El te
resguardará del peligro y, si te pasa algo, Él te dará consuelo. ¡Dios
te bendice!”

 Experto en el problema

Una vez iba un hombre en su automóvil por una larga y muy solitaria
carretera, cuando de pronto su auto comenzó a detenerse hasta quedar
estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar qué era lo que
tenía. Pensaba que pronto podría encontrar la falla del auto pues
hacía muchos años que lo conducía, sin embargo después de un largo
rato se dio cuenta de que no encontraba el problema del motor.
En ese momento apareció otro auto, del cual bajó un hombre a ofrecerle
ayuda. El dueño del primer auto dijo: - Mira, éste es mi auto de toda
la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú sin ser
el dueño puedas hacer algo. El otro hombre insistió con una cierta
sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:
- Bueno, haz el intento pero dudo mucho que puedas lograrlo. El
segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos pudo detectar
la falla que tenía el auto y lo hizo arrancar. El primer hombre quedó
atónito y preguntó: -¿Cómo pudiste ponerlo en marcha tan rápido? El
segundo hombre contestó: - Verás, mi nombre es Félix Wankel....yo
inventé el motor rotatorio que tiene tu coche.
Cuando no puedas resolver alguno de esos problemas difíciles de la
vida, pídele orientación y ayuda al que te conoce por haberte creado:
Dios.

¿Qué ves?

Cierto día, hace muchísimos años, un comerciante rico y avaro, acudió
a un sabio sacerdote en busca de orientación. Éste lo llevó ante una
ventana y le dijo:
—Mira a través de este vidrio y dime: ¿qué ves?
—Gente -contestó el rico comerciante.
 —Mírate en este espejo. ¿Qué ves ahora?
—Me veo a mí mismo -le contestó al instante el avaro-.
—He ahí, hermano, -le dijo entonces el santo varón- en la ventana hay
un vidrio y en el espejo también. Pero ocurre que el vidrio del espejo
está cubierto con un poquito de plata, y en cuanto hay un poco de
plata de por medio, dejamos de ver a los demás y sólo nos vemos a
nosotros mismos.

Hombres de paz

En New London, una ciudad pequeña de Conneticut, se dispuso una semana
de moratoria de las armas: los ciudadanos fueron invitados por el
alcalde a entregar las armas que poseían, con la promesa de que no
serían interrogados por la policía, ni se despediría nombres ni otros
datos.
El único que se presentó hasta el momento de esta nota a la central de
policía como respuesta al llamamiento fue Robert Allen, de cuatro
años. Con expresión extremadamente seria, Robert entregó a un agente
dos pistolas metálicas, un revolver de plástico y un fusil-radio del
“servicio secreto”.
Robert al entregar sus armas expresó: —Entrego mis armas porque no
deseo matar a nadie.
Robert Allen fue acompañado a la policía por una dama, su madre, quien
expresó: —La idea fue de él, y me obligó a acompañarlo.
Jesús dijo: —Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro
muere (Mateo 26, 52).

Rosarito de la Divina Misericordia

El mismo Jesús enseñó esta “coronilla” o pequeño rosario a santa
Faustina Kowalska. Se reza especialmente para pedir la conversión de
los pecadores, pero con ella puedes implorar cualquier otra gracia al
Señor.
Se comienza rezando un padrenuestro, avemaría y credo. Luego, con un
rosario, en las cuentas correspondientes al padrenuestro se reza esta
invocación: “Padre eterno, te ofrezco el cuerpo y la sangre, el alma y
la divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, en
expiación de nuestros pecados y los del mundo entero”. Y en las
cuentas del avemaría: “Por su dolorosa pasión ten misericordia de
nosotros y del mundo entero”. Al final de las cincuenta invocaciones,
se dirá por tres veces: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten
piedad de nosotros y del mundo entero”.
“A quienes recen este Rosario me complazco en darles los que me piden.
¡Oh qué gracias más grandes concederé a las almas que recen este
Rosario. Las entrañas de mi misericordia se enternecen por los que
rezan este Rosario. Quienquiera que lo rece recibirá gran misericordia
a la hora de la muerte. Los sacerdotes se lo recomendarán a los
pecadores como la última tabla de salvación. Hasta el pecador más
empedernido, si reza este Rosario una sola vez, recibirá la gracia de
mi misericordia infinita. Deseo que el mundo enero conozca mi
misericordia.”  Palabras de Jesús a Santa Faustina Kowalska.

jueves, 1 de marzo de 2012

Compartir Nº 123, marzo 2012

La niña y las perlas
Emi era una linda niña de cinco años de ojos relucientes. Un día
mientras ella con su mamá visitaban un supermercado, la pequeña vio un
collar de perlas de plástico que costaba $ 5,50. ¡Cuánto deseaba
poseerlo! Preguntó a su madre si se lo compraría, y su mamá le dijo:
“Hagamos un trato: yo te compro el collar, y al volver a casa, hacemos
una lista de tareas que puedes realizar para pagarlo, ¿está bien?” Emi
estuvo de acuerdo, y su mamá le compró el collar de perlas. La niña
trabajaba con empeño todos los días y cumplía sus tareas.

En poco tiempo canceló su deuda. ¡Emi amaba sus perlas! Las llevaba
puestas a todas partes: al colegio, a la cama y cuando salía con su
mamá. Tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando Emi iba a su
cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle un cuento. Una
noche, al terminar el relato, le dijo: “Emi, ¿me quieres?’, “Oh, sí,
papá”. “Entonces, regálame tus perlas”, le pidió. “iOh, papá! Mis
perlas, no”, dijo Emi. “Pero te doy a Betty, mi muñeca favorita. ¿La
recuerdas?, me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños, ¿está
bien, papá?”, “Oh, no, hijita. Pero no importa”, le dijo dándole un
beso en la mejilla. “Buenas noches, pequeña”.

Una semana después, de nuevo su papá le preguntó al terminar el
cuento: “Emi, ¿tú me quieres?”, “Oh, sí, papá”, le dijo ella.
“Entonces regálame tus perlas”. “iOh, papá!, mis perlas; no. Pero te
doy a mi caballo de juguete, su pelo es tan suave y tú puedes jugar
con él y hacerle trencitas”. “Oh, no, hijita, está bien,” le dijo su
papá besándola en la mejilla. “Felices sueños”. Algunos días después,
cuando el papá de Emi entró a su dormitorio para leerle un cuento, Emi
estaba sentada en la cama y le temblaban los labios, “Toma papá” le
dijo, y estiró su mano. La abrió y allí estaba su querido collar, que
entregó a su padre.

Con una mano él tomó las perlas de plástico y con la otra extrajo de
su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la cajita había
unas hermosas perlas genuinas. El las había tenido todo este tiempo, a
la espera de que Emi renunciara a la baratija, para poder darle algo
de valor. También nuestro Padre Celestial aguarda que renunciemos a
esas cosas sin valor en nuestras vidas, para darnos preciosos tesoros.
¿No es bueno el Señor? Y pienso en esas cosas a las cuales me aferro,
y me pregunto: ¿qué quiere darme Dios en su lugar?

Desacelera el ritmo
Desacelera el ritmo de tu corazón silenciando tu mente. Resuelve sólo
una cosa por vez. Rompe la tensión de tus nervios y músculos con la
dulce música de los arroyos que viven en tu memoria. Vive intensamente
la paz del sueño.
Aprende a tomar vacaciones de un minuto, al detenerte a mirar una
flor, al conversar con un amigo, al contemplar un amanecer o al leer
algunas líneas de un buen libro. Recuerda que una vida más intensa no
quiere decir una vida más rápida. Mira las ramas del roble que florece
y comprende que creció grande y fuerte porque creció despacio y bien.
Ten calma, desacelera el paso y echa tus raíces en la buena tierra de
lo que realmente vale, para así crecer hacia las estrellas. Cada
mañana, al despertar, pide a Dios que te dé serenidad y fortaleza para
enfrentar las luchas cotidianas.
El padre nuestro de Dios
Hijo mío que estás en la tierra, preocupado, solitario, tentado. Yo
conozco perfectamente tu nombre, y lo pronuncio como santificándolo,
porque te amo. No, no estas sólo, sino, habitado por mí, y juntos
construimos este reino del que tú vas a ser el heredero.
Me gusta que hagas mi voluntad, porque mi voluntad es que tú seas
feliz. Ya que la gloria de Dios es el hombre viviente. Cuenta siempre
conmigo y tendrás el pan para hoy, no te preocupes, sólo te pido que
sepas compartirlo con tus hermanos. Sabes que te perdono todas tus
ofensas antes incluso de que las cometas.
Por eso te pido que hagas lo mismo con los que a ti te ofenden. Para
que nunca caigas en la tentación, tómate fuerte de mi mano y yo te
libraré del mal, pobre y querido hijo mío. José Luis Martín Descalzo.

No te rindas nunca
La joven maestra leyó la nota adjunta a la hermosa planta de hiedra.
"Gracias a las semillas que usted plantó, algún día seremos como esta
hermosa planta. Le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotras.
Gracias por invertir tiempo en nuestras vidas". Una amplia sonrisa
iluminó el rostro de la maestra, mientras por sus mejillas corrían
lágrimas de alegría. Las chicas a quienes les había dado clase, se
acordaban de agradecer a su maestra.
La planta de hiedra representaba un regalo de amor. Durante meses la
maestra regó fielmente la planta en crecimiento. Pero al cabo de un
año, algo sucedió. Las hojas empezaron a ponerse amarillas y a caerse;
todas, menos una. Pensó en deshacerse de la hiedra, pero decidió
seguir regándola y fertilizándola. Un día, al pasar por la cocina, la
maestra vio que la planta tenía un brote nuevo.
Unos días después, apareció otra hoja, y luego otra más. En pocos
meses, la hiedra estaba otra vez convirtiéndose en una hermosa planta.
Hay pocas alegrías más grandes que la bendición de invertir fielmente
amor y tiempo en las vidas de otras personas. ¡Nunca, nunca te des por
vencido con esas plantas!

Las siete maravillas del mundo
Una vez cierto maestro pidió a sus alumnos que escribieran una lista
de las 7 maravillas del mundo. Más tarde pidió que cada uno leyera su
lista. A pesar de algunos desacuerdos, la mayoría votó por lo
siguiente: 1. Las Pirámides de Egipto; 2. El Taj Mahal; 3. El Canal de
Panamá; 4. El Empire State; 5. La Basílica de San Pedro; 6. La Muralla
China

El maestro buscaba consenso para la séptima maravilla, cuando notó que
una estudiante permanecía callada y no había entregado aún su lista,
así que le preguntó si tenía problemas para hacer su elección. La
muchacha tímidamente respondió: —Si, un poco, no puedo decidirme, pues
son tantas las maravillas... El maestro le dijo: —Dinos lo que has
escrito, tal vez podamos ayudarte. La muchacha, titubeó un poco y
finalmente leyó: —Creo que las siete maravillas del mundo son: 1.
Poder pensar; 2. Poder hablar; 3. Poder actuar; 4. Poder escuchar; 5.
Poder servir; 6. Poder rezar; Y la más importante de todas... poder
amar

Después de leído esto, el salón quedó en absoluto silencio... Es muy
sencillo para nosotros poder ver las obras del hombre y referirnos a
ellas como maravillas, cuando a veces pasan desapercibidas las
maravillas que Dios hace en nosotros con su gracia y que cada uno debe
desarrollar. ¡Tú has sido creado por Dios para ser una maravilla!

jueves, 2 de febrero de 2012

La Presentación del Señor. (F).

El Evangelio nos recuerda hoy dos rituales de la antigua tradición de Israel. Uno es la presentación del primogénito en el Templo de Jerusalén. El otro ritual es el que obligaba a la madre, a los cuarenta días del parto, a realizar un sacrificio de purificación. Jesús pertenece a este pueblo y a esta tradición, y su familia cumplió estas tradiciones y todo lo que estipulaba la Ley. Esos ritos fueron ocasión para manifestar la salvación que llegaba al mundo como luz. En este día, encendemos velas (candelas) y en algunos lugares se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Candelaria.

PRIMERA LECTURA

Mal 3, 1-4

Lectura de la profecía de Malaquías.

Así habla el Señor Dios: Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el ángel de la Alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. Él se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia. La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.

Palabra de Dios.



Comentario

El profeta anuncia que las ofrendas y los sacrificios hechos en el Templo serán recibidos favorablemente por Dios. Con Jesús, nos presentamos en el Templo no para llevar "cosas" sino para poner delante de Dios nuestra propia vida y ofrecérsela con amor.



SALMO

Sal 23, 7-10

R. El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! R.

¿Y quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor, el fuerte, el poderoso, el Señor poderoso en los combates. R.

¡Puertas, levanten sus dinteles, levántense, puertas eternas, para que entre el Rey de la gloria! R.

¿Y quién es ese Rey de la gloria? El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos. R.



SEGUNDA LECTURA

Heb 2, 14-18

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos: Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, Jesús también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte. Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo. Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.

Palabra de Dios.



Comentario

Jesús se asemejó en todo a sus hermanos. Como era un bebé judío, fue llevado al Templo como todos los bebés. Toda la vida de Jesús fue ofrendada al Padre, no sólo este momento ritual. Así será también nuestra vida, una ofrenda permanente.



EVANGELIO

Lc 2, 22-40

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación de ellos, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: "Todo varón primogénito será consagrado al Señor". También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Compartir Nº 122, febrero 2012
Parroquia S. J. Bosco y S. D. Savio
CÓRDOBA - Argentina

El mercader y la bolsa
Cierto día, un mercader ambulante iba caminando hacia un pueblo. Por
el camino encontró una bolsa con 800 dólares. El mercader decidió
buscar a la persona que había perdido el dinero para entregárselo,
pues pensó que el dinero pertenecía a alguien que llevaba su misma
ruta. Cuando llegó a la ciudad, fue a visitar a un amigo.

—¿Sabes quién ha perdido una gran cantidad de dinero?- le preguntó a
éste. —Sí, sí. Lo perdió Juan, nuestro vecino, que vive en la casa de
enfrente. El mercader fue a la casa indicada y devolvió la bolsa. Juan
era una persona avara, y apenas terminó de contar el dinero gritó:
—¡Faltan 100 dólares! Esa era la cantidad de dinero que yo iba a dar
como recompensa. ¿Cómo lo has tomado sin mi permiso? Vete de una vez.
Ya no tienes nada que hacer aquí. El honrado mercader se sintió
indignado por la falta de agradecimiento. No quiso pasar por ladrón y
fue a ver al juez.

El avaro fue llamado a la corte de justicia. Insistió ante el Juez que
la bolsa contenía 900 dólares. El mercader aseguraba que eran 800. El
juez, que tenía fama de sabio y honrado, no tardó en decidir el caso.
Le preguntó al avaro: —Tú dices que la bolsa contenía 900 dólares
¿verdad? —Sí, señor, respondió Juan. —Tú dices que la bolsa contenía
800 dólares, le preguntó el juez al mercader. —Sí, señor.

—Pues bien, dijo el juez, considero que ambos son personas honradas e
incapaces de mentir. Tú, porque has devuelto la bolsa con el dinero,
pudiéndote quedar con ella. Juan, porque lo conozco desde hace tiempo.
Esta bolsa de dinero no es la de Juan; aquella contenía 900 dólares.
Esta sólo tiene 800. Así pues, quédate tú con ella, hasta que
aparezca su dueño. Y tú, Juan, espera que alguien te devuelva la tuya.

Vivir, ¿un juego de naipes?
La vida pareciera convertirse a veces para algunos en un juego de
naipes, donde la carta que triunfa es el as. Para no pocos el mayor de
todos es el as de oro, para otros el de espada, para algunos el de
basto, y no faltan algunos que eligen el de copas.

As de oro para los que ponen sus esfuerzos en almacenar riquezas a
toda costa sin reparar en miramientos de conciencia. As de oro con el
que piensan ganar todas las partidas, hasta la de la felicidad. As de
espadas para quienes todo lo quieren conseguir con la fuerza, sea de
armas, sea de leyes políticas o sindicales. As de bastos para quienes
pretenden arreglar el mundo a garrotazos, con violencia, secuestros,
guerras y crímenes. As de copas para los despreocupados, que tratan de
ahogar en diversiones los problemas cotidianos, o el vacío que sienten
en su interior.
¿Será eso la vida? ¿Un juego de naipes?

Oración del anochecer
Ya el sol del firmamento se retira,
mas tu fuego, Señor, alumbra siempre;
en nuestros anhelantes corazones,
derrama, ¡oh Trinidad!, tu amor perenne.

Contentos te servimos en el día
y fervientes ahora suplicamos
asocies nuestras almas y canciones
al coro de tus ángeles y santos.

La gloria y alabanza sempiterna
tributamos al Padre y a su Hijo,
y a ti, Divino Espíritu de entrambos
damos gloria por siglos infinitos. Amén

Cambio de domicilio
La pequeña, bien perfumada y orgullosa anciana de 78 años, con su
cabello arreglado a la moda y el maquillaje aplicado a la perfección,
se muda hoy a un asilo. Lo que motivó la mudanza fue la muerte
reciente de su esposo a los 80.

Después de muchas horas de esperar con paciencia en el recibidor del
nuevo asilo, sonrió con dulzura, cuando se le dijo que su cuarto
estaba listo. Mientras se desplazaba en andador hacia el ascensor, le
describieron con lujo de detalles su pequeño cuarto, incluyendo las
cortinas que colgaban de la ventana.

"Me encanta", afirmó, con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le
acaban de entregar una nueva mascota. "Sra. Jones, no ha visto el
cuarto, espere". "Eso no importa", respondió. La felicidad es una
decisión que hago cada mañana, cuando me levanto. Puedo elegir: pasar
el día en la cama, repasando las dificultades por las partes de mi
cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las
que sí funcionan". "Cada día es un regalo, y mientras se abran mis
ojos pensaré en el nuevo día y en los recuerdos felices que alegran mi
vida”.

Carrera de sapos
Érase una vez una carrera de sapos en el país de los sapos. El
objetivo consistía en llegar a lo alto de una gran torre que se
encontraba en aquel lugar. Todo estaba preparado y una gran multitud
se reunió para vibrar y gritar por todos los participantes. En su
momento se dio la salida y todos los sapos comenzaron a saltar.
Pero como la multitud no creía que nadie llegara a la cima de aquella
torre pues ciertamente, era muy alta, todo lo que se escuchaba era:
“no lo van a conseguir”, “qué lástima, está muy alto, es muy difícil,
no lo van a conseguir”. Así la mayoría de los sapitos empezaron a
desistir.

Pero había uno que persistía, pese a todo, y continuaba subiendo en
busca de la cima. La multitud continuaba gritando: “es muy difícil, no
lo van a conseguir”, y todos los sapitos se estaban dando por
vencidos, excepto uno que seguía y seguía tranquilo cada vez con más
fuerza. Finalmente fue el único que llegó a la cima con todo su
esfuerzo.
Cuando fue proclamado vencedor muchos fueron a hablar con él y a
preguntarle como había conseguido llegar al final y alcanzar semejante
proeza. Cual sería le sorpresa de todos los presentes al darse cuenta
que este sapito era sordo.
Sé siempre sordo cuando alguien duda de tus sueños.
Gracias por tu visita!!!